martes, 19 de marzo de 2019

MÁS ALLÁ DE LA VOLUNTAD


Más allá de la Voluntad.
Miró la verde extensión del parque que circundaba la casa que aprendió a querer y cuidar como si fuera propia.
Vidriada, cálida, mezcla de madera, piedras doradas naturales de la zona y mampostería rústica….una cajita de luz en cada una de las habitaciones.
Observó los árboles otoñales, ya no parecían tristes, no parecían llorar, como todo el paisaje tres años atrás.
Las flores tardías aún brindaban color y vida al entorno ideado  por un artista.
Por una artista en realidad.
Que supo crear, con un sinfín de simples detalles, un hogar único.
Para los que amaba.
Y la amaban también.
El sol de la siesta entraba a raudales por todos lados, más aún en ese lugar tan especial del que no se atrevió a mover ni un solo pincel.
El atelier de ella, la mamá de la casa, la vida, la mujer, la amante, la jardinera, la dulzura de sonrisa pronta y palabras justas.
Era la hermana mayor de su amiga, su compañera de baile, de gym, de viajes, de risas, de anécdotas…
La casada que las recibía siempre con limonada fresca y budines caseros ahí en su refugio, su hogar, su lugar especial donde el marido llegaba arremangándose la camisa, aflojando corbata y reboleando zapatos para atajar el penal que ya le tiraba el mayor, o lanzar por el aire a la más chiquita y escuchar sus carcajadas…para abrazarla a ella que se hundía feliz en su pecho.
Cuando la enfermedad de la mamá se instaló en el hogar, el batallón familiar le hizo frente, pero no estuvo en sus manos revertir, y en un abrir y cerrar de ojos todo cambió.
En mitad del año escolar, laboral, donde había fechas que asustaban, su amiga le pidió ayuda con los sobrinos, perdidos como su desolado padre y abuelos.
Más allá de que la familia colaboraba como podía y de que había una señora por horas, la logística estaba dañada, había tareas, reuniones de padres, de ballet, de futbol, cumpleaños, peloteros, pijamadas…todo parecía insalvable.
Comenzaron a turnarse de acuerdo a compromiso laborales, el viudo hacía lo que podía y más también, lloraba solo, en su cuarto antes feliz, preparaba asados, los llevaba al mar cuando algún feriado largo lo permitía y se apoyaba ciegamente en su cuñada y en la amiga de ella, eran sus pilares.
Así fue que se convirtió en una más en esa familia herida.
Conocía los horarios de los chicos, los de la casa, los días en que se hacían las provistas del súper, le tocó hablar con pediatras, socorrer tanto al padre como a los chicos cuando llegaban esos cumpleaños o días de la madre donde las lágrimas inundaban los rostros que había aprendido a amar.
Abrazaba a su amiga cuando buscaba el amor fraterno en las estrellas, o pedía una señal de que estaba haciendo las cosas bien.
Quedó en medio de todo un entorno familiar sin serlo realmente.
E inevitablemente y más allá de su voluntad se enamoró de ellos.
De las voces de los niños preguntando, pidiendo, cantando, repitiendo su nombre con cariño, con agradecimiento.
De esa casa mágica a su modo, donde el amor quedó prendado de sus rincones y ni aun en los peores momentos se dejó de sentir.
De la imagen de pertenecer a ese familión que tenía su amiga, donde hermanos, tíos, primos y abuelos estaban siempre prontos, sin invadir pero sin desproteger.
De él, de su estampa joven y vigorosa, de su increíble capacidad laboral, de su sonrisa triste, de sus asados en domingos soleados, de sus ojos dorados, luminosos, sinceros.
No se sentía una intrusa.
No se sentía una traidora de la confianza depositada.
No sentía que robaba nada a esa mamá y esposa que ya no podía estar físicamente  presente, pero que sin embargo creó los cimientos de un hogar que ella sentía suyo.
Era una flor más de ese jardín ya no tan ajeno.
Era a quien se consultaba para tomar decisiones domésticas.
Era quien ayudaba a rastrillar las hojas de otoño para que el humo subiera como le gustaba a mamá.
Era la que compraba los regalos sorpresa de cada uno.
Era la que llevaba más de una vez al cine o al teatro a los chicos acompañando a su amiga.
Era la que cuando dormía soñaba con hacerlo en los brazos de él
Era la que sentía el cuerpo dolorido de amor, de deseo contenido, de necesidad de un abrazo fuerte, compartido.
