domingo, 25 de marzo de 2018

JARDÍN SOMBRÍO


Jardín Sombrío
Recorrió el parque tan familiar con la mirada.
Un jardín amplio que abarcaba toda la esquina de una gran avenida frente a la costa de la ciudad.
Los muros oscuros se alzaban a casi cincuenta metros de las rejas del frente.
Las ventanas angostas, de vidrios esmerilados en rombos  de la planta superior, desdibujaban el paisaje… y a quienes se encontraran en él.
Las de la planta baja permanecían casi siempre con las persianas de hierro cerradas a las miradas indiscretas de los transeúntes.
Las altas puertas de madera se veían coronadas por las tejas españolas que hacían el medio hexágono que protegía al porche y zaguán de entrada.
Al costado de la gran casona había un pequeño y oscuro pasillo que continuaba a todo lo largo de la propiedad hasta desembocar en el patio de atrás también con añejas plantas en macetones más viejos aun, la pequeña fuente, los árboles frutales y la relativamente nueva cochera con espacio para dos vehículos.
Jamás hicieron la piscina tantas veces planeada.
Cuando se construyó no se estilaba y después su abuela no había querido sacrificar ninguno de sus árboles ni el césped verde, fresco, luminoso del jardín trasero.
Ella estaba con la frente apoyada contra una de las contraventanas observando el ir y venir de los caminantes domingueros, la laguna brillaba como si tuviese hilos de plata por el sol intenso del mediodía.
El jardín, tan querido, con tantos recuerdos de sus hermanos y primos jugando a la escondida, al fuerte, a la guerra, a las princesas, a la casita, eligiendo algunos de los bancos de madera y hierro o las escalinatas para emular un hogar repleto de muñecos y juegos de cocinita.
Le parecía estar viéndose a sí misma en otros tiempos corriendo al sol, buscando. acostada panza arriba, dibujos en los rayos solares al colarse entre el follaje de los añosos árboles que circundaban el lugar, asistiendo a su propia coronación con el vestido de 15 de su tía, la menor de todas, bajando las escaleras con la mirada en alto y su mano posada apenas sobre la de su primo que hacía las veces de príncipe consorte.
Fueron días luminosos, donde el invierno no era tan frio en las siestas soleadas del querido lugar, ni los veranos tan calurosos con los
improvisados pic nics a la sombra de los frondosos arbustos y  la brisa de la laguna en esos atardeceres soñados.
Ahora todos eran grandes, cada uno había emigrado hacia sus propios nidos lejos de la ciudad, anque del país también.
La casa mantenía algo del encanto antiguo, pero en algunas habitaciones poco ventiladas, el empapelado de seda que en otro tiempo fuera de “decoración”, ahora pendía en jirones, la plata de candelabros y cubertería hacía tiempo que no se pulía, los cristales de las innumerables copas estaban casi opacos…. Y el sol ya no entraba a raudales en el largo comedor familiar.
Pero lo que más le estrujaba el corazón era ese maravilloso jardín, ahora casi completamente en sombras, umbrío.
Las grandes raíces de los árboles que se hallaban junto a las rejas habían levantado el césped, surcándolo de un entramado alocado de venas de  troncos que se iban uniendo y enredando unas con otras.
Las copas altas, gigantescas también formaban una gran sombrilla natural donde el sol solo entraba en contados resquicios.
No había flores.
No había un abuelo que podara las rosas del frente, ni regara al atardecer, tampoco los hijos, adultos con sus propias crías, que se unían para armar las antorchas que más allá de agregar encanto, mantenían alejados a los mosquitos.
Solo quedaba ella, que fue cerrando habitaciones a medida que iban partiendo los moradores o visitantes.
El gran caserón necesitaba innumerables reparaciones y los impuestos eran tremendos.
Cada uno de los descendientes tenía sus propios gastos y viviendas que sostener.
Había llegado el momento de ponerla discretamente en venta.
Con todo lo que eso implicaba.
Sus primos le habían dado el poder para que operara, ella comunicaría las ofertas y entre todos “via on line” decidirían.
Cada uno le daría un destino diferente al fruto de la venta, nadie tenía espacio para una habitación “emocional” donde poner los antiguos y queridos objetos, igualmente cada uno podía llevarse lo que quisiera antes del remate que buscavidas y advenedizos compradores de historias ajenas esperaban impacientes.
Ella compraría un nuevo hogar….o al menos, intentaría que lo fuera.
Era hora de soltar.
Compraría muebles modernos, sin olor a moho ni comidos por las polillas ávidas de madera antigua.
Probablemente un coqueto y luminoso departamento por la zona…pondría flores de colores en algún diminuto patio o balcón, cortinas de voile blanco que se agiten con la brisa nocturna, paredes blancas impolutas, luces frías y algunas más cálidas también en los rincones especiales.
Ese sería su proyecto.
Su motor para hacer de tripas corazón cada vez que los extraños invadieran sus muros queridos buscando deterioros o rajaduras para mermar el valor de la propiedad.
Estaba cansada, había llegado el momento de un cambio, ya no era la nena mimada de una gran familia con su propio Castillo, era casi una “solterona” si las épocas fueran otras, había que poner movimiento a su vida, resolver, abandonar ese jardín sombrío que poco tenía que ver con el de su infancia.
Suspiró, se alejó de la ventana y se dirigió a la vieja cocina a prepararse un bocado para comer, lo llevaría al patio de atrás, junto a la fuente que ya no emanaba grandes chorros luminosos de agua,  y comenzaría una lista de prioridades a conversar con los agentes inmobiliarios a primera hora del día siguiente, les encargaría que vayan buscando algo para ella de acuerdo a sus gustos y nuevas necesidades.
Era la que se había quedado hasta el final….nadie puso en tela de juicio de que era lo mínimo que merecía.
Era un buen domingo después de todo…. Eso que hacía rato de que no era su día predilecto de la semana,
Se acercaron unos pajaritos a comer de sus migas… sonrió, tenía compañía para almorzar.


