domingo, 5 de abril de 2020

A MÍ NADIE ME HIERE...


A MÍ NO ME HIERE NADIE.
El sudor frio le recorría el cuerpo, todavía joven, dentro de su sencillo vestido de algodón, las manos rígidas sostenían aún el plato cubierto que había llevado a su amiga cuando escuchó que no estaba sola.
Estaba con un hombre, se habían encontrado en la intimidad de esa sala que olía a ella, a la mundanidad que nada tenía que ver con el pueblo que ahora habitaba, estaban escuchando música “clásica”, a ella nunca le había gustado ese tipo de composiciones complicadas y melancólicas…a su marido sí.
Se estaban declarando la mutua pasión que los abrazaba, les quemaba las entrañas y la cabeza, hablaban de no poder acallar por más tiempo eso que sentían…nada había pasado aún, pero eso no era lo importante, sabían que iba a pasar, que no iban a poder contenerlo más tiempo.
Caminaba apresurada hacia…¿hacia dónde?, ¿a su casa?
Su amiga del alma, recientemente llegada al pueblo donde ella habitaba felizmente junto a su adorado esposo, los hijos productos de un amor constante y compañero y donde habían construido el entorno familiar y laboral que los hacía felices, se había enamorado como nunca jamás en su ajetreada vida y al parecer él sentía exactamente lo mismo y ella hubiera sido la primera en festejarlo, abrazarla fuerte y decirle “viste que a vos también te iba a pasar?” .
Pero eso ahora se tornaba imposible…
Por que quien era amado, correspondido y deseado por quien fuera su hermana del alma era su propio esposo.
El mismo que se acercaba mientras ella terminaba alguna comida y la abrazaba despacio, le susurraba anticipándole lo que pasaría luego, en la paz de esa alcoba que guardaba los más íntimos secretos de años y años de amor y entrega de ambos.
El que se desesperaba ante el menor signo de enfermedad de ella o de los chicos.
El que iba a trabajar lloviera o tronara y siempre regresaba rápido al refugio que habían creado.
El que la hacía lucir orgulloso cuando mantenía alguna conversación o daba clases extras de idioma extranjero.
El mismo que se despedía con pesar ante cada viaje laboral y volvía  anticipándole su llegada con una llamada risueña y un “prepárate porque no te voy a dejar dormir en toda la noche”.
Hasta muy poco tiempo atrás y durante años había sido así.
Ahora lo notaba distraído, preocupado, evasivo ante las preguntas de ella, sabía que su trabajo pasaba por períodos difíciles y dio por sentado que ese era el motivo.
Se preocupó en ser más compañera aún, no le costaba nada, era increíblemente feliz, más desde que había logrado que su querida amiga, hermana, compinche viniera a vivir a cuadras de su hogar y cambiara su vida compleja y frustrante como médica de una gran ciudad y sin un amor verdadero.
Pero no contaba con que se iba a enamorar de su marido.
Podía entenderla, era imposible no amarlo…encantador, compañero, atractivísimo, educado, caballero…pero lo que no entendía y era como una cuchilla hirviendo clavada en su pecho, era la voz de él diciendo que le había sucedido lo mismo más allá de que luchara con todas sus fuerzas para revertir esos sentimientos.
Llegó a la plaza del pueblo.
Se apoyó contra un añoso árbol.
Rugoso, áspero, pero con una apariencia fuerte y protectora…como ella, pensó.
El dolor la hacía doblarse en dos, ¿cómo vivir de ahora en más?.
Su primer impulso fue huir, alejarse de esa visión blasfema.
Nadie le iba a sacar a su marido, era “suyo”, nadie le iba a sacar su vida tal y como era, ni siquiera ella, a quien le hubiera dado un riñón de haberlo necesitado.
Pero sabía que eso no era verdad, no dependía de ella, la habían traicionado, en el mismo momento y el mismo lugar las dos personas que había amado incondicionalmente durante años.
Era verdad lo que habían dicho cuando llegó ese abrazo del que fue testigo y que le hacía gritar de angustia, ellos podían tenerse uno al otro…¿Quién la abrazaría y consolaría a ella?. ¿Qué era lo que sugerían?, ¿Vivir los tres en el pueblo repartiéndose los chicos durante los fines de semana?.
Los chicos!!!!!!
Como decirles que su vida tal y como la conocían había terminado?
Porque se tomara la decisión que se tomara nada nunca jamás volvería a ser igual.
Y sintió una ira desconocida hasta el momento.
Furia, cómo se atrevían a tenerle lástima? A ella? A quien se pasara años contándoles a uno sobre el otro? Cómo se atrevían a hacerle tal ultraje? Cómo se atrevían a destrozarle la vida a sus hijos?????.