Era la que temía que un día el presentara a alguien más…
Era la que enviaba mudos mensajes de amor que tal vez él no estuviera preparado para recibir.
Era quien los amaba, incluso a quién ya no estaba y que paradójicamente con su ausencia logró para ella el tiempo del amor más puro y menos egoísta que jamás había conocido.
El sonido de la cerradura la sacó del ensimismamiento que sus pensamientos le provocaban.
Él entró en el corredor, dejó su maletín, arrojó las llaves dentro de la canasta de mimbre y se sorprendió al verla junto al ventanal, no parecía disgustado, todo lo contrario.
_Hola!!!, no sabía que estabas, no vi tu auto_ le dijo con una sonrisa.
_Está del otro lado, bajé el alimento del gato y lo dejé al lado de la cochera, qué tal tu día?_ el nudo le cerraba el estómago, quería besarlo, hundir sus dedos en ese cabello brilloso, abundante, apoyarse en su pecho, sentir sus brazos cerrándose en su espalda.
_Nos malcrías a todos, me había olvidado del gato, ya nos iba a comer a nosotros_ le dijo sonriendo mientras abría la heladera sabiendo que el jugo de naranjas exprimidas estaría allí, el sándwich  de tentempié en el tupper, y el millón de pequeñas grandes cosas que sabía que la magia no había colocado en su hogar, que había sido ella en su entrega, su amor por todos, por sus hijos, su hogar, por él.
Ella se puso colorada, sabía que él era consciente de por qué ella permanecía ahí más allá de la solidaridad.
_Vos nos salvaste a todos_ dijo repentinamente él, recostándose en la mesada de la cocina y tomando las manos de ella_ Jamás te agradecimos lo suficiente, dimos por sentado que formabas parte de toda la familia sin pensar en lo que has dejado de hacer para vos, para tus necesidades, tu bienestar….nuestra vida quedó en suspenso y vos interrumpiste la tuya._
Ella tragó saliva, jamás habían hablado de manera tan íntima o personal.
_Estuve y estoy exactamente donde el corazón me pide que esté…no dejé nada de lado porque fuera de mi trabajo que adoro y que sigo haciendo, no había nada que me conmueva tanto como el gran privilegio que tuve al poder cuidarlos y acompañarlos en esto tan difícil que les sucedió._
_Quedamos desbastados, por momentos hasta respirar dolía…no podía despegar la espalda de la cama o deshincharme los ojos para que los de ellos no volvieran a llorar y en momentos así escuchaba que vos entrabas y abrías las ventanas, ponías la pava, subías las escaleras corriendo para despertar a los chicos haciéndoles cosquillas, sacabas la ropa al sol, llamabas a los compañeros del cole para improvisar una merienda en el patio…y me prendí egoístamente de todos esos grandes gestos como si tuviera derecho a eso_ sus ojos estaban fijos , uno en los del otro, ella no se atrevía a exhalar._ Sé que hemos hecho uso y abuso de todo lo que nos brindaste, fuimos egoístas en nuestro dolor, pero creo que ya es hora de valernos por nosotros mismos, no tenemos que seguir aprovechándonos de lo que brindas, no es justo para vos.
Ella se sintió morir y él lo vio, lo invadió la ternura, la necesidad de abrazarla fuerte, de besarla, de hacerle el amor…le debía literalmente la vida, así lo sentía, seguramente fuera un amor diferente al que había sentido y sentía por quien fuera su esposa, esto que sentía ahora era un reflejo de lo que ella brindaba, de su entrega desinteresada, del manto de paz que brindó cuando el desasosiego y dolor amenazaban con ganar la batalla.
_¿Querés acompañarme a vivir esto que sé que estamos sintiendo los dos?, Te animas a formar aún más parte de esta familia pero no como quien está de paso, sino como tal vez la parte fundamental que nos mantiene unidos a todos?, Ni siquiera puedo pensar en que no estés en nuestras vidas.
Ella no podía creer lo que estaba oyendo, él la estaba acariciando, le estaba proponiendo un lugar propio, a su lado, con los chicos, en la casa y en la familia que amaba.
_ Y los chicos? Qué van a decir?_ fue lo único que se le ocurrió preguntar.
_ y de quién te pensás que fue la idea de que “me apure antes de que te enamores de otro papá”_ se rieron juntos, se besaron, se acariciaron, se descubrieron…fueron familia primero, ahora además serían marido y mujer.