Patricia Figura, marzo de 2018

jueves, 15 de marzo de 2018

Y ahora? Qué hago?


Y ahora? Qué hago?
Sentada frente al estar vacío miraba en derredor
Solo los ambientes reformados de lo que fuera la casa familiar de sus padres algnos pocos muebles y enseres más quedaban en el lugar.
Querido lugar.
Su infancia.
Su adolescencia….el tapial del frente donde se sentara a conversar con su primer novio a la salida del colegio.
Siempre le gustaron los chicos “de moda”, los que gustaban a las demás y ella podía tener de alguna manera.
Luego de años de novia con otro pícaro encantador, amigo de los negocios, dinero abundante, finanzas oscuras, buen trato y simpatía de vendedor, llegó el momento de casarse y tener hijos.
Sus padres le cedieron el que fuera su hogar, ellos deseaban algo más chico y de una sola planta.
No era poca cosa.
A él le brillaron los ojos, buena zona, posibilidades de mejoras edilicias, venido de arriba, poco importaba a nombre de quién estuviera la propiedad….mientras la dueña siguiera viendo por sus ojos, todo marcharía bien.
La princesa necesitaba una carroza acorde al momento….un pequeño crédito, fácil de pagar.
Había que ganar espacio para una buena cochera y quincho….”apenas te das cuenta y los chicos ya comienzan a traer a los amigos”, ella estuvo de acuerdo, era fácil contagiarse de sus proyectos, era no solo persuasivo sino muy convincente.
Daban un lindo espectáculo recibiendo en la casa.
No eran demasiado versados en ningún tema en particular, sólo comerciantes con respaldo, algo de deporte daba buen tono y algunas relaciones sociales.
Que a decir verdad a ella mucho no le interesaban.
Tenía sus amigas que vivían la misma onda familia de foto, eso sí, no había que rascar mucho bajo la superficie para que aparecieran los lamparones descascarando la imagen
Pero quién no los tiene? Qué familia sale impoluta en ese aspecto?
Ellos no, ciertamente.
Las cosas tomaron giros angustiantes.
No había dinero. Había deudas. Muchas. Importantes.
Mantener el status quo era casi utópico,
Los chicos adolescentes con continuas demandas tal y como estaban acostumbrados a vivir.
Las vacaciones fuera de la ciudad eran absolutamente necesarias si se quería encarar un año con algo de fuerzas y pilas nuevas.
Las cuotas del colegio y de la universidad eran astronómicas pero el estudio es lo menos que le pueden legar a un hijo…o no???.
Estatal?  El jovencito poco dado al estudio iba a tardar mil años en recibirse y la nena…. Ni pensar un secundario en escuela pública, eso es de otra época, cuando no era terreno de falopas.
Y así las excusas y los prejuicios los fueron hundiendo.
Remaban pero en sentido contrario a la orilla.
Era un continuo ir y venir de discusiones, cédulas, abogados, inhibiciones, embargos.
Caótico.
Hasta que por fin (digo por fin porque  las decisiones que no se toman por iniciativa propia las termina tomando la vida, el destino, el azar, la Divina Providencia o en quién se quiera creer) todo detonó y la pelota no se pudo seguir pateando fuera de la cancha.
Los acreedores con sus oficiales de justicia fueron tomando “lo que era suyo”….él seguía insistiendo en sus buenas intenciones para con la familia.
Ella ya no quería oírlo.
Quería que desapareciera.
De golpe no soportaba su presencia.
No quería oír su voz.
Su perfume le cerraba la garganta.
Los chicos querían que soluciones TODO para poder continuar con su vida tal y como la habían conocido.
Qué vida? Tal era la negación? No veían lo que estaba pasando? No se daban cuenta de que la casa estaba casi literalmente “pelada”?
Miraba por el gran ventanal que daba al patio, la pequeña piscina donde se hacían las reuniones de verano, el mini gym en el quincho, las reposeras en madera haciendo juego  con el deck…en cualquier momento volaban también.
Las plantas curiosamente sin flores.
Así se sentía ella.
O en todo caso, si algo quedaba florecido era muy en su interior.
Por fuera se sentía marchita.
Era como si un tsunami acabara de pasar, ya no tenía a su familia tal y como la conociera desde siempre, sus hijos estaban ofuscados, molestos, pasaban facturas permanentemente, él pretendía aferrarse una vez más a ella como si fuese un salvavidas.
Ella más que nunca lo sentía como un adoquín atado con una soga que la hundía a las oscuras profundidades oceánicas.
Cortó la cuerda.
No era como las ratas que huyen cuando el barco se va a pique…era subsistencia.
Ya no le creía más.
Muchas mentiras. Engaños y dejarse engañar también. No iba a ser injusta en eso.
Suspiró y miró la hora en el celular.
“llegando” le decía un wsapp.
Una vez más la mano venia de sus padres, cuando la vieron determinada y absolutamente convencida de que el rumbo debía cambiar sí o sí, nuevamente ofrecían una ayuda, mínima, como para que pueda salir adelante con los chicos, comprar algunos muebles, actualizar algunas facturas de servicios y escolaridad, ella debía redoblar apuestas en su trabajo, salir de la zona de confort, bajar de ese nivel imposible e irreal de sostener frente a semejante situación.
Esbozó una sonrisa…lo peor es la nebulosa, no saber, la incertidumbre, pero aunque un tanto desolador, el panorama era bastante claro.
Ahora, casi al final de los cuarenta, debía revertir en muchos aspectos, dar prioridad a lo que realmente haría una diferencia, sus hijos deberían aprender a barajar y dar de nuevo, elegir lo que realmente era importante para ellos, todo no era posible….seleccionar y sopesar, equivocarse…pero con responsabilidad y asumiendo riesgos.
Sonrió, otro wsapp….” Qué tal?, tanto tiempo sin saber de vos!”
 Se dispuso a contestar, pero lo pensó mejor, lo dejaría para más tarde, para el silencio de su alcoba, después de la charla con sus padres y de la cena con los chicos.
Se iba a premiar con un rato on line con quien fuera ese novio apenas adolescente recientemente encontrado por un grupo de ex alumnos.
Corrió la cortina del ventanal, estaba cayendo la tarde….no le disgustaba del todo tener tanto espacio libre en el estar.
Tal vez no fuera necesario atiborrarlo nuevamente de cosas.
Basta de acumular.
Solo lo necesario….para vivir cómoda…. tranquila y en paz


