viernes, 8 de marzo de 2013

TE DESCONOZCO...


Te Desconozco
_No puedo creer lo que estoy escuchando.,. realmente… o enloqueciste o me estás haciendo una broma_ mientras recorrían vidrieras de manera ociosa, disfrutando de caminar en una peatonal semivacía, conversaban, como siempre, desde hacía años, una vez a la semana o más personalmente, a diario por teléfono.
_Ni una cosa ni la otra_ en tono enérgico como era habitual en ella rebatía las opiniones de su amiga_ Pero ponete en mi lugar… el vago es un “quemo” por decirlo de alguna manera… no es para presentar_ se detuvo en seco para “espiar” su debilidad, las joyas con piedras… cada una le parecía única e irrepetible.
_Es ladrón?, falopa?...está bajo condicional?... puede ser tu hijo? ante la mirada escéptica de la otra optó por callarse.
_No es nada de eso, sabes de sobra, como tampoco es muchas otras cosas_ renuente se alejó de su imán y continuó caminando con su amiga, su hermana, su confidente.
_Por ejemplo?_
_No es un tipo preparado, con una educación como la nuestra, no lee, no mira cine clásico… usa siempre las mismas palabras… las s se le perdieron hace tiempo salvo para ponerlas donde no van….es… es… es…_ alzó las manos en gesto de impotencia.
_Y qué haces desde hace seis meses viéndote con él?_
_ Querès que te lo recuerde?_ se rieron ambas, los ojos de la desconforme, brillaban.
_ Bueno querida! Entonces!!... entre cuatro paredes todo bien, pero que ni se le ocurra contestar el teléfono si alguien llama a tu casa_
_Lo mato!... sabe que en cuanto empiece a presionarme otra vez pongo punto final…_ sacudía la cabeza como si fuera impensable cualquier asomo de sociabilizar con él_ mira, los otros días, me sentía descompuesta, me asusté, me quiso llevar a una guardia, me preparó un té… estaba preocupadísimo, me quiso obligar a ir con él al sanatorio_
_Y?...es lo lógico…cuál es el conflicto?_
_ Que yo no tenía fuerzas para manejar y él me quiso llevar en su auto todo cachuzo, viejo, destartalado… ni loca me subía ahí… no, no puede tener casi cuarenta años y todavía andar en un auto de adolescente… ni  eso, porque los pibes lo arreglan, a él todo lo material le pasa por cualquier lado y a mí me parece que hace a la persona._
_O sea que si maneja un alta gama es un flor te tipo que te va a ser feliz y te va a acompañar a donde sea, incondicional, de rodillas y mirando a la meca! Pero si maneja una renoleta del año uno es un perdido… un fracaso…¿vos te estás escuchando?_
_Me estás marcando dos extremos y él no lo es, en ningún caso… pero si a los cuarenta tiene lo mismo que a los diecisiete… es que algo hizo mal… ¿ no te parece?, uno apunta al progreso, al bienestar, a la comodidad… a la seguridad financiera…todo cuesta, nadie vive gratis_
_Hay que ver qué entendès vos por progreso y qué entiende él…qué cosas para él son importantes y cuáles lo son para vos…tiene una casa normal, ni de diseño ni un rancho que se le llueve por todos lados…de hecho, has pasado noches memorables en ese lugar, ¿no?... tiene un coche común y corriente que lo lleva y lo trae de su trabajo, le gusta lo que hace, paga sus cosas y te ofrece ayuda cuando  “tu buen gusto” te saca de presupuesto varias veces al mes….te cuida, es compañero…te respeta las estupideces casi ofensivas como no compartir tus amigos y familia porque lo menosprecias…en eso… me parece que falla, debería plantarse, o lo aceptas o lo dejas solo para encontrar a quien le haga justicia…no se hace eso que vos le haces?_
Entraron a un coqueto barcito, muy cálido y exclusivo, el mozo de siempre las saludó y sin necesidad de acercarse les sirvió el pedido acostumbrado.
_Desde cuando sos tan machista? Sos mi amiga…te ponès del lado de alguien que viste dos veces y porque me torturaste_