Patricia Figura, marzo de 2019

domingo, 3 de marzo de 2019

LAS MEDIAS SE CUELGAN JUNTAS


LAS MEDIAS SE CUELGAN JUNTAS

La mañana era soleada, diáfana, no había nubes en el cielo celeste.
Estaba sacando la ropa del lavarropas, no le gustaba ver la pila pendiente, así que lavaba casi todos los días, así fuera domingo o feriado.
Por otro lado, en el ajetreo diario, era poco lo que estaba en su casa, pero no añoraba los días en que apenas salía más que por trayectos ajenos, los cuales aún continuaban.
Se iba a premiar con unas horas de sol y pileta a una cercana localidad costera, iba a reunirse allí con su compañera de trabajo, estudio y de la infancia.
Los mates irían y vendrían al compás de la charla, nunca quedaban sin tema, eran muchos años transitados, muchas ausencias, muchos años en paréntesis que parecieran no permitir un “ponerse al día”.
Mientras la cabeza volaba, las manos también, toallas, chaqueta, vestidos, remeras, ropa deportiva, el tendedero le iba quedando chico, puso una media sostenida en un equilibrio perfecto al costado y perpendicular a las varillas , continuó sacando otras prendas hasta que encontró la pareja de la que había colgado y la sostuvo en un rincón opuesto a la anterior.
“Las medias se cuelgan juntas” le pareció escuchar la voz de su mamá, “todos los pares van juntos”.
Podía verla en las diferentes casas en que habían vivido a medida de que el progreso iba llegando, los sábados se lavaba y tendía todo….eran horas, mientras ella jugaba incansablemente con sus muñecas y baterías de cocina y esperaba almorzar con suerte a las tres de la tarde.
“Las parejitas también van juntas, no hay que separarlas” le había dicho en otra ocasión mientras pasaba la impecable gamuza a las figurinas de porcelana inglesa, acercándolas y comentando que la señora de la limpieza siempre las alejaba.
Un día le preguntó el porqué, mientras la seguía con la mirada en ese ritual de ponerlas en ángulo agudo donde el vértice era por lo general uno de los codos de tales miniaturas, al igual que con los sillones individuales o la simetría en el juego de tocador.
“Porque  no hay que separar a las parejas, trae mala suerte.”
Si bien no discutió tal observación ni le pareció absurda, interiormente estaba convencida de que ese no había sido el motivo de la separación de sus padres años atrás, y también sabía que su mamá estaba bien enterada de los motivos que nada tenía que ver con adornitos mal alineados…pero a la vista, las parejas juntas quedaban bien, al menos en cuanto a objetos se tratara.
La última prenda extraída del blanco artefacto la trajo a la realidad, una toallita de mano bordada, la ubicó como pudo para sacar todo colgado al sol y así poder partir rumbo a febo ella también.
Inmediatamente sus ojos se posaron en el par de medias separados y dudando sólo un segundo, tomó una de ellas, le hizo espacio junto a la otra y con un “por las dudas” mental se dispuso a buscar su nuevo bikini de llamativos colores.
 Al final de la tarde contrastaría de una manera muy sentadora con su renovado bronceado veraniego y su marido se lo haría notar de la manera en que más le gustaba a ambos cuando volvieran a  encontrarse.

Patricia Figura, marzo de 2019

miércoles, 23 de enero de 2019

Un no amor a la distancia


UN NO AMOR A LA DISTANCIA.