Patricia Figura, marzo de 2018












domingo, 11 de marzo de 2018

DICHOSAS...LAS CINCO.


DICHOSAS….LAS CINCO.

Daba saltos de alegría en su particular, hermosa y desvencijada, en algunos rincones, propiedad.
Era la mejor propuesta por whatsapp que le habían hecho en largo tiempo.
La mesa chica de su grupo de secundaria, con la que se reunían casi semanalmente para compartir meriendas, cenas o alguna cervecita proponía una estadía corta en el vecino país esteño.
Una ponía el depto. a muy bajo costo por ser el de amigos que así se lo ofrecían por unos días al final del verano, otra su camioneta y los gastos eran dividido cinco….era lo mejor en medio de una sucesión de trabas financieras y legales que le tocaba atravesar en el momento.
Quedó convenida fecha, faltaban casi dos meses, pero era algo bueno para esperar y mientras tanto se divertirían haciendo planes como en la adolescencia que las unió alguna vez y que la madurez volvió a elegir.
Ella cuando supo que el plan realmente estaba en marcha, lo compartió solo con sus afectos más íntimos, los que sabían lo que representaba la vuelta a ese lugar donde había disfrutado en familia la última vez.
Habían pasado dos décadas de eso, pero aún sentía el olor del mar, su espuma densa, el suelo de arena, piedras y caracoles, escuchaba la risa de sus hijos que durante un mes al año vivían la increíble sensación de tener un familia sólida, donde el padre no se ausentaba misteriosamente, ponía excusas para desaparecer repentinamente o se mantenía ocupado con negocios que lo alejaban del hogar.
Ella y quien fuera su esposo habían sido una de las parejas más bellas de la ciudad donde residían, ambos eran inteligentes (para algunas cosas, como todos), modernos, activos, divertidos, audaces y contar con su presencia en determinados eventos o reuniones era… lo más.
Enero en Punta era la tradición familiar, durante un mes festejaban cumpleaños de alguno de sus hijos, de amigos, tomaban mate en la playa, recorrían, eran habitués de la famosa avenida del lugar, andaban en moto, jet ski, coches de alta gama siempre importados, bronceados, hermosos y con la bella prole a cuesta, cuando ellos llegaban recién los demás comenzaban a brillar bajo la luz que ellos emanaban.
Febrero era otra cuestión…la magia terminaba.
Hasta que ya no hubo más eneros en el este…pero eso ya es parte de otra cuestión, que no es exclusivamente la de este cuento, no tan cuento.
Y ahora iba a volver.
Sola.
Es decir, ya no con todo su círculo afectivo.
Ella ya no era la misma de entonces, muchas vendas se habían caído, las que debían caer y las que no también, por momentos sentía heridas expuestas y en otros se sentía invencible.
En el momento previo a partir se encontraba eufórica, impaciente, podía oler la costa a kilómetros de distancia, las cinco cotorreaban planes sin parar, no les iba a dar el breve tiempo para todo lo que cada una quería darse el gusto de hacer.
Estaban a escasos metros de la playa, no una de las más nombradas, pero la geografía era la misma, más allá de las variaciones propias de bordear un sitio.
Se dispusieron los dormitorios compartidos.
Se dispusieron los horarios de baños (más importantes aún que los lechos).
Se dispusieron los horarios de las comidas (para poder organizar el día)
Se dispusieron las visitas que deseaban hacer sí o sí en la corta estadía.
Se dispusieron las idas al súper. (demasiadas “ensaladitas y listo hace mal a algunos intestinos).
Se dispusieron las horas al sol para no achicharrarse y poder aprovechar el tiempo en otra cosa…
Demasiadas disposiciones.
Y la libertad?. Y el factor sorpresa? Y lo que pinte?....había necesariamente que moverse en bloque?
Ella se escapaba todo lo que podía a las reglas… no le daba la vista, ningún sentido en realidad, para absorber todo lo que sentía, la rodeaba, los cambios en el querido lugar.
Por momentos veía a tres niños corriendo al mar, repitiendo una y otra vez “maaaaa, mirá maaaa”.
Eran adultos, manejaban sus propios viajes y compañías.
Según algunas de sus metódicas ex compañeras de curso, era muy “bohemia”… signifique eso lo que signifique en sus mentes.
Ella hizo gala de una admirable paciencia frente a tanta estructura y condicionamiento.
Ganó la cordura.
Y vivió….largas caminatas a orillas del mar, dejó que el viento le enrede el cabello una y mil veces, las olas la arrullaron mientras se adormilaba al sol, soñó despierta y entre dormida también.
Era otra la que subió al auto familiar por última vez hace tantos años atrás, dejando su refugio feliz….pero había puntos en común con la mujer fuerte, segura, bella, rebelde y feliz ( de a ratos, como todos), de hoy.
Las que no tenían nada, pero nada que ver con las risueñas y arriesgadas adolescentes de tantos años atrás eran sus queridas compañeras.
La vida las había atravesado a todas, como a quien más o a quién menos…pero ellas pretendían hacerle frente imponiéndoles un marco inamovible, como si de esa manera pudieran mantener los imprevistos y contratiempos prudentemente alejados de su precaria estabilidad.
Seguramente sí en algunos aspectos, era claro que por diferentes motivos de no habér compartido un sinnúmero de gastos, individualmente pocas lo hubiesen podido realizar.
Y aunque se hubiera podido, en algún punto la época en que era estigma viajar solas, aún se hacía presente en la mente de alguna que otra compañera de secundaria.
Pero valió la pena.
Ajustando algunas clavijas.
Poniendo algunas pautas.
Imponiendo algunas libertades.
Desoyendo mandatos.
Haciendo caso omiso a algunas sutilezas, el saldo era positivo, dichosas las cinco cargaron bártulos para volver a su país, a su ciudad, a sus hogares…a sus vidas.
Tal vez todo quede en prueba piloto.
Tal vez pasado el fastidio de la convivencia de cinco mujeres hechas y formadas, si surge alguna tentadora posibilidad, vuel
van a poner el pecho a las balas y se arme otra escapada.
O tal vez no.
Ella aún tenía grabada en sus retinas, esas increíbles puestas de sol a solas….o compartidas por algún fantasma del ayer… pero conociéndola, me imagino que no miró ni atrás ni hacia adelante en esos momentos, solo se vio a sí misma cumpliendo un sueño.



A vos…con todo mi amor… como siempre, primix.

Patricia Figura, marzo de 2018.













domingo, 11 de febrero de 2018

FELICES LOS CUATRO.