_No soy machista para nada, pero me parece una reverenda idiotez lo que estás planteando, te quejaste absolutamente de todos los novios que tuviste, “gente bien” que había ido a los colegios convenientes, con trabajos convenientes, con familias convenientes, y todos de un modo u otro te hacían sentir sola, nada especial, jamás te vi brillar los ojos como cuando me contàs tus encuentros con este chico._ la miró seriamente y continuó hablando, no lograba entenderla_ Por supuesto que hay de todo, mi marido, supuestamente reúne todas las condiciones que vos pareces necesitar y conociéndolos a los dos, te puedo asegurar que no se soportarían como pareja ni dos días…mis propios hermanos, estarían en tu target y sin embargo…nunca tuvieron interés mutuo…seamos sincera… algo te atrae del “reo”_ volvió la risa y las bromas cómplices…los tostados ayudaban al momento compartido, el café humeante, como no salía en las propias cafeteras express…¿por qué sería?.
_Me atrae.. esa cosa que tiene… esa..hombría, por llamarlo de alguna manera, esa firmeza, como se planta cuando me paso de rosca… sexualmente, es increíble…nada egoísta, me conoce, me adivina… no se, pero me hace sentir como nunca… me libero, no hay poses, no me importa como estoy porque para él soy fantástica… me hace sentir su deseo, ¿entendès? Es como que jamás se aburre de mí, constantemente me busca y con el solo hecho de que se me acerque al oído la piel se me eriza… jamás viví algo así…cuanto más sexo tenemos más quiero y después peor lo trato porque eso me lo hace sentir él…y me enfurece que no sea como yo NECESITO que sea._ se recostó en la silla, medio frustrada, con ella, con èl, con su amiga que le removía el avispero.
Quedaron un rato en silencio.
Llegó el segundo café para ambas.
Saludaron a un par de conocidos que se sentaron en una mesa vecina.
_Bueno mi querida… algo vas a tener que hacer…es una persona no una maquinita sexual que manejas con monedas…. Para eso contratate un tipo y no lastimes a nadie…, evidentemente él no tiene fuerzas para mandarte al diablo, tampoco para ponerse más firme para conseguir más de lo que ya logró hasta ahora… realmente que le hayas permitido tanto tiempo y meterse en tu cama con todo lo negativo que ves… me asombra._
_Si, a mi también me asombra_ lo dijo en un susurro, casi con angustia_ Si por lo menos quisiera cambiar ese auto horrible!!!...mirar películas viejas…_
_O sea que tu problema se resuelve si él cambia el auto y clava el control en el canal retro???... eso lo transformaría en otra persona? Le daría el roce que necesita para estar entre “tu” gente?...Eso lo haría mejor ? Más querible? Más íntegro?... te desconozco amiga…tenès suerte que no te vea realmente y no se haya ido…vos no estarías ni dos minutos con alguien que te catalogara por tus logros materiales…qué lástima, vas a volver a estar sola seguramente, vos podes ser una debilidad para él, pero si es tan “hombre” como para haber llegado hasta acá y darte la oportunidad de que lo conozcas realmente, bancándose tus estupideces, seguramente va a serlo también para darse cuenta de lo vacío de tu planteo… no es un haragán o un inútil…no le interesan las mismas cosas que a vos, pero es responsable y por ahora… por ahora, te demuestra algo más que quererte solo para la cama o un buen rato…¿ pero cuánto va a durar eso con tus planteos?.
Nuevamente les ganó el silencio.
Entre ellas podían decirse todo, no temer a las ofensas o al ridículo.
Sonó el celular.
Era él “querès que vayamos a caminar por la costanera a la nochecita?”.
Y una vez más el pensamiento: “ que no me pase a buscar” “y si me encuentro un conocido?”…
Era un tipo atractivo, con onda, simpático… ¿ cuál era el problema real?.
No lograba descubrirlo.
“Dale, nos encontramos allá… estoy con mi amiga y después paso a cambiarme, tengo otras cosas que hacer antes”.
Se sintió desleal.
Algo iba a tener que hacer, no le estaba gustando lo que veía en ella…en algún momento tendría que sincerarse y tomar una decisión.