Ese enojo que le brotaba por los poros, por los dedos, por los ojos era algo absolutamente contrario a su vida, su paz, su tranquilidad.
Cerró los ojos un momento, “pueblo chico, infierno grande”, por qué le vino esa frase a la mente?
Miró alrededor y no vio a nadie, es lógico, es la hora en que cada familia se reúne en torno a su mesa…él debió ir directamente del trabajo, como cuando tenía imprevistos.
“A mí no me hiere nadie”.
“A mí nadie me destroza la vida”.
“A mí nadie me va a determinar cuándo termina un amor de años”.
Ellos sí, le susurró alguien en su interior. Arrojó el estúpido plato con su contenido ya frío en un tacho de basura, se limpió los ojos, se sonó la nariz y arrojó también el repasador.
Le diría a los chicos que lavaran los platos y se acostaran, que a ella le dolía la cabeza, que el papá volvería después… se acostaría en una larga noche insomne hasta que él se durmiera abrazado a ella como cada noche.
Descubrió que podía manejar los celos por un tiempo, que no iba a tomar decisiones apresuradas, no les allanaría el camino, no se haría a un lado, tenía años y años de un amor como el que pocos podían contar, eso valía mucho más que un deslumbramiento, una debilidad.
En la sala que cobijaba a los enamorados, luego del abrazo siguió el silencio interrumpido solo por Tchaicovsky al que Grieg le había dado paso.
El concierto número uno le pareció aún más trágico que de costumbre,
Él la despegó apenas de su pecho, le sujetó el cabello hacia atrás y la besó con una voracidad que hacía mucho no sentía, ella respondió como si recibiera una gran bocanada de aire luego de estar en las más oscuras profundidades.
Él no pudo detener sus manos, buscaba la piel de ella como un poseído, quería beberla, rozarla, hundirse con una urgencia desconocida u olvidada hace mucho tiempo.
Se desconocía, la respuesta ávida de ella lo enloquecía aún más de lo que ya estaba, la música inmortal repiqueteaba en su cabeza…el olor de ella lo hacía sentir hambriento y animal.
Ella en ningún momento consideró detenerlo.
Lo que sentía sobrepasaba todo lo que había fantaseado desde que lo conociera personalmente.
Se sentía hambrienta, salvaje.
Cuando creyeron morir de lujuria y llegando al placer más álgido y satisfactorio que ambos habían disfrutado en mucho tiempo, el solo del cisne negro los acompañó como corolario de lo que había sucedido en esa sala que jamás olvidaría ninguno de los dos.
Ninguno podía precisar cuánto tiempo estuvieron uno en brazos de otro cuando todo acabó.
Ninguno habló de culpa, no insultarían el momento con tal hipocresía.
Ninguno hizo ademán de soltar al otro.
Hasta muy tarde, cuando la transpiración de sus cuerpos se había secado, dando paso a un frío repentino.
Qué vamos a hacer? Le preguntó ella mientras él se vestía para ir a su hogar.
_Voy a ir a casa, habrá supuesto que me quedé en la oficina, la voy a despertar, le voy a decir la verdad, no le voy a dar tal dolor a cuentagotas, no la voy a matar de a poco ni maltratarla con una distancia, que te confieso, me va a costar horrores mantener_
_Entonces? Por qué mantenerla? Por qué no seguir con tu vida tal como está?, Dios sabe que yo jamás hablaría con ella, puedo inventar un traslado, o lo que sea…estoy absolutamente sola, eso, en este caso, tal vez sea una ventaja.
_Porque te conocí y en eso me desconocí…y eso ya no va a cambiar…más allá de si lo nuestro prospera o no, si logramos congeniar en la vida como en el sexo, más allá de lo que te pase o no a vos conmigo o viceversa…ya no soy el que era antes de conocerte, ya no soy el esposo que fui durante años…y nunca fui promiscuo o infiel…no lo soporto_
Silenciosamente como había llegado, desanduvo el camino hasta la puerta de calle, la cerró, caminó lentamente las cuadras que lo separaban de su hogar, su amadísimo hogar que ya nunca sería igual.
Se paró en la puerta de su dormitorio, la observó dormir, seguramente alguna pesadilla habitaba su sueño, estaba encogida, en posición fetal…., “como nos conocemos” pensó…se acercó despacio, le sacudió apenas un hombro, suave, la llamó por su nombre…ella no respondió, él insistió, ella abrió sus ojos hinchados, llorosos, él de rodillas a su lado, le acarició el suave cabello y susurró…. “Tenemos que hablar”.