FELICES LOS CUATRO.
Cuando la conoció, se dio cuenta de que no iba a ser sencilla la relación.
Trabajo nuevo, compañeros nuevos, directivos más nuevos aún.
Ella se reincorporó de las vacaciones y fueron presentadas como al pasar.
La saludó como al descuido mientras intentaba comunicarse telefónicamente con uno de los capos del lugar, al parecer había un error y “la nueva” iba a ocupar el lugar que le correspondía a ella.
No era por jerarquía.
Era porque “su” lugar era “su” lugar.
Eso lo pueden entender personas que se han tenido que abrir paso a los codazos y con los prejuicios sociales a cuesta del donde venís, cuál fue tu entorno, que son tus viejos, y la periferia que pesa en tu haber, más allá de un lugar laboral ganado a fuerza de estudio e inteligencia media no siempre utilizada para el propio bien.
Suspiró y esperó, no tenía sentido alguno discutir.
Que lo resuelvan los de arriba, a ella le daba lo mismo un lugar que otro, valoraba demasiado la oportunidad como para malograrla poniéndose de punta el primer día por algo que en definitiva iba a ser un aprendizaje total ya sea en uno como en otro sitio.
Zanjada la cuestión, organizaron el trabajo en equipo, casi unilateralmente…. La nueva tendría que demostrar que sabía lo que hacía si quería ser tenida en cuenta en la toma de decisiones.
Poco a poco y con el correr de los meses, la chica del lugar, que marcaba territorio permanentemente y no dejaba olvidar a nadie en su sector que había estado ahí mucho antes que los demás y  seguramente peleando mucho más para conseguirlo con su procedencia de zona de barrio  marginal,  humilde y difícil, se dio cuenta que la nueva sabía escuchar, podía depositar todo su dolor, frustración, enojo, impotencia y obsesión por una pareja que de tal tenía muy poco.
Así día a día, si no había un blanco laboral, ella lo inventaba, la nueva le prestaba su oído, durante monólogos interminables, donde los ojos oscuros, brillantes, eran capaces de destilar veneno, rabia, heridas abiertas, ventilar injusticias, para finalizar apagándose, sabiendo que su portadora al cabo del día continuaría eligiendo para sí, el mismo tormento de siempre.
El tiempo fue transcurriendo.
Rara vez se interesaba en lo que le pasaba a los demás, ella cada día tenía un capitulo nuevo, aunque plagado de situaciones repetidas hasta el cansancio, de su tortuosa relación matrimonial.
Y la nueva tenía un defecto terrible… no era cómplice.
No le decía lo que ella quería oír.
No le doraba la píldora.
No le veía el costado bueno al partenaire en cuestión.
Así fueron conformando un trio donde una sola persona conocía a todos los integrantes del juego.
Él cada día redoblaba la apuesta, exigía más, dinero, compras, créditos, garantías, noches interminables con amigos y cervezas…brindando migajas sexuales algún que otro amanecer.
Ella más de una vez quedaba estática, ensimismada, buscando soluciones, esperando al mago que saque de la galera la panacea para todos sus males….o su debilidad, que le acarreaba todas las plagas de Egipto.
También había otras…Siempre las hubo entre una y otra temporal separación.
Incluso relaciones largas.
Con consecuencias.
Todo fue perdonado una y otra vez.
Era un misterio sin resolver por qué quería eso para ella.
Era joven, tenía carácter, fortaleza, era armónica en su belleza no convencional.