En sus casi cuarenta y cinco años de vida se mantuvo absolutamente casi al margen del amor.
Como si eso fuera posible, pensarán y con razón más de uno. O una.
Amor del pasional, el de las novelas que te tienen en vilo hasta la página quinientos cuarenta y cinco donde con el gemido de la protagonista llega al fin la exhalación del lector, o lectora.
Amor del que comentan las amigas adolescentes entre cuchicheos y risas disimuladas.
Amor del tipo “guardé el mate en la heladera”, “sonrío a lo boba”, “hoy lo veo”….amor de horas de teléfono,  amor del “camino treinta cuadras para estar juntos o nos tomamos dos colectivos”, amor de guardar el papel del primer chocolate de regalo, amor de escribir su nombre cincuenta veces mientras la de historia explica por enésima vez donde se asentaron las civilizaciones precolombinas.
Amor del querer proyectar una vida compartida, hijos, nietos, salidas con amigos, cine y helado, te paso a buscar, pizza para dos…. en fin….nada de eso.
Cada vez que alguien le comenzaba a gustar o a interesar encontraba la excusa perfecta para que no sea el indicado, y las mismas iban variando a medida que las épocas y edades iban sucediéndose.
En la treintena se dio cuenta de que a ella le gustaba la onda extranjera, el tipo europeo, con otra cultura y cadencia en el hablar.
De manera que cuando internet llegó a acortar distancias, los únicos chats en los que ella participaba eran los de habla italiana.
Ahí se sentía estimulada, divertida, impaciente por el “próximo encuentro”, mientras las de su generación iban poniéndose de novia, estudiando, recibiéndose, casándose, teniendo hijos, cambiando de trabajos, divorciándose, mudando de casas, de maridos y de amantes….ella se mantuvo en el hogar familiar, en el mismo trabajo  que obtuvo a los veinte y haciendo amigos importados via on line.
A algunos los vio personalmente, viajó, paseó, disfrutó y luego volvió a su vida relativamente cómoda, organizada sin demasiados altibajos.
Hasta que conoció en su propio país, al importado que logró sacudirle todas las estructuras, iluminarle la mirada, acelerarle el pulso, hablar verborrágicamente de cualquier nimiedad que lo tuviera como protagonista.
Por supuesto que él tampoco se libró de sus tabúes, excusas, impedimentos, miedos, distancias…. pero una a una fue saltando las vallas, sorteando obstáculos y demostrando a cada paso que poco o nada se podía confiar en sus planes, proyectos o planteos.
Cambiaba permanentemente de opinión, cancelaba citas, las modificaba, postergaba y a la vez la incluía en cualquier acción a futuro.
Ella cuando hablaba de él dejaba en claro a los pocos partícipes en esta historia de no amor, que sabía perfectamente como era de volátil, inestable emocionalmente, un poco mentiroso y muy mujeriego.
Pero ella había comprado el combo.
Por algún motivo, se sintió impulsada a encarar situaciones que en otro momento le hubieran  resultado impensadas, o hubiera juzgado duramente en otras personas.
Pero como no se cansaba de repetir…. “no es amor…ni loca me enamoraría de él, sólo me gusta y me divierte”.
Por supuesto él volvió al otro lado del mundo, donde tenía su vida, sus ¿afectos?, su especie de organización para subsistir con un mínimo de esfuerzo laboral, sus hijos.
Si bien era un hombre mucho mayor que ella, su espíritu no admitía el paso de los años y con su engañosa apariencia juvenil capturó tal vez en ella a la adolescente incapaz de soñar con el chico ganador o de moda de los ochenta.
Lo cierto es que derrumbó su propio muro de Berlín, minimizó cuestiones que un breve tiempo atrás la hubiesen escandalizado, se rió más que en los últimos cuarenta años, se sintió gustada, disfrutada y extasiada.
Se la veía viva, divertida, la sonrisa le afloraba así contara algo que lo pintara no muy bien a su parternaire.
Paisajes idílicos en el viejo continente, madrugadas calientes, charlas interesantes, desayunos tardíos y esa especie de convivencia breve y entrecortada que era toda una novedad, la tenían subyugada.
Miles de kilómetros , fortunas en pasajes y la incertidumbre de nunca saber qué o a quién va a encontrar junto a él no la detuvieron para continuar, fantasear, rememorar, indagar, proyectar y vivir una y otra vez este no amor a la distancia.