Patricia Figura, abril de 2020
Este cuento es la segunda parte, ¿final? de otro escrito hace diez años y que quienes lo han leído, más de una vez me han pedido la continuación.
Anoche, lo hizo también una conocida modelo, actriz, conductora y empresaria, la encantadora Teresa Calandra, que desde hace un tiempo lee gratamente y me comenta mis queridos hijos literarios.
Esto es lo que surgió como segunda y ¿última? Parte de “Te voy a Lastimar”.















sábado, 14 de marzo de 2020

Fue sólo eso


Fue sólo eso…

La ducha de su baño en suite se escuchaba copiosa.
El celular de su marido puesto en silencio se encendió un par de veces… lo miró resignada, siempre trabajo, hasta los fines de semana lo llamaban de una u otra sucursal.
Pero como así se pagaban las mayorías de las cuentas familiares, no  protestaba, como tampoco ante los asiduos viajes de un lado al otro donde la empresa tenía sucursales.
Comenzó a vibrar en llamada, se escuchaba a su esposo tarareando la canción emblemática del grupo local que hiciera aún más glorioso el club de sus amores.
Se acercó a buscarlo, si era tan insistente podía ser que  algo había pasado, se lo alcanzaría al baño.
Lo tomó justo cuando la llamada se cortó
Apareció la señal de msj de whatsap con el contacto de “sucursal 2”.
Lo abrió para avisarle a él.
¿Por qué hizo algo que no hacía jamás?
En lugar de simplemente pasarle el móvil como tantas veces, esta vez lo abrió, y leyó.
“Te extraño”.
Así de simple.
Así de claro.
Y no era un slogan.
La vista se le nubló, ¿Cuál sería la explicación lógica?
Las sucursales no hablan, no escriben y ciertamente no “extrañan”.
Pero las personas que trabajan ahí si.
Jamás en treinta años juntos tuvo un solo motivo para desconfiar de él o de su trabajo, fue a todas las fiestas de fin de año laboral, así como él la acompañaba a las suyas.
Nunca en treinta años, estando él en la ciudad, dejó de ir a los actos escolares de sus hijos, al pediatra, a cenar con amigos, a tomar mates a la costanera, “estando él en la ciudad”.
La ducha ya no enviaba su cadencia regular.
Él aparecería desnudo secándose con el toallón su abundante cabello, en cualquier momento todo tendría una explicación…
Solo atinó a alcanzarle el móvil, que él tomó distraídamente mientras continuaba con lo menester luego de un baño.
“Lo leí”…fue todo lo que dijo, su palidez expresó el resto.
El lentamente se fijó, extendió ambos brazos en señal de abatimiento.
La miró y solo susurró “perdón”, no le dijo nada más, ni se justificó, ni intentó explicar nada…tragó fuerte y bajó la vista.
Ella sentía que todo giraba a su alrededor…miles de pensamientos se agolpaban “por qué no se ríe  tomándome el pelo?” “Por qué no me da una explicación que provoque mi tranquilidad?”, “ Por qué no grita así grito yo también?”.
“Me equivoqué, me equivoqué, no hay nada que pueda decir para justificarme…se me …me…”, levantó nuevamente los brazos….
“Perdón”…se vistió despacio, ella estaba muda, sentía que iba a desvanecerse…era una pesadilla y lo único que quería era que suene la alarma del celular para despertarse.
“Si querés que me vaya unos días…”, “si querés hablamos en otro momento…sé que no tengo perdón, no es algo que te haya hecho a vos o que tenga que ver con lo que somos nosotros...te amo y amo lo que tenemos como familia”.
No la abrazó fuerte, no le rogó que lo perdone, no le dio ningún tipo de explicación por qué estaba agendada como “sucursal 2”.
Todo eso llegó después.
Luego de una serie de días en que ella estaba como una zombie en camisón y pantuflas, pasó a un estado de enfurecimiento ante cada llamada de él o mensaje.
Después de unos meses en que todo fue un gran maremoto de emociones familiares, discusiones, treguas y donde la vaga explicación fue que se trató de una aventura absolutamente estúpida y pasajera, jamás había dudado o puesto el corazón en ese encuentro…estaba agendada así porque esa persona había estado contratada en una de las sucursales, ya no la veía, ese mensaje era de despecho… y había logrado su cometido.
La invitó a viajar, no en familia sino solos, respetando por supuesto los tiempos de ella…pero ya no “soportaba dormir sin abrazarla, extrañaba su perfume, su calor”, los chicos ayudaron a convencerla y la pareja viajó.
Enviaban fotos soñadas en playas más soñadas aún.
La risa y la alegría volvieron a ella, una tarde no vale treinta años de compartir todo, si bien eso debió pensarlo él, ella podía llegar a perdonar, no olvidar, pero era consciente de que pudo haber sido al revés…. “Sería el tan comprensivo?”
Uno de los hijos, no tenía la veta romántica tan a flor de piel, o era desconfiado por naturaleza, o no creía en los finales felices y punto, para él siempre había comas.
Mientras sus padres estuvieron de viaje, se dedicó a investigar.
La época da herramientas de sobra.
Y tan cierto es que el que busca encuentra, es que el que espía pocas veces sale favorecido en la búsqueda.
De manera que no fue “sólo eso”.
Su increíble padre, amado por todos, llevaba literalmente una doble vida desde hacía poco menos que dos décadas, con otra serie de amigos, otros cuñados, otros sobrinos…y lo más doloroso, otra hija, mucho menor que ellos.
Realmente que era impensado en la era de las selfies, y de la pública vida on line que hubiera podido disfrazar todo esto, teniendo en cuenta que la otra familia vivía no solo en la misma ciudad, sino que no muy lejos de ellos.
Por supuesto, la “sucursal dos” sabía perfectamente de la existencia de ellos….alguien resignaba cumpleaños, navidades, fines de año…
Con el corazón destrozado, sólo una frase torturaba su mente “cómo decírselo a mamá”.


Patricia Figura, marzo de 2020

miércoles, 29 de enero de 2020

DE LA NOCHE A LA MAÑANA.


