lunes, 30 de agosto de 2010

DESIDIA


Desidia
La Frase todavía resonaba en su cabeza, no eran las diez de la mañana y ya quería hundirse en un sueño profundo, anestesiante ...¿cómo lograría llegar al final del día?.
“No podés culparme por no querer estar con vos”.
Un amanecer más, el reloj los sacó casi violentamente de sus propios mundos, ¿era desencanto o pesar lo que vio reflejado en los ojos de él cuándo automáticamente se volvió a mirarla?.
“No podés culparme por no querer estar con vos”        
Murmuraron algún saludo, se desperezaron, ella fue al baño, después él, puso el agua a hervir, todo el ritual, él ya estaba listo, ella saldría después, si es que lo hacía.
_Te dormiste temprano, pensé que estabas leyendo_ su tono era casi impaciente mientras batía el café para echarle luego la leche.
_hmm_ ni la miró, ni continuó el diálogo, sólo se concentró en las medialunas y el noticiero de la mañana.
_Te abracé pero no te diste cuenta_ insistió mientras le alcanzaba la tasa humeante en la fría y oscura mañana de invierno.
Suspiró, y al descuido le preguntó si no tendría que despertar a los chicos, el transporte estaría por pasar de un momento a otro.
_Hay plenaria, no van a clases hoy, van a dormir como troncos hasta después del mediodía_
Cuándo él llevaba su taza a la pileta, luego de cepillarse los dientes y buscar sus carpetas, ella lo tomó delicadamente de atrás y se demoró en un beso.
El le respondió un tanto inquieto y le recomendó que no se olvide de hacer autorizar las órdenes de RX del mayor, de comprar algo para la cena porque si bien siempre lo hacía él, hoy tenía dos reuniones largas y que si podía fuera a pagar los impuestos ella esta vez porque a la mañana no iba poder salir.
Obviamente ella explotó como hacía días que intentaba hacerlo, recriminándole, que no le prestaba atención, que sólo se reía cuándo estaba con amigos, que no conversaba sino que se escapaba frente a la tele o dentro de algún libro, que hacía meses que entre ellos no pasaba nada de nada y no porque ella estuviera cansada.
Solamente la miró e intentó encontrar algo de la persona que lo había enamorado lo suficiente como para decidir casarse cuando la mayoría ya lo había hecho hacía tiempo.
Ni siquiera había un dejo de ella en el fondo de sus pupilas.
El aburrimiento, dejadez y abandono no sólo se reflejaban en ese camisón informe que la acompañaría hasta bien entrada la mañana, sino en el rictus de su rostro, demacrado, desconforme, en las medias enrolladas a los tobillos y las pantuflas de hombre.
_No podés culparme por no querer estar con vos_ había tristeza en el atractivo rostro de él, la mirada divertida y brillante se volvía opaca y desilusionada cuando se posaba sobre ella.
_Ah, no? Y a quién querés que culpe si mi marido sos vos?. No sos normal, yo debería estar cansada, no vos, yo me ocupo de la casa y de los chicos y vos sos el que se duerme, si estuviéramos reunidos con tu amigo y la mujer te quedarías hasta la madrugada charlando y conmigo te desmayás!!!!.
Sabiendo que iba a ser imposible razonar con ella y no queriendo que sus amados hijos sufrieran una vez más esas encarnizadas batallas verbales tomó su campera y salió despacio.
Como siempre ella lloró, se conmiseró de sí misma, se repitió una y mil veces lo injusto que era él, ella no tenía ganas de vivir de punta en blanco como sus “compañeritas” de trabajo, tampoco le gustaba andar de acá para allá, buscando excusas para salir, aparte sus amigas estaban en otra, ella lo único que quería era que estuvieran los cuatro juntos y nada más, que él se portara como otros maridos que mientras charlaban abrazaban a sus mujeres, que la buscara más seguido, que se riera y conversara
La frase no la abandonaba, veía todo como en una nebulosa…qué largo iba a ser el día y ni pensar en tener fuerzas y voluntad para hacer lo que él le había encargado.
Si ya estaba cambiado y en la calle ¿por qué no lo hacía él? ¿Cómo esperaba que ella con semejante discusión tuviera voluntad de salir?.
La chica de  en frente  pasó caminando junto al gran ventanal que daba a la calle, aún en invierno su piel estaba dorada, el cabello largo y brillante la hacía parecer menor de lo que era y siempre tenía una sonrisa para ofrecer aunque su casa siempre estaba llena de chicos, gritos, música,  idas y venidas y era más que evidente que el marido, mucho menor que ella, parecía embobado.
Intentó calcular cuántas veces habían sostenido esa discusión y no pudo, esta vez él fue tajante, le reconoció que no quería estar con ella, la miró como si ella con su aspecto lo alejara…y con su aburrimiento…y con sus quejas… ¿en que momento cambió tanto?
Por qué dio por sentado que si él la quería su aspecto cómodo y casi dejado no tenía importancia?
Trató de ser justa e imaginarse si ella sentiría deseos por él si, cada vez que volviera a casa, lo encontrara en pijamas( ya que para la hora en que él regresaba ella ya estaba bañada y “cómoda” otra vez), con gesto acusador esperando que entrara para desatar toda la serie de “injusticias” que le habían hecho vivir los chicos, las renegadas con las tareas, y dejando en claro que le pasaba el mando para que se ocupe de la comida y de mandarlos a dormir porque “había descansado de ellos todo el día”
Podía entenderlo, pero no estaba dentro de ella ser distinta, ni siquiera se sentía motivada para mejorar su desaliñado aspecto personal, dejar los uniformes descoloridos y eternos de estar adentro, ¿por qué depilarse las piernas en invierno? ¿Quién la ve?.
Por supuesto que si no sentía necesidad de sacudirse hasta que los dientes le sonaran y reaccionar por ella misma, menos lo iba a hacer por él, simplemente y casi por decreto debía aceptarla y valorar lo buena persona que era y punto…así como comían y dormían de vez en cuando debían tener intimidad y listo, porque no estaban con otros debían estar entre ellos.
Las doce del medio día, el sol que entraba del patio le lastimaba los ojos.
El sábado tenían un cumpleaños, no iba a discutir más así por lo menos iban de buen humor, ella sí o sí se iba a tener que arreglar un poco…quién sabe a lo mejor él después la buscaba en la cama y ella se sentiría mejor y tal vez al otro día se vistiera en lugar de quedarse en camisón, irían a dar una vuelta con los chicos y él tomaría unos
mates…charlaría, la miraría.