Patricia Figura, enero de 2019

miércoles, 9 de enero de 2019

NO PIDO DISCULPAS


NO PIDO DISCULPAS

Enero se presentaba como siempre, sin los altibajos laborales pero tampoco con el agotamiento de las “vacaciones fuera del terruño” donde en diez días había que manejar durante horas o cambiar de vuelos (para que sea más económico) llegar a destino dos días después de haber salido, desenchufarse de los pendientes y cuando se comenzaba a lograrlo…. Zas de vuelta a casa…. no era su estilo de descanso, salmón entre la corriente.
Sin hablar de estar durante diez días lo seis juntos las veinticuatro horas del día, ese era otro tema no menor, no estaban acostumbrados a estar todo el tiempo más o menos en un mismo lugar, había criado a su familia con la idea de autonomía y espacios propios más allá de los físicos, los hijos tenían muchas actividades aparte de las escolares y el mecanismo estaba bastante aceitado sin contar  que su segunda profesión era de taxista.
Su marido trabajaba mucho, empresa demandante, un poco obsesivo de sus productos, muy compañero, muy amante, muy padre, muy acostumbrado a dirigir, menos en su hogar, ahí no había batuta, se consensuaba.
Ella se ocupó personalmente de sus cuatro hijos, niñas y niños alternadamente, cuando volvió al ruedo lo hizo de la única manera que sabía…. con todo y desde las tripas, se frustró, enojó, peleó, ya no estaba todo el día y todo el año a expensas de lo que los demás necesiten, su trabajo  también requería tiempo, paz, sosiego, algo de aislamiento personal y no podía delegar de entrada todo lo que colgaba de sus hombros en cuanto a lo cotidiano.
Pero por supuesto, todo se fue acomodando, dentro de lo que pueden acomodarse las cosas para quienes viven involucrados con su vida y la de sus afectos.
Cada vez que llegaba el tiempo de vacaciones, sean estas veraniegas o invernales veía el stress anticipado a su alrededor, que alojamiento, que en tal página están las ofertas, que en tal otra hay dos horas para cancelar, que los puntos a canjear de tal banco, que por tierra que por aire que por mar.
E invariablemente se encontraba dando explicaciones, temporada tras temporada  de  por qué elegía otra cosa para ella.
Veía caras de asombro ante su sonrisa usual, su buen humor, su alegría, estaba segura de las determinaciones que iba tomando, eso le daba lo más valioso que había conseguido luego de su familia: PAZ, y eso era no negociable.
Su tiempo de vacaciones en realidad estaba repartido durante todo el año, con pequeñas escapadas a solas con su esposo, a cenar, al cine, a desayunar, a replantear decisiones frente a un café, a tomarse de la cintura en la oscuridad, encontrarse una madrugada, enviarse mensajes cuando la casa estaba vacía..
Con sus hijos  trataba de tener algunas actividades personales, eran tan diferentes unos de otros que salvo en algunas salidas especiales compartía momentos a solas con cada uno.
Pero lo que le dibujaba la sonrisa que provocaba el asombro de quienes pasaban los períodos de licencia en su ciudad, eran esos recreos a solas, con ella, leyendo bajo la frondosidad verde de su refugio, las horas en las que buscaba el abrazo del agua clara de la pile a la que era habitué , las largas caminatas a buen ritmo tanto de sus piernas como del intercambio de risas compartidas con sus amigas que ocasionalmente la acompañaban, los helados mientras se regalaba con alguna película pendiente…esos trayectos manejando a sus destinos elegidos y ya no llevando  y trayendo contra reloj a toda la prole.
Tal vez era egoísta.
Era malo ser egoísta? No es patrimonio de cada uno como cargar pilas? Estaba mal sonreír mientras manejaba, caminaba o hacía las cosas de su hogar aunque la ciudad estuviera derritiéndose?
“no pido disculpas” se dijo una vez más, había girado con su vehículo en U para retomar el camino a su casa, había pasado una tarde fantástica, se sentía feliz, enérgica, iba sonriendo y un peatón con cara enjuta y mueca insatisfecha la miró como diciendo “ en que mundo vivís?”…”en el que trato de crearme sin molestar a nadie” hubiera querido responder, pero eso hubiese sido justificar su alegría, y de eso no era merecedor nadie, su marido tenía razón cuando lo conversaban y le decía más de una vez.. “cada cuál es feliz a su manera”.
Y ella a la suya, hoy podía decir que lo era.