De la noche a la mañana

Su frente se apoyaba apenas por un punto, en el cristal de la alta y angosta ventana del hotel donde se hallaba.
La habitación era amplia y costosa, el Smart que dominaba casi toda una pared seguía enviando imágenes torturantes, insoportables, tristes, aberrantes.
Las conocía de memoria.
Eran las que en horas, habían cambiado su vida y la de muchos de una manera tan radical como imposible de imaginar segundos antes a la llamada a la puerta de su hogar.
Que no olvidaría mientras tuviese vida.
Que por momentos esperaba que fuera corta.
Que sólo le resten segundos.
Era cobarde.
Cobarde como su hijo?
No daba crédito a lo que le habían contado primero y visto después.
Esa bestia desaforada que golpeaba y arengaba una y otra vez junto a un grupo de dementes poseídos por la ira y el alcohol era  su hijo?
Intentó gritar para que el dolor que le quemaba el pecho saliera, no podía soportar la imagen de ese otro chico tirado recibiendo las miserias de un grupo de enajenados…había alcohol  y quién sabe qué más en esos descarnados y violentos golpes.
Era una pesadilla.
Habían festejado las últimas fiestas como siempre, en el parque de su casa, con la familia y los amigos que se acercaban después de doce a brindar y bailar, se había ocupado de todo, de vestir la casa, las mesas, comprado ropa nueva para sus hijos, para su marido, regalos para todos, le encantaban las fiestas, siempre se había sentido una privilegiada…podían disfrutar de mucho siendo jóvenes, vivían cómodos, viajaban en familia y también en pareja…los chicos tenían “buenas amistades”, “buenas juntas”, “gente como ellos”, era consciente de que le había tocado la parte buena en la repartija, lejos de sentir culpa, lo agradecía y dejaba buenas limosnas los domingos en la misa del barrio privado donde transcurría su vida.
Los chicos bebían mucho, muchísimo para su gusto, mezclaban, los veía bajar un vaso tras otro como si fuera agua en medio de un desierto, algunos se ponían tontos, se reían a lo pavo, otros se dormían en las reposeras apenas los rayos del sol comenzaban a asomar….otros se ponían agresivos, se empujaban, emulaban los enfrentamientos cuerpo a cuerpo tan característicos del deporte que practicaban…su hijo y dos o tres de los más íntimos formaban parte de este último grupo.
Cada vez que sacaba el tema de los tragos interminables y sucesivos, recibía reboleo de ojos, un “no entendés nada, todo el mundo toma”, su propio esposo más de una vez había salido en defensa de su hijo y amigos.
Ahí estaba la consecuencia?
Ya no iba a haber más vida, al menos no una que valiera la pena ser vivida.
Era egoísta, si pudiera lo arrancaría a su hijo de toda esa locura y se lo llevaría lejos, al otro lado del mundo, donde nadie supiera quienes eran….aunque claro, pertenecían a la época en que “el otro lado del mundo no existe”…hoy todo y todos eran hallables.
Si hubiera sabido que iba a ser la última navidad antes de una sucesión de años de infierno.
Si hubiera sabido que cuando lo ayudó a preparar el bolso de viaje iba a ser la última actividad cotidiana compartida.
Si hubiera sabido que él jamás iba a volver a su pieza, sus trofeos, su cama, sus exclusivísimas prendas, su note, sus recuerdos.
Qué? Qué hubiese hecho?
Su esposo estaba reunido con algunos de los otros padres y tres abogados en un estudio jurídico cercano.
Ella se negó a ir.
Se ve que la prensa ya había descubierto dónde se alojaba, había cámaras que apuntaban al edificio, ella estaba en un noveno piso…le hubiera gustado por primera vez en su vida, estar en una habitación que dé a contrafrente.
Era una pesadilla….quería dormir un año seguido, que la despierten y le aseguren que nada de todo eso era real, que su hijo era incapaz de pegar enceguecida mente a otro hasta quitarle la vida.
No podía pensar en esa madre que despidió con un beso a su hijo y recibió la fatal llamada que ningún padre nunca jamás quiere atender.
Jamás volvería a verse reflejada en sus ojos, no lo vería crecer, formar familia, tener hijos…le habían arrancado las entrañas  y se las habían comido….literalmente.
Sintió nauseas…vomitó en el baño lo que le parecieron horas.
Aún no había visto a su hijo.
Tenía miedo de hacerlo.
No quería quedar bajo el yugo de ese desconocido que aparecía en las imágenes una y otra vez descargando su desprecio y mal vivir sobre quien ya estaba muerto.
Tenía miedo de mirarlo a los ojos y no ver culpa.
Tenía miedo de mirarlo a los ojos  y no ver vergüenza.
Tenía miedo de mirarlo a los ojos y no ver arrepentimiento.
Esa otra madre ya no vería los ojos chispeantes de vida y proyectos de su hijo, no volvería a sentir su abrazo…iba a ¿vivir? con las imágenes que todos los medios proporcionaban de su último instante de vida arrebatada…iba a vivir sabiendo que su hijo sufrió y mucho en los últimos segundos.
Ella tenía la certeza de que su hijo iba a sufrir todos y cada uno de los años que le restaban por vivir.
Cómo evitarle eso?
Sobreviviría un mimado de la sociedad, de su familia  y de la vida en una cárcel nacional?
Se le vinieron a la mente las series y películas de penales que habían visto más de una vez juntos.
Se le erizó la piel, volvieron las náuseas y el vómito aunque no tenía nada en el estómago.
El primer aciago día del resto de su vida había comenzado y ella ya no lo soportaba.
Que Dios se amparara de su alma.
Que Dios le diera fuerzas.
Que Dios obrara el milagro de que el mundo se detenga y retroceda…que todo vuelva a estar bien en su mundo y en el de su familia.
Que Dios alejara este infierno que se había desatado de la noche a la mañana.

Patricia Figura, enero de 2020.

lunes, 20 de enero de 2020

SOLO PARA ESPIAR...