Patricia, febrero de 2009

5 comentarios:

  1. Wuaw, que misera se torna la vida cotidiana, que pena me dio el personaje tan dejado, esa mujer que deja de serlo para convertirse en la sombra de la mujer que lo enamoro. Otra vez el tiempo presente y la perdida del amor propio y del reflejo de lo que significa dar y recibir, el desgaste del deseo y del amor en torno a una rutina. Donde queda la exaltación por el amor, el deseo por sentir eternamente. Me gusto, es como un sueño de algo que hubiera no querido experimentar. No se si se entiende. Odio la rutina. NO hay que llevar el tiempo pasado en los hombros, mas bien vivir el presente sin cargas ni angustias. El amor es de a dos, empatisando con la pareja, así complementar la vida a diario.

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  2. Convengamos que hay veces que nos gusta estar "cómodas", lo que no significa abandonarse, para nada, al contrario, dentro de esa comodidad, debemos buscar el encanto de una prenda de años si ahora nos queda un poco más corta... y además, por suerte no es mi caso, el mío es el de andar todo el día, a la fuerza arreglada un poco al menos...
    Susy

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  3. yo creo que el abandono desalienta, sea femenino o masculino.
    muchas veces las personas se preocupan por kilos de màs o de menos, creo que cuando uno desea a otro, desea tomarlo, poseerlo, disfrutarlo, en realidad se refiere a su esencia, a la persona que le acelera los latidos.
    y una persona dejaba, aburrida y abandonada no puede acelerarle el pulso a nadie..

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  4. El cuento me gusto mucho , refleja lo que sucede en muchos matrimonios , el aburrimiento o falta de motivación se instala en este y cuando nos damos cuenta , a veces resulta difícil volver a tiempos en que la alegría era una constante ...veo muchas mujeres que después de casarse , tener hijos , piensan que su tarea esta cumplida , y se dejan estar , ( lo note en mujeres ) la vida se torna rutinaria , y trasladan a su familia ese hartazgo ...llegando finalmente a la ruptura total . En este caso que nos cuentas ella provoca esa separación ...
    Depende de cada uno de los miembros del matrimonio , que la felicidad no se pierda , evitar que la rutina , desidia se instalen ....

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