Pero había aprendido las mil y una maneras de justificar la relación, la conducta de él, le creía, aceptaba sus abrazos como si fueran el cerco más seguro del mundo.
Y un día llegó la noticia.
Le hizo una seña con la cabeza a la nueva.
Ésta ya sabía que algo grande, diferente había sucedido, la mirada no era la misma, los movimientos acelerando el trabajo para poder adelantar el momento de la charla, la impaciencia en su voz.
Tal vez la venda había caído por fin. Tal vez había escuchado las incansables palabras de su madre. Tal vez él decidió parar el juego… después de todo, qué más le podía sacar? Tal vez todas las fichas habían caído juntas. Tal vez logró oírse a sí misma en su sesión semanal de análisis. Tal vez…
Cuando por fin lograron hacer un impasse laboral y compartieron juntas un mate en la cocina, ella en esos arranques donde quedaba cohibida, tímida, y el gallo cocorito se transformaba en un pollito mojado, le dijo simplemente: “ahora sí todo va a cambiar, las cosas van a ser distintas por fin, mira”, la nueva, que ya se sentía vieja en todo este devenir la miró con los ojos incrédulamente dilatados.
Tomó muy despacio el celular que la otra le extendía para que viera en la imagen el motivo del “milagro” que iba a suceder.
Miró con atención y trató de dominar el nudo que se le formó en la garganta, los ojos se le humedecieron y no quiso parpadear para que la otra que la miraba expectante no notara su angustia.
¿Cómo podía ser que fuera tan ciega? ¿Qué no le dolieran las mil y una humillaciones a las que él la había sometido durante tantos años?¿Las obvias mentiras? ¿Las falsas promesas?
Levantó la mirada y la enfrentó como pudo, haciendo una pregunta tonta: “ Es tuyo?” refiriéndose al test de embarazo que marcaba positivo en la pantalla del celular.
_Obvio, de quién sino?. Te das cuenta de que por fin vamos a ser una familia? Que ya son otras las responsabilidades, la realidad? Ahora si o si todo va a ser diferente. Esto es lo que necesitábamos para poder dar otro rumbo, me entendés?
Ciertamente que no la entendía, o mejor dicho, no compartía su manera de ver las cosas, aún le causaba asombro descubrir cómo alguien que sabía enfrentarse a matones de barrio,  ladrones adolescentes y salir airosa, podía creer que un hijo haría transformar en otra persona al egoísta y terriblemente ventajero hombre del cual se había enamorado.
No supo qué decirle, qué responderle, no le daba el alma para compartir sus pensamientos… y por otro lado sabía que era completamente inútil, así que sólo se limitó a abrazarla muy muy fuerte y desearle toda la felicidad que un bebé podía aportar a su tormentosa vida.
Pero por dentro era otra cosa, se imaginaba todas las jornadas que se avecinaban, las quejas sobre el desinterés y abandono de él, los engaños, los malabares económicos cuando naciera el querido bebé…
En fin…feliz, si por momentos sería muy feliz, eso es inherente a la maternidad independientemente de las circunstancias en que te encuentres y por otro lado la letra de una conocida canción se le vino a la mente, sabiéndose tan involucrada en esta historia que ojalá pudiera tener no un final, sino un “continuará” más feliz: y el “ felices, felices los cuatro” no la abandonó por el resto del día.