SOLO PARA ESPIAR…

Su ojo parecía tener vida propia.
Abriendo apenas una hendija en su pesada puerta de madera maciza, lograba el ángulo que sólo se tiene en  el final de una calle, un abanico que incluía las cuatro esquinas con todo el movimiento previo a llegar a ellas desde los cuatro puntos cardinales,
Sabía todos los horarios de los vecinos, las caras viejas, las nuevas, las de siempre, los temporales, los perennes…
Aunque nadie, ni aún los más allegados sabían demasiado de ella, su historia, sus miedos, sus alegrías, sus prejuicios, su falta de ellos…solo que vivía en su propia compañía desde hacía años, que salía uniendo soledades con amigas tal vez mucho mayores que ella, que trabajaba en el mismo lugar desde hacía veinte años y que le gustaba viajar.
La vida la había rodeado de buenas personas, amigas leales tanto en la infancia como en la adolescencia, padres dedicados, algo tristes, un poco frustrados pero incondicionales con cada una de sus hijas.
Ella siempre fue reservada, las confidencias no llovían, estaba lista para escuchar, opinar y crear inseguridades en cada una de sus compinches, no parecía disfrutar de los logros ajenos en la etapa en que la autoestima y confianza minan el cerebro joven ya sea para hacer a su portador más fuerte o absolutamente vulnerable.
En ese tiempo, la época de los quince en los famosos ochenta, eran un trio que se veían muy seguido, vivían cerca, tomaban mates horas enteras hablando de los chicos que les gustaban, los nombres que les pondrían a sus hijos, los bailes de barrio a los que asistirían, reía poco pero su sonrisa cuando asomaba era preciosa.
Celosa, muy, de su madre, de sus amigas, los nervios le jugaban en contra, tenía el tipo de ansiedad que no la dejaba engordar un gramo, su delgadez extrema era un complejo fuerte, no importaba lo que sus amigas le hicieran ver a su favor….mermaba su seguridad y echaba por tierra cualquier argumento ajeno.
Visto desde el lado de las otras dos, fue una etapa maravillosa bajo el cobijo de los brazos amorosos de abuelos, tíos, padres, hermanos,  muchos amigos escolares, de club, de amigos de los primos…. muy de esa época donde todo era face to face y no relaciones virtuales que duran menos de lo que se tarda en poner me gusta.
Fue a ambas bodas, era la tía de las hijas de las otras, las visitaba, no fallaba a ningún cumpleaños, pero siempre manteniendo una actitud que incomodaba al anfitrión, como haciéndolo sentir que había una medianera entre ella y los demás invitados…algo difícil de describir…pero donde realmente se lucía era en las malas, opinando aunque nadie le pidiera opinión, juzgando, dando letra, viendo la negatividad, pero quedándose hasta el final de todo.
De alguna manera, las elecciones de la vida, los vaivenes y mareas de cada una las fue distanciando en lo físico pero no en lo afectivo, a las otras dos, el factor común era ella que llevaba y t raía su visión de las realidades ajenas a un lado y al otro.
Hasta que llegó la época on line….y revivió.
Estaba enterada absolutamente de todo y de todos, aunque el pueblo siguiera sin saber nada de su existencia más que su lugar laboral y su guarida.
Se había hecho todas las redes sociales habidas y por haber, solo para espiar.
Pasaba fines de semanas enteros mirando por esa hendija, sus ventanas cubiertas de cortinas que hacían imposible ver el interior, para luego sentarse ante su notebook y espiar a todos los contactos que le eran de interés, como jamás publicaba nada…era como si no existiera, así se iba enterando de lo que quería ver y de lo que no.
A través de una de esas dos amigas de la adolescencia, conoció a quien logró lo que ninguno, eclipsarla, fue cediendo donde jamás había cedido, le abrió la puerta de su casa, de sus cosas guardadas con celo, de su rutina, de su habitación que era impenetrable, aún para estas amigas que cuando la visitaban, jamás pasaban del comedor diario.
Y necesitó hablar, contar, compartirlo….justificar hasta lo que ella media hora antes hubiera tildado de inconcebible o indigno…y ante la incredulidad de los hechos surgió el reencuentro de las otras dos.
Y fue como si jamás se hubieran separado, los maridos congeniaron en el momento en que cruzaron el primer apretón de manos, estaban cortados por la misma tijera, tipos de bien donde la vida más de una vez se les hacía cuesta arriba tanto las finanzas como sostener el hogar trabajando todos.
Vivían bien, pero a veces el costo era la salud, el cansancio o el stress…pero no sabían hacerlo de otro modo, cada uno era experto en lo suyo y los desafíos su alimento, en otro país donde el trabajo no fuera impositiva mente penado y obligado a mantener a cuanto planes quisieran inventar, otra sería su realidad.
A ellas les ganaba el humor, eran divertidas, ingeniosas, rápidas en el don de la réplica, se reían mucho juntas y los contagiaban a ellos, la pasaban bien juntos…las horas no se sentían…como si hubieran transcurrido así los últimos veinticinco años.
Cada una le dio su opinión sincera a quien se acordara de experimentar fuera de las vidas ajenas, sino con su propia existencia, pero por supuesto se encontraron con vendas firmemente sujetas a esos ojos que antes escudriñaban todo lo que ocurría a los demás.
O en realidad, esto último no había variado demasiado….sólo que ahora también tenía tiempo y ganas de poner fichas donde años antes le resultara incomprensible…al fin y al cabo, ya ninguno era adolescente o transitaba la primera juventud…¿qué podía pasarle?.
Las otras tenían un sinfín de respuestas a eso, la querían, la apreciaban, veían la viveza del galán, lo ventajista que era, el subyugo que provocaba en ella, pero finalmente claudicaron, cada una por separado y a su manera sólo le dijo “mientras veas claro, mientras no sufras, mientras sepas con qué contás realmente, todo bien…acá estoy”.
En cuanto a las que lograron reencontrarse después de tantos años…la promesa de no volver a poner tanta distancia física estaba hecha, de ahí en más….la vida también tiene sus planes.

Patricia Figura, enero de 2020



viernes, 10 de enero de 2020

Separadas, pero juntas.


SEPARADAS,  PERO JUNTAS.