Santa Fe, enero de 2019

domingo, 11 de noviembre de 2018

Con Sabor a Nostalgia


CON SABOR A NOSTALGIA.
Mientras el melódico y potente tema musical “story of my life” (historia de mi vida) sonaba en el ambiente acompañado por la fuerte lluvia que amenazaba con nunca dejar de caer…algo atrajo su atención.
No sabía precisar qué.
Una punzada entre dulce y dolorosa le apretó el pecho.
¿Una sensación?
¿Un sueño reciente?
¿Un recuerdo?
No podía definir si era placentero o no.
Se acercó a la ventana, cerrada para que la lluvia que golpeaba de frente no entrara a su hogar…o al menos no a raudales.
Intentó asir fuerte lo que sentía, como si quisiera prenderlo entre sus manos para que no escape, cerró puños y ojos….pegó su frente al vidrio y sólo escuchó.
La música terminó y la estancia donde se encontraba, sola en su hogar, quedó sumida en el silencio, salvo por los sonidos que el agua provocaba en el exterior al golpea con fuerza sobre diferentes superficies.
Se concentró en eso…. La sensación reapareció…no le tuvo miedo, tenía sabor dulce, sea lo que sea que habitara en ella, era bueno.
Sintió el fuerte repiqueteo sobre las baldosas del patio, sobre el techo de chapa del vecino, sobre los cristales en los cuales estaba apoyada intentando atrapar aquello que la inquietaba, acicateaba, ese sentir que le bailaba en la mente, se escabullía para volver con más fuerza.
Pero había algo más que no lograba descubrir…
Se separó de la abertura, abrió sus ojos siempre dispuestos a mirar el alma de las cosas, la gente, las situaciones…esperó, recorrió despacio los rincones de su patio familiar.
Los cuencos de colores donde comían los gatos, las macetas coloridas con pequeñas plantas obsequiadas y alguna que otra comprada en el vivero cercano….la escalera de madera que llevaba a la otra planta y a la terraza…
La intensa lluvia comenzó a amainar, de a poco la cortina se fue haciendo más liviana hasta convertirse en solo un manto leve de gotas danzantes.
Y otro sonido trajo la punzada nuevamente.
Y una sonrisa inmensa se dibujó en su rostro.
Fue caminando hacia el diminuto patio trasero, que lindaba con un gran terreno con plantas altas, frondosas… escuchó, abrió la puerta y quedó de frente al muro que sólo dejaba ver las hojas más altas del jardín vecino.
Y la sensación se convirtió en un recuerdo de infancia, dulce, cálido, seguro, querido.
Una tarde de lluvia, donde el temporal arreciaba en el exterior y ella acurrucada en la gran cama junto a su abuela se sentía calentita y feliz.
Charlaban en la oscuridad de la habitación que daba al diminuto patio de juegos donde su querida abuela había logrado una “imágen verde” al abrir las persianas, contra todo pronóstico y con poco espacio y luz, sus plantas habían crecido hasta cubrir toda la pared que se encontraba frente a la ventana del dormitorio.
La lluvia se hizo más leve y los secretos compartidos fueron acompañados por el repiqueteo de las gotas sobre las grandes y  carnosas “paletas de pintor” que se alzaban orgullosas.
Ése era el recuerdo que la acicateaba.
Ése era el sonido que le trajo la memoria afectiva.
Ése era el olor a tierra mojada y el lujurioso verde que lo acompañaba.
La tormenta y la siesta habían pasado bajo la forma de un refugio compartido, era hora de levantarse, la abuela iba a preparar churros para acompañar el mate, en un rato llegaría el abuelo del “escritorio” como le  decían al negocio familiar, ella se puso las botas de lluvia y pidió que le abrieran la cancel para salir a jugar en los charcos de agua.
Había calma, expectativa de buenos momentos por venir…. Infancia con abuelos.
Con una gran sensación de paz, volvió a su presente, agradeciendo al cielo, a los elementos que hayan despertado esas vivencias tal vez dormidas.
Se dispuso a preparar el mate, a despertar a su hija más chica que volvió a dormitar con los apuntes de estudio en los brazos, a organizar el resto del acuoso día.
Las sorpresas, lo inesperado, el sabor almibarado que uno espera como “magia” para sacudir el día, invariablemente se encuentra dentro de uno mismo, forma parte de nuestro tejido, de nuestro ser…sólo necesita una pequeña invitación, un resquicio para volver a la luz.

Patricia Figura, Noviembre de 2018,

viernes, 26 de octubre de 2018

Crecí en Abasto.