Patricia Figura, febrero de 2018

domingo, 8 de enero de 2017

EN PAZ....


En Paz….

La incredulidad quedó plasmada en su rostro.
Lo inesperado.
Lo no ansiado y ciertamente menos buscado.
Allí estaba en ese test de embarazo que la miraba como burlándose.
Miró a su hijo mayor, profesional,  adulto, sentada desde la escalera de su hogar, testigo de todas las emociones habidas…. Y por haber.
_Estoy embarazada_ el suspiro sólo salió.
_Ah! entonces era eso_ que manera de simplificar las cosas tienen los hombres….que envidiable.
Era eso….la revolución hormonal, emocional y anímica que había tomado su vida por asalto los últimos cuatro meses ahora tenía una cierta explicación lógica.
¿¿¿¡¡¡¡¡UN BEBÈ!!!!!!?????????
Y ahora???? Alguna vez le iba a pasar algo normal??? Qué era normal?.
En un segundo vio sus últimos veinticinco años…. Y los próximos….
Siendo muy joven formó familia, dos hijos que fueron el más implacable motor en cada una de las etapas de su vida, un varón, una nena….pronto fueron sólo tres.
 Aunque jamás estuvieron solos….el respaldo de los abuelos se sentía…. Si bien la responsabilidad era de ella y la lucha férrea también….el optimismo nunca se hizo esquivo, tampoco la risa.
Altibajos permanentes, sostener un hogar siendo la responsable económica y financiera del mismo por más oficio que se tenga no es fácil, las decisiones pueden parecer las acertadas en un momento y en otro se siente que el rumbo debe cambiar….siempre dejando la certeza a sus grandes amores que tanto acierto como errores fueron con la intención de brindar lo mejor en cuanto a calidad humana, valores, trabajo, estudio…eso que te hace suspirar tranquilo aunque tengas que repartir una pequeña fuente de fideos entre almuerzo y cena.
Y la meta se estaba cumpliendo con éxito más allá de los tiempos difíciles….su hija, mano derecha, colaboradora y principal apoyo tanto en lo laboral como en compañerismo…iba a ser mamá….formaba su propio hogar, brillaba con luz propia y ella feliz de ser una abuela tan pero tan joven para disfrutar con todas las energías.
Su hijo, abriéndose paso también, comenzando una vida de a dos…. se podía pedir más?????
Si, nada era tan sencillo en su vida, unos meses antes, estando en pareja, enamorada, contenta, complementando trabajo, baile, gym, noviazgo….comenzó a sentirse realmente mal.
No se conocía.
Esa no era ella.
Alguien más había tomado posesión de su ánimo, su energía, su alegría…..¿por qué lloraba?.