La belleza de los lagos sureños la tenía subyugada, todo parecía quieto, pero estaba en constante movimiento, como su interior, sus emociones, su tristeza que iba y venía en oleadas, que la ahogaba…hasta que exhalaba ese suspiro reparador,
Había días en que el dolor quedaba encapsulado, guardado en un cofre de abrazos y contención tejido por los que amaba y la amaban.
Otros que parecía un dique que abrió sus compuertas amenazando ahogarla.
Les había ocurrido a todos…cada uno lo vivía como podía, se daba cuenta de que delante de ella se mostraban más fuertes de lo que en realidad se sentían, eran una bendición absolutamente todos y cada uno de ellos, con sus similitudes y diferencias, con esos rostros y gestos que hacían recordar a quien ya no estaba…era como que su sonrisa y su mirada buena jamás se iba a ir del todo.
El fin del mundo quedaba cerca, no había distancia geográfica que mitigara lo que llevaba en su alma, pero ahí, en ese cielo cubierto de estrellas, con las montañas que lo acariciaban y esos espejos de agua que lo reflejaban se sentía más cerca de ella, más en armonía.
A lo lejos vio a sus nietos haciendo equilibrio en la tabla, se reían, una de sus tías estaba con ellos, querían que subiera, ella los quería filmar y compartir ese instante en las redes
Su esposo comenzaba con el fuego en la galería cubierta, chivito patagónico, esa era su terapia, su momento en que al acomodar las brasas del asador, daba una vuelta a las de su alma,
Sentados en  lonas, abrigados, conversaban cerveza de por medio el resto de la familia, el atardecer era de fotografía….capturar instantes, buscó su celular al que muy poco le prestaba atención, pero que era el cordón umbilical que la mantenía unida a ellas, las “inseparables” estén donde estén cada una, en las buenas, en las no tan buenas y en las mejores, que las hubo y muchas.


Capturaba cada rayo de sol, necesitaba sentir que la piel le ardía, el sonido del mar era hipnótico, había viento, como siempre, estaba acostumbrada al clima esteño, donde hubiera mar y sol era su lugar en el mundo… al menos por ese instante.
Escuchaba a su hija y amigas ensayar uno de sus últimos temas junto a sus amigas, tenía un evento a la noche…después de tantos años de intentos la cosa se estaba encaminando…sonrió satisfecha.
Había recorrido el mundo varias veces, primero con ”ellas” como artistas, luego con su esposo, hijos, por la profesión de su marido, pero lejos de ser una snob, era brillante, cálida, contenedora, le gustaba organizar su pequeña huerta, ver el crecimiento de su jardín lujuriosamente verde, estar cerca de sus nietos, jugar, sacarles fotos, buscarlos del colegio…
Sabía rodearse de lo que le hacía bien, ponerse fuerte para ayudar, abrazar, dar la dosis de humor y optimismo que tanto confortaba al que la recibia.
Escuchó el sonido de la moto de su marido entrando por el camino que daba a la playa, mentalmente lo vio dejando el casco que protegía su codo,  dejando la campera de cuero apoyada en algún lugar, levantándose los lentes de sol, buscarla en la arena con la mirada y acercarse a paso ágil, jovial, como siempre, como cuarenta años atrás.
Podían predecirse...¿eso era malo?, ¿restaba emoción?.  Ella sabía de artilugios y escaramuzas para vencer el tiempo… aún lo deseaba, aún la deseaba.
Se sentó un rato a su lado, le preguntó si iban a ir al evento de la menor, quedaron en acompañar entre bambalinas y sentarse en algunas de las mesitas un rato, la noche anterior se habían “guardado temprano”, fue noche de scrable y champagne, con trampas incluidas que provocaban la risa de ambos.
Cuando volvió a quedar sola, en la paz de esa playa alejada de la “movida del este”, su mente fue invariablemente a sus amores, ellas, las incondicionales, se preguntó como estaría la “sureña”, aún no había hablado con ninguna en el transcurso del día.
Tomó el celular que tenía junto a la novela que leía de a ratos y se colocó los lentes para mandar un mensaje al chat privado de las tres.


Orgullosa miraba como su nieto había aprendido a nadar, sin bracitos ni chalecos, tan chiquito en una pileta tan inmensa…se escuchaban las carcajadas de sus hijas que extraordinariamente habían coincidido en el mismo sector del planeta y se aprovechaban al igual que sus pequeños de todas las edades.
Ella amaba a su familia, a su adorada, imperfecta, frondosa y maravillosa familia.
Eran hermosos, sanos, jóvenes, trabajadores, exitosos….¿donde estaba la imperfección?.
En que estaban lejos, la mayor parte del tiempo se la pasaba extrañándolos, tratando de cubrir ese volcán de amor que la invadía con videollamadas, mensajes, chats….no era lo mismo, pero eran una gran cosa… muy distinto a cuando ella y sus “otras dos partes de sí” recorrían el mundo deslumbrando en los mejores escenarios.
Levantó la vista y vio a la “Reina Madre”, el roble de la familia que artísticamente estaba en el borde, tomando sol con una de sus elegantes gafas a tono con la enteriza.
Dio gracias a Dios mentalmente por eso.
Era su turno de tirarse de cabeza, se habían sumado dos nietos más y se lo reclamaban a coro.
Feliz les propuso otro desafío, después vendría la merienda en la galería, con chocolatada fresca y algo rico para comer, descansando la mirada en el verde del parque, mechado de colores por los juguetes esparcidos.
La casa estaba vibrante de vida.
Su marido se acercó, lo traía medio a la rastra uno de los chicos… se zambulló y aplaudieron…eran felices con tan poco y a la vez era tanto.
Pensó en ellas, estaban todas separadas, pero unidas, juntas… fue a buscar su celular que estaba junto a su toalla…iba a mandar un videíto al chat privado…vió que estaban entrando mensajes desde dos puntos diferentes…hasta en eso estaban conectadas… era así, era intuición, era magia, era amor.
Para uds…que desde lo público y lo privado ( maravillas del chat) me hacen sentir parte de quienes creí jamás poder llegar a tener tan cálida relación.
Mi primer cuento del año.