Patricia Figura, marzo de 2013

lunes, 4 de marzo de 2013

En Honor a lo que Fue...II( la decisiòn.)


En Honor a lo que fue…II (La decisión)

“_En honor a lo que fue alguna vez…me parece que no es saludable seguir juntos compartiendo solo gastos  tipo empresa o frustraciones como personas sin horizontes _le dijo él una noche, acercándose a la punta de la cama donde ella recostada miraba la tele.
Las lágrimas asomaron a los ojos de los dos.
_Así termina todo?... treinta años de amor?...sos mi primer recuerdo…siempre conmigo_
_y hasta cuándo los recuerdos van a sostener la tristeza de hoy… no quiero odiarte ni odiarme cuando inevitablemente nos traicionemos…fuimos increíbles… pero también lo peor que llegamos a vivir…la misma intensidad para la gloria como para la frustración… y somos jóvenes…”

La batalla peleada tanto tiempo por lograr tener un hijo de ambos los había agotado, física y emocionalmente.
Se querían, mucho, muchísimo, pero evidentemente no lo suficiente como para poder seguir juntos, tampoco podían soltarse…estaban acostumbrados a ser el apoyo, la otra parte, desde el jardín de infantes hasta pasada la treintena.
Desde que la separación se planteo entre ellos, todo fue mitad alivio y mitad desazón.
El día les pesaba, tanto juntos como separados, el sol los encandilaba, los ceños se fruncían, los hijos de los amigos le recordaban su propia esterilidad…le dieron una dimensión que los engulló a ambos.
Por algún motivo dejaron en stand bye la decisión de comenzar a dividir las aguas, las salidas de los fines de semana con otras parejas, los almuerzos familiares de los domingos y el barullo laboral ayudaban a anestesiar los momentos compartidos sin que el alma explotara en público.
En privado era otra cosa.
Se estaban traicionando.
Eran cobardes.
Ninguno quería liberar al otro, aunque necesitaran un cambio, un proyecto, una motivación para salir de la tristeza.
El egoísmo que primaba les impedía ser amigos.
Tampoco se tocaban, las manos se caían antes de alzarse, ¿eran ellos los que alguna vez hicieron el amor durante horas? ¿Los que se escondían en los vericuetos de la casa paterna para disfrutarse contra cualquier pared, baldosa o hasta en el dormitorio de ella cuando sabían que las horas de silencio eran cómplices?
Seguían juntos por cobardía?
Para no dar lugar a otro en el cuerpo de la persona que tanto tiempo fue un par?
Porque un gesto de ternura de quien tanto te amo puede ser insoportable si otro es el destinatario?
Pero ya no daba para más.
El fingir que se podía seguir con semejante mochila a cuesta los estaba enfermando a los dos.
Como por las buenas no lo lograron.
Lo hicieron de la única manera que pudieron.
Enojados, furiosos, perdiendo el límite verbal…solo así, la necesidad de lograr la paz perdida, les ganó a la adicción de estar juntos, sostenidos solo por recuerdos.
Se entregó la propiedad a cambio de dos departamentos y dinero en efectivo…lo que parecía un mundo se resolvió antes de lo pensado.
¿Después de tantos años con una simple firma quedó zanjada la cuestión?.
Una cosa es dividir una casa, otra el millón de recuerdos, fotografías, cartas, viejos papeles de chocolates compartidos, entradas al cine, al teatro, regalos cuidadosamente elegidos para provocar la alegría en el otro….ella no quiso nada, estaba aterida de dolor y angustia “tirà todo” fue lo único que dijo cuando ambos organizaron sus mudanzas al nuevo hogar….al de cada uno, muy diferente a cuando llegaron con sus cosas a esa casa preparada para una familia feliz.
El no tiró nada…en definitiva todo entraba en un par de cajas que irían a parar a su baulera por un tiempo.
Se ofreció a ayudarla a cargar las cosas en el coche de ella, los muebles hacía rato que estaban en sus departamentos, menos el juego de dormitorio, “hace lo que quieras, quémalo” dijo ella, él no lo quemó por supuesto, pero tampoco lo llevó a su nuevo refugio.
Lamentablemente habían coincidido cuando estaban dando los toques finales al desgarro de cerrar esa etapa de sus vidas, llevar las últimas pequeñas grandes cosas…debieron ponerse de acuerdo, pero en la etapa final, no lo lograron ni siquiera para evitarse un último dolor.
_Bueno, creo que está todo, a mi llave la entrego ahora de pasada_ dijo él con un nudo en la garganta.
Ella asintió sin hablar, su rostro estaba rígido, sabía que era la única salida posible, que el desgaste los había cercenado de mil maneras diferentes a cada uno, estaba enojada con todo y con todos…era el final de todo lo que conocía, de la seguridad que se había transformado en una trampa.
Ninguno de los dos se movió
De alguna manera, era siempre él el que se obligaba actuar, aún cuando le costara un esfuerzo enorme.
Despacio se acercó a ese cuerpo tan querido, no soportaba ver la desdicha reflejada en esos ojos que había conocido brillantes, diáfanos, la abrazó despacio, la rodeo con sus brazos y apoyó los labios en la seda tan conocida de sus cabellos, siempre con el mismo perfume a limón y miel.
Ella hundió su rostro en el pecho de él, suspiró despacio…una parte de su alma se moría y otra le decía “es necesario…es por el bien de los dos…hay que salvar aunque más no sea el honor de lo que fue”.
_No todo fue malo_ dijo despacio.
_Por supuesto que no… nadie vive tantos años al lado de otra persona por elección si fuera todo malo….pero parece que no alcanzó…fracasamos en un solo proyecto, un hijo, evidentemente, no somos fuertes, otras parejas pasan por cosas terribles y eso los une o por lo menos no los separa_
Renuentemente se soltaron, él le dio un beso en la frente, caminaron por última vez hacia el living buscando la salida.
Afuera el sol brillaba cálido, la vecina de enfrente los saludó como cada mañana, ella calzó sus gafas oscuras, respiró profundamente, el jazmín del jardín le hizo llegar su aroma, él cerró la puerta, revisó que la ventana estuviera trabada, el perro de los de al lado se acercó a orinar en el árbol como de costumbre, pero ya no era tema de ellos, los nuevos propietarios serían los encargados de protestar o poner una botella con agua.
_Vas a estar bien?_ le preguntó antes de encaminarse a su coche…¿por qué sentía que tenía que protegerla?
_Si, seguro, no ahora, obviamente, pero si hicimos todo esto es para estar mejor…dicen que la tranquilidad no tiene precio_
_Sabès que si necesitas algo me llamàs…eso no va a cambiar nunca_ ella asintió con una media sonrisa, no le dijo:” nunca hasta cuando?”.
Habían estacionado uno detrás del otro, ninguno había subido el auto al garaje que ya no les pertenecía, ella se colocó el cinturón de seguridad y sin mirar por el retrovisor…puso primera y dejó su calle a la que no volvió a recorrer en mucho tiempo.
El en su momento de soledad en el auto se permitió aflojar el nudo que le cerraba la respiración, puso el stereo, bajo, dio marcha y partió también a buscar su futuro, su paz y asegurarse a sí mismo que en “Honor a lo que fue” era la mejor decisión que pudieron tomar.