Crecí en Abasto.
Y esa es una afirmación que nace muy dentro de mí.
No tengo ninguna duda de que todo lo vivido durante estos dos últimos años ha marcado mi forma de ver, sentir, pensar, actuar de una manera más que relevante y no solo fue para bien, sino para mejor.
Crecí en la zona sur de nuestra ciudad costera y toda la vida escuché hablar del “viejo mercado de abasto”, el que se hallaba situado antiguamente en lo que hoy es una de las grandes avenidas casi céntricas del lugar.
El “norte de la ciudad” para mí eran un par de cuadras pasando boulevard Gálvez y poco más, es indudable que no sólo yo fui creciendo, la ciudad también y sobre todo en los últimos años en que realmente floreció a los ojos de todos y donde se puso en valor lugares que por años fueron sólo edificios fantasmas.
Un día llega a mí, docente del nivel inicial, una propuesta laboral, estaba convocada para formar parte del Sistema de Educación Inicial de los Jardines Municipales de Santa Fe.
“Sería en el norte de la ciudad, en Abasto”.
Otra vez el nombre significativo para mí, pero “ése” ya no existía hacía años y solo tenía una vaga idea del otro que había dado origen al barrio en el cuál debía desempeñar mi tarea y que hoy siento también mi hogar.
En cuestión de minutos acepté y siguiendo mi intuición no dudé ni un instante aún cuando no tenía idea de donde quedaba y las calles que me mencionaban me eran desconocidas.
Sabía que los Jardines Municipales quedaban en zonas vulnerables de mi ciudad, esas en las cuales a uno no  se le ocurría transitar solo, o de noche, donde las noticias las mencionaban en policiales…hoy son las calles que al ir llegando cada mediodía, me reciben rostros familiares, cansados en su lucha, jóvenes con sus hijos a cuesta yendo de un lado al otro, niños que saltan de alegría junto a sus tíos, abuelos y primos que también han transcurrido su vida en el barrio.
La primera vez que llegué fue en compañía de mi esposo que me enseño la ruta por autopista, me hizo buscar referentes para darme cuenta donde cambiar el rumbo, bajar por la teniente loza y de ahí buscar la asfaltada para entrar hasta el que sería mi jardín….  Blanco, amplio y cálido, listo para recibirme.
En seguida me familiaricé no sólo con el trayecto, que es como un descanso que me desconecta de mi realidad de mamá, esposa, ama de casa, remisera de tiempo casi completo, etc, para ir poniéndome  de a poco en la piel de la “seño Patri” que invariablemente habita en mí, sino con el querido lugar, las casitas que fui conociendo y alegrándome con sus mejoras, las plantas que fueron creciendo, floreciendo, decayendo en el invierno para volver en la primavera con mayor brío, los colores, sus calles, los grandes bloques naranjas, las chapas refulgentes de sol, la pintura a la cal, los contrastes con frentes pintados en tonos fuertes, realzados con árboles  frondosos, alguna oveja, un gallo que cruza la calle cuál peatón, los perritos que reciben mi final de recorrido hasta llegar a esa gran esquina blanca con el nombre de nuestro refugio feliz, testigo de amor, compañerismo, solidaridad, escucha, abrazos, caricias, descanso , juegos y sueños compartidos.
Sin bien ahora bajo por la ruta que está a escasas dos cuadras del jardín, no me privo de ir tocando bocina y saludando a los pequeños que ya conocen el vehículo y esperan el gesto.
Sin duda puedo decir que crecí en Abasto.
No soy la misma que llegó hace casi dos años atrás.
El vínculo estrecho con las familias que tanto ayudan, alimentan y acortan el espacio entre sus realidades y la institución que abraza a sus hijos.
Mis compañeras que están sin días ni horarios dispuestas a colaborar, enseñar, acompañar…el corazón de nuestro querido lugar, “la” asistente que creció y transcurrió sus días en esa misma coordenada geográfica, crió, educó a sus hijos y trabajó desde la infancia.
Los días de lluvias, a veces sin niños presentes pero siempre trabajando para la calidad de lo que se les ofrecerá mientras las lenguas van más rápido que las manos en ese tiempo compartido donde ponemos en la charla nuestros desafíos, dolores, alegrías y tristezas.
Abasto para siempre va a provocar música y calidez en mi alma, muchos pares de ojos dulces, asustados, confiados, alegres o expectantes van a dibujarse cada vez que escuche hablar del lugar.
Para siempre va a quedar ligado a mí desde la risa de los niños, un patio de juegos donde las aventuras en toboganes se mezclan con bloques grandes que se transforman en las estructuras más increíbles, un tiempo de muñecos, carteras y disfraces, un tiempo de descanso con música de Mendelshonn, Grieg, Beethoven, Tchaicovsky  permitiendo el vuelo de la imaginación y atravesando los límites de nuestro lugar de bienestar para llegar también a los alrededores.
Abasto, sabor a paz, a trabajo, a dignidad, a desafío, a progreso….pero sobre todo a crecimiento más allá de lo personal.





Dedicado a todos y cada uno / a de los maravillosos seres que he conocido gracias a los Jardines Municipales y rogando que Dios siempre me lleve al mejor lugar, sintiendo que los caminos de mi vida se tejen y nutren de las buenas personas que transitan algún tramo junto a mí.