Patricia Figura, enero de 2020




martes, 19 de noviembre de 2019

Vida? Estamos en Paz?


¿Vida, estamos en paz?

Estaba detenida en uno de los tantos embotellamientos de las arterias de su ciudad.
Odiaba ir al centro en coche, pero no le quedaba otra opción si quería llegar a tiempo a su trabajo, debía presentar documentación en el colegio de sus hijos y firmar para retirar las libretas.
Esto último le parecía un absurdo teniendo en cuenta que luego las entregaban on line.
Miró el reloj de su muñeca, innecesariamente porque ya había mirado el del vehículo y ambos tenían la misma hora, avanzaban muy lentamente, uno de esos semáforos eternos y calles desviadas congestionaban aún más el tráfico, suspiró y canto por lo bajo el tema que sonaba y conocía de memoria, así como todos los que se irían sucediendo.
Delante de ella y a mitad de cuadra, no por la senda peatonal, ve que cruza a los saltos el nuevo ¿novio? de una de sus amigas más queridas, instintivamente estuvo por tocarle bocina y algo la detuvo.
Tal vez la espectacular pelirroja que le extendió los brazos y que seguidamente le dio un sonoro beso en la boca, cosa que lo hizo reír y abrazarla para continuar caminando.
Ella alargó el cuello todo lo que pudo, pero la camioneta que estaba delante de ella le tapaba el ángulo de visión.
Pensó en ella, en su amiga y todo lo que había pasado cuando su esposo falleció cuatro o cinco años atrás, la montaña de deudas que hacer frente, la casa grande y difícil de mantener en todo sentido, los chicos en plena adolescencia y con gastos propios de estudios, academias, recreativos, sociales….no daba abasto con su profesión, comenzó a preparar comida casera los fines de semana y como todo lo que hacía, daba resultados óptimos, pronto los encargues superaron sus expectativas, necesitó ayuda y los chicos se la brindaron, ella sabía crear vínculos.
El grupo de amigas colaboraba llevando y trayendo a los hijos junto con los propios, cuando comenzaron los cumpleaños de quince los maridos, amigos del difunto, se encargaban de buscarlos en la madrugada.
Cuando estuvo más tranquila, comenzó a salir con algunas madres de compañeritos que también estaban solas, compartía con los grupos de antes, pero ahí la ausencia de su compañero se hacía más tangible.
No tardaron en llegar las invitaciones masculinas.
Era simpática, emprendedora, con mucha energía y buena predisposición…compañera, divertida, se dio un par de oportunidades que no prosperaron.
¿Ese “tenés con quién dejar los chicos?” que invariablemente llegaba y era difícil de coincidir con todos los compromisos infantiles, provocaba que el desgano ganara al interés por el flamante parternaire.
Volvió a mirar, pero no lo vio, la cola de autos comenzó a moverse y avanzó varios metros, quedó delante del semáforo y la peatonal se hacía ver en un sinnúmero de personas caminando en todas direcciones.
Le pareció distinguir a la pelirroja sentada en una de las mesitas con sombrillas azules que atajaba el calor del sol, estaba de perfil, miraba hacia algo o alguien que la hacía sonreír, lo vio llegar a él a la mesa con sendos cucuruchos que evidentemente se rendían al clima y se derramaban sobre sus manos.
Parecían relajados y   divertidos.
Un tiempo atrás, su amiga las invitó a matear en su casa, preparó una de sus famosas tortas secas, compró biscochos, y la sonrisa le invadía la cara…les contó que había conocido a alguien especial, diferente, que respetaba sus tiempos y los de sus hijos.
Iban muy lento, de a poco, pero hacía mucho que no se sentía expectante y feliz.
Por supuesto que todas quisieron saber detalles, donde y cómo se conocieron si era soltero, casado o divorciado, si tenía hijos, si trabajaba, edad…ella no las dejó con las ganas, sus ojos estaban iluminados.
A los pocos meses, se organizó un asado donde incluyeron a los maridos, el tipo parecía macanudo, atendía, ofrecía, participó de las conversaciones, la sobremesa, el café con lo dulce, pidió helado para todos y trajo a sus pequeños hijos que tenían más o menos la misma edad que los de su amiga.
Estaba anonadada…herida por ella y por todos, habían abierto su cofradía, su intimidad, su amiga le había brindado lo que jamás había compartido con nadie que no fuera su esposo.
Y él la traicionaba.
En plena peatonal.
En plena luz del día.
El semáforo le dio paso por fin, por primera vez avanzó a desgano.
Hizo todo mecánicamente, no podía apartar de su mente lo que vio y la risa de su amiga cada vez que hablaba de él.
Se estacionó bajo la sombra de un árbol.
Buscó entre sus contactos el celular de ella.
La llamó.
La voz querida la saludó con el Hello, característico de siempre.
Le preguntó como estaba, qué hacía y grande fue su sorpresa cuando le dijo que estaba con él, aprovechando el silencio infantil, todos los chicos en la escuela.
La risa pícara y la voz de él atrás saludándola la dejaron atónita.
Titubeando le dijo que le pareció verlo en la peatonal, unos minutos atrás, que seguramente se había confundido.
_Salvo que tenga un doble, puedo jurar que era él_ agregó.
_Claro!, le respondió_ _ son gemelos, ¿nunca te dije?