_Quiero que tengamos un hijo_ decía con el alma en la mano su compañero de camino en los últimos tiempos.
_Ni siquiera puedo plantearme eso…..ya las pasé todas….TODAS….logré  criar a los míos…..por fin puedo estar relativamente EN PAZ….ya lo hice antes de los veinte….ya no._
_Pero ahora no estás sola…. Estoy yo….no tengo hijos….no quiero una vida sin hijos….estamos bien…..sueño con ser papá….no quiero ser sólo un tío querido.
La última vez que se tocó el tema….fue para poner punto final
A ella con todos esos cambios la estaban tratando por una menopausia precoz…nada parecía dar resultado, se alejó de su pareja….no quería facturas el día de mañana, ella ya festejaba el día de la madre…. Él tenía derecho a buscar su futuro en ese aspecto…su día del padre.
Se mantuvieron alejados un par de meses….el “hace tu vida”, “ya vas a tener posibilidades de tener hijos, pero no conmigo”, “esa etapa ya la pasé….puedo estar en la menopausia”….fueron las palabras que tuvo para él.
Pero las cosas no mejoraron para ella….así que cansada de médicos, estudios, y tratamientos hormonales….tomó una vez más el toro por las astas y sintiéndose absolutamente absurda….se hizo un test de embarazo.
Que ahora la miraba con sus dos rayitas orgullosamente marcadas.
Por qué todo lo importante tiene que pasar en un día tan tétrico como el Domingo??????
De ahí en más todo fue un remolino de emociones, vivencias, abrazos…. Esos que sólo saben dar los hijos… una vez más la vida las entrelazaba…trabajaban juntas, ella le enseño su oficio y su hija optó por más aún, se complementaban, se miraban y entendían todo….ahora una maternidad compartida….Era increíble
Había que avisarle a él.
Todo lo que le repitiera hasta el cansancio acababa de revertirse.
Lejos de ser una etapa que indicara el final de la maternidad…todo lo contrario, un nuevo comienzo, a otra edad, en otras circunstancias.
No fue fácil….¿cuándo lo fue?....pero, una semana antes del “Día del Padre”….él ya tenía a su amor en brazos, inexperto, intentando no invadir, ayudar sin agobiar, sin alterar el clima de paz y amoldándose a un nuevo hogar, aprendiendo a hacerlo suyo sin sentirse un intruso con ciertos derechos…se fue acomodando.
Se podía ser tan feliz????? Si, sin dudas que sí.
Un robusto bebé crecía fuerte, sano y protegido cuando su sobrina hizo una aparición triunfal al mundo…. Amada, cuidada, bendecida y protegida.
La vida tiene esas cosas, a veces los puntos finales, en realidad son puntos suspensivos que no sabemos interpretar, cuando creemos que estamos cerrando una etapa, la vida, Dios, la providencia, el destino…lo que cada uno crea , hace un guiño travieso y todo cambia…para mejor, la esperanza se renueva, las cosas no están perdidas, sino que el giro es inesperado….pero claro, eso le pasa sólo a los VALIENTES… a los que más allá de las circunstancias “honran la vida”, la sienten desde las tripas….a los que viven a través de una serie televisiva, un video, y los libros en lugar de enriquecerlos e impulsarlos, los duermen…no les pasan estas cosas.

Hoy, si alguien espía, como si fuera mosca, puede ver sendos bebés descansando en sus cochecitos, a papás babosos muy cerca haciendo trabajos desde extremos opuestos de la mesa con sus notebooks y a dos mamás muy bellas, felices y EN PAZ, cambiando el look a clientas mientras se turnan con una mirada para dar la teta a sus bienvenidos ángeles que están a tan sólo unos pasos de distancia.

Es así…. La vida puede ser absolutamente maravillosa a veces….sólo hay que atreverse a vivirla con pasión y mucho, pero mucho amor.


Para Caro, Juli, Joaquín y Paz ( por orden de aparición) y por supuesto a los papás de los bebés ya que sin ellos…. “esta historia no sería posible”.

Patricia Figura, enero de 2017….el primer cuento del año.







lunes, 11 de julio de 2016

FUE LO MEJOR....

FUE LO MEJOR….