Patricia Figura, octubre de 2018










jueves, 10 de mayo de 2018

LAS VUELTAS DEL CARACOL


Las vueltas del Caracol
Cada día llegaba al entorno laboral alternando enojo, depresión, euforia, optimismo, dolor, entusiasmo, bronca….y vuelta a empezar.
A medida  que la jornada transcurría ella cambiaba su actitud contagiándose del buen humor propio del sitio en el que desarrollaba sus tareas laborales…aunque por momentos la sensación ambigua volvía y nublaba sus ojos que parecían impostados de tan poco frecuente su color.
Parecía abstraída, siempre viendo una película interior, que aunque contara con lujos de detalle, era difícil de imaginar para los demás.
Cuando comenzaron a trabajar, el grupo de mujeres que convivía cada tarde fue compartiendo parte de sus vidas, cotidianeidades, historias, entre risas, anécdotas, consejos.
La de ella era recurrente.
Como las vueltas de un caracol, sus momentos en la historia de su familia iban transcurriendo hasta llegar siempre al mismo punto… sólo para comenzar una vez más.
Por qué querés eso para vos? Era más de una vez la pregunta de sus compañeras.
No había respuesta.
Y si la había quedaba acallada en su interior.
Muchos años compartidos con quien era su marido y padre de su única hija.
Adolescencia conflictiva, noviazgo minado de prohibiciones, manipulación, celos, inseguridades….¿por qué se aferró como si fuese la única opción?        
La había convencido desde muy joven de que nadie la iba a amar como él.
¿La comodidad de creer?.
Lo cierto es que se continuo una semana mal, otra semana peor, salpicado de momentos buenos donde sentía que era feliz, tal vez sólo haya sido disfrutar de la calma temporaria….pero sentía que esa era la felicidad con la persona que la marcó como nadie.
Hasta que con los años hubo un breack ….por supuesto que no por decisión propia de ver en el desquicio que transcurría su vida, sino motivada por alguien que sin buscarlo ni pensarlo llegó a su vida.
Se enamoró.
O creyó estar enamorada.
Daba igual.
La sensación era inigualable.
Los ojos le brillaban, había expectativa, planes, ganas de estar bien, salir a ganar el mundo…. Por fin se había sacado la soga del cuello.
Mientras la relación duró, estuvo convencida de que eso era amor, que jamás podría volver con su marido, que todos los años vividos junto a él podrían transformarse en un recuerdo que de a poco se iría borrando… solo su hija valía la pena en todo ese calvario con escasos momentos felices.
Los colores nunca le habían sentado tan bien, el brillo en los ojos aumentaban ese color tan particular,  el baile no era sólo una expresión física….así se sentía su corazón.
Hasta que llegó la caída.
Inevitable.
El velo cayó de sus ojos.
Las noticias vuelan.
Las mentiras también.
Quién fuera su “panacea”, su cable a tierra, su fantasía hecha realidad, el artífice de esta nueva mujer feliz en la que hasta le costaba reconocerse…era un embustero, mentiroso, estafador de sentimientos, mitómano, ególatra, mezquino, ruin …no estaba solo, una familia lo esperaba al final de cada día.
Fue como si la chocara un tren.
Porque una cosa es imaginar lo que puede ser vivir algo así.
Otra cosa era vivirlo y que se termine.
En el momento en que más enamorada se sentía.
No sabía que se podía sufrir así, que el dolor podía ser casi físico.
Era un león herido.
No encontraba lugar donde estar ni sosiego.
Quería volcar toda su furia contra él.
No podía verse sola.
No se encontraba….desde muy temprana edad había estado, para bien o para mal con un hombre al lado.
Volvió con su marido.
Y se desató el quinto infierno.
Desoyó todas las voces queridas….
Volvieron los llantos, la angustia, la desconfianza, la depresión, los enojos…
Las vueltas del caracol.
Las recurrencias dolorosas.
Por qué querés esto para vos?
Jamás pudo responder eso a sus amigas.
Tampoco a ella misma.
Se evadía.
Tenía fantasías fuertes.
Buscaba alivio en el wsapp.
Necesitaba que le digan lo que ella no podía ver en sí misma.
Una y otra vez su celular y quienes la rodeaban escuchaban la misma historia sin fin.
Pero ya estaba cansada.
Era hora de hacer cosas que antes no se atreviera.
Tomar decisiones y sostenerlas en el tiempo.
Reir y brillar con luz propia, no el pálido reflejo de quien fuera un espejismo.
Dejar de girar.
Elegir el camino y seguirlo sin desviarse ni permitirse atajos engañosos.
Escaparse y soltar ese adoquín atado al cuello.
Ya se animaría.
Estaba llegando el momento de ver.
De aceptar y reconocer lo que nunca fue.
Y tener por fin… todo por ganar.

Patricia Figura, mayo de 2018