Patricia Figura, noviembre de 2019










domingo, 8 de septiembre de 2019

ENTRE AMIGAS....


Entre Amigas..
Te busco, me buscás, paso diez minutos entre un mandado y otro, caminemos mejor, tengo dos horas antes de buscar a la más chica y la fiesta a la que llevo a la más grande, no sé qué hacer de comer, no hagas nada, vamos  unos días por ahí, sin celulares?, nos van a encontrar igual…. Y así se podría seguir hasta el infinito.
Finalmente se opta por lo posible, por lo viable y terminan caminando un rato, más a ritmo de paseo que de footing pero despeja y hace bien igual.
Ambas vivían en el mismo barrio, con los coches enquistados más por cubrir horarios y trayectos familiares que por los de ellas mismas, salvo lo laboral, claro, pero era parte de la organización y aporte familiar.
Juntas tenían la capacidad de reírse, de las situaciones cotidianas, de las renegadas con los hijos adolescentes, de algunos comentarios masculinos, de los maridos que por momentos creían que hablaban chino mandarín porque no lograban descifrar absolutamente nada de lo que decían entre carcajadas mientras las lágrimas corrían entre sus mejillas y los ocultos abdominales dolían.
Se conocieron más de una década atrás, cuando ambas estaban al final de la treintena, coincidieron en una clase de pilates y la onda y el humor que  aportaban a las clases las hicieron compinches y compañeras, los tediosos ejercicios pasaban entre bromas y ridiculeces hasta que la o el profe les llamaba la atención, como si fueran adolescentes.
Después por diferentes motivos personales dejaron de ir, se encontraban cuando en los recorridos cotidianos una pasaba por el frente de la casa de la otra que invariablemente paseaba al pequeño perro, casi un rey en su hogar.
Las bromas y las risas primaban aunque fuera a las disparadas, pero nunca sobre banalidades, les fue pasando de todo, literalmente, a lo largo de los años, pero lo relataban una a otra a modo de tragicomedia e inevitablemente la carcajada llegaba para disipar la angustia, tristeza o incertidumbre.
El azar las volvió a reunir en catequesis familiar…tres años de hacer renegar y volver locos a un grupo de padres dormidos los viernes a la siesta y ni hablar de la pobre catequista que por momentos optaba por “clavarles el visto” y seguir… aunque cuando planteaban algo de verdad y con intención de debate o para establecer conceptos, solían brillar y hasta recibir uno que otro aplauso.
Hasta ese entonces la ¿amistad? era solo de ellas, los maridos sabían que existía una tal…y escuchaban pacientemente parte de las anécdotas que jamás faltaban en las caminatas o encuentros, pero más que de pasada o a lo lejos no había trato, era una relación de a dos.
Casi sin querer, perdón digo casi porque la intencionalidad siempre está aunque sea latente, una calurosa noche de verano, se encontraron las parejas de casualidad en uno de los tantos barcitos que colindan al boulevar de la ciudad y uno de ellos se ofreció a compartir mesa.
Y ahí comenzó “el romance” entre ellos, diferentes en todos o casi todos los aspectos, vidas opuestas, maneras de pensar dispares, excelentes personas, inteligentes y verborrágicos los dos cuando el tema los apasionaba, se adoptaron.
Como compañeros en desgracia más de una vez llegaba el momento de consolarse de las “consortes” que el camino, la vida o la divina providencia les habían otorgado, familieros, caballeros, proveedores del bienestar de  quienes amaban, buena gente, solo había que tenerles paciencia en determinados temas, pero ellas la tenían clara…agua que no has de beber, déjala correr y eso hacían cuando sentían que no iban a recoger varas ajenas.
Eran un recreo, gastronómico si se quiere, ya que cuando estaban los cuatro juntos, lo que se iba a comer era la vedette del encuentro, el cálido quincho que uno de ellos, el cocinero del grupo, construyera para disfrutar con gente querida, era testigo de asados de toda especie, y demás delicias, la madrugada los encontraba con postres, mates, té , café pero sobre todo esa sensación de alegría, distracción que provocaba que el fin de semana se viviera diferente, era como que “rendía más”, y la semana con su mezcla de sinsabores y aciertos pareciera más liviana,
Cada uno tenía sus amistades de toda la vida, las laborales, las de la adolescencia, familiares, gente con la que alternaban, disfrutaban y querían, eran relativamente “nuevos” en cuanto a la gesta de lo que tenían entre sí, pero valía la pena, lo cultivaban, y en algunos aspectos también era único, diferente.
Cuando alguien se acerca con una sonrisa grande, ofreciendo lo bueno de lo que hay para dar o recibir, por lo general la vida tiene la magia de brindar este tipo de cosas, en nosotros está alimentarlas, cuidarlas o dejarlas pasar.
Pero eso sí, lo de ellas fue primero, era otra cosa…había mucho confiado, tal vez mucho callado, privado, pero sabían que lo que en esos encuentros se compartía les pertenecía, no se juzgaba, se entendía y brindaba la oreja o una palabra optimista…como solo se hace entre amigas.

Santa Fe, septiembre de 2019