Con sus pequeños pies hundidos en la arena de cenizas volcánicas, miraba el paraíso que se abría frente a su horizonte.
No estaba segura de estar despierta.
Que realmente estuviera viviendo y disfrutando de tanta paz luego de las tormentas emocionales de los últimos años.
La brisa suave le iba secando el cabello que volaba libre de planchitas y productos para mantenerlo brillando al sol.
El sol no le era esquivo, pero en la semi penumbra de las palmeras podía casi dormir con los ojos abiertos…. Llenándolo de todo lo que la rodeaba….para atesorar y rememorar cuando tuviera que volver  a la realidad.
La vida adolescente y adulta le iba pasando con imágenes que hacían revertir cualquier pronóstico de estar alguna vez exactamente donde ahora estaba.
Pero era verdad.
Estaba ahí.
Con él.
Toda su estructura, metodismo, sincronía, conservadorismo, prejuicios…. Todos quedaron derrotados ante la pasión…. O tal vez se debiera decir amor.
Luego de años de enamoramiento frustrado y no correspondido,  a los dulces dieciocho se enamora perdidamente de un amigo de amigo….esas personas que se cruzan en el momento ¿justo?.
Menor que ella, carácter fuerte, caprichoso, hijo único acostumbrado a que todos bailen a su ritmo, dio vueltas a su alrededor, fue encantador, romántico, atrevido, pícaro, compartían el amor por la música, el placer físico…. La elevó el séptimo cielo.
Y la estrelló de la peor manera.
Se enfermó…. lloró, suplicó…..no encontró consuelo.
Pasaron los años, se puso de novia con un compañero de estudio, lucharon contra lo financiero, las ideas cerradas de él, la religión, las amistades, las vacaciones que provocaban la eterna pelea de ir siempre al mismo lugar a encontrarse con la lejana pero aguerrida familia de él.
Tuvieron hijos a los que amaron cada uno a su manera.
Así durante veinte años…. Lograron todo lo económico que se propusieron como meta.
Familia hermosa de fotografía.
¿Por qué ella lloraba tanto a escondidas? ¿Por qué cuando se reía hasta salírsele las lágrimas con sus grupos de amigos del colegio lo hacía  por face, a escondidas, ahogando con la almohada sus carcajadas para que él no escuchara?
Detestaba todos los grupos que pudiera tener su mujer, salvo los del templo, claro, pero esos no se manejaban on line.
Y un día cualquiera, cuando su alma estaba marchitándose de a poco….se choca de frente con un camión que le da vuelta su vida sin remedio y sin poder detenerlo.
Se encuentra con quien la hiciera tan desdichada como feliz en el pasado.
Y ya no hubo paz ni sosiego.
La calma terminó.
Él descargó su mejor artillería sobre quién tenía la batalla perdida antes de de intentar dar pelea a lo que su cuerpo reclamaba con ardor.
Volaron los mails, las poesías, letras de canciones que se acomodaban a su historia….encuentros furtivos, esconderse, alud de mentiras…..las exigencias de él para que ella aclarara las cosas en su familia.
Terminar con la convivencia de años que él llevaba con una colega.
Llanto desesperado por parte de ella.
Sola, sin cómplices para la mentira que la vida le obligaba a vivir para seguir respirando.
Los interminables proyectos de su marido que la asfixiaban.
La actitud implacable de su amante.
Creyó volverse loca de tanta presión. En realidad estaba sola, quienes supieron de su calvario no entendían que volviera a ponerse a su merced, no era confiable, no había cambiado tanto.
Agonía, con algunas bocanadas de aire.
Hasta que logró quedar sola en su casa con sus hijos.
La tensión de disfrazar sus encuentros, escapadas, la mirada del marido que nada lograba entender, hacía que todo se viera cubierto por un velo de dolor.
Presión, presión por parte de la familia, los amigos, el amante, el marido.
Angustia, rebeldía, enojo, alejamiento, impotencia.
Basta.
Todo terminó….es difícil tomar la decisión de desilusionar, desencantar a quién ve por nuestros ojos, quién ofrece ser felpudo antes que nada….más sabiendo que a partir de ese momento, luego de ser “el amor” se pasa a ser “yo, la peor de todas”…..como se pudo, tratando de lastimar lo menos posible y sin dar mayores detalles dolorosos la verdad fue dicha.
Más allá de las cuestiones legales que se pondrían en marcha.
Más allá del desbarajuste de idas y venidas con los chicos.
Más allá de tener que soportar la “opinión bien intencionada de los que los quieren”.
Estaban disfrutando libremente de este viaje de a dos, horas de letargo, charlas, caminatas, hacer amigos, música…. Amor.
Sus hijos no eran de la partida, por supuesto, ellos estaban con su papá, que por primera vez en veinte años, no pasaba sus vacaciones de invierno en el hogar paternal, sino que había volado con sus retoños al primer mundo....tal como están las cosas, pareciera que fue lo mejor.
Lo vio venir caminando desde el bar de la playa con sendos tragos y su característico sombrero de vacaciones, esbozó una sonrisa feliz.
Más allá de cómo siguiera todo, hoy estaba ahí, en el paraíso, con quién la tenía obnubilada al punto de que nada ni nadie más existía por el momento.
Fue lo mejor….para su marido también, aunque ahora no lo reconociera, tenía todo para estar con una persona que compartiera y no luchara contra sus ideas….tiempo al tiempo, todo pasa, pero también, si se deja de lado la comodidad de “seguir así día a día vegetando”…todo llega.

Patricia Figura, Julio de 2016.