Patricia Figura, marzo de 2013

martes, 19 de febrero de 2013

EN EL MISMO LUGAR...


EN EL MISMO LUGAR.

Ese día, al igual que tantos otros, ¿cuántos miles? ¿podría sacar la cuenta?, se levantó al alba.
La miró dormir, su naricita apuntando al techo y la media sonrisa que jamás la abandonaba, ni siquiera cuando intentaba hacerle entender algo…lo que fuera que se negara a ver, pero ella sabía, ella entendía y de alguna manera, sin que se sintiera ofendido o dolido, terminaba entendiendo él también.
Su trabajo era así, su “otra”, sus tripas, su lugar donde también encontraba una familia paralela a la que formó,  un laburo en sus días adolescentes que comenzó como un juego donde el hermano mayor era el guía, la confianza y seguridad.
Se sumaron un par de amigos.
Uno se convirtió en un hermano más.
La facha, la alegría, la fama… todo en un entorno escolar…¿se podía pedir algo más?.
La timidez se iría con el tiempo.
Sus parejas fueron largas .
También hubo de los otros amores, esos que no llegan a serlo, pero que dejan su huella, para bien o para no tan bien.
Pasó a ver a los chicos, dormían como que el mundo les perteneciera…él colaboraba con esa paz, buena parte del día lo pasaba con ellos, los cuidaba, estaban a su “cargo”… por suerte podía disfrutarlos.
Los fines de semana muy de vez en cuando atenazaba la culpa, sobre todo esos domingos de sol radiante donde él encerrado en una caja hacía compañía a miles de oyentes y no podía tirarse en una plaza con su propia troupe.
Pero estaba su partenaire, que sabía transformar días de sol en aventuras mientras  “esperamos a papá”.
Se subió al coche, los mates los tomaría allá, en su otro hogar, mientras terminaba de despertarse.
Le parecía que su vida no tenía emociones dignas de trascender, siempre en el mismo lugar, haciendo lo mismo, día a día, mes a mes, año tras año.
Le quitaba chispa a su persona?
Había cambiado mucho en tantos años?
Se había estancado?
Lo bueno de conducir a esa hora es que solo tenía que preocuparse de los que cruzan a lo loco pensando que no hay nadie más dando vueltas.
Pero de alguna manera, si elegiste bien, no es siempre así?
Si todo está en orden, ¿para qué cambiar?
Otro trabajo lo haría feliz?. No, de ninguna manera.
Saber que en cada puerta había un rostro amigo, tenía precio?
Absolutamente ninguno.
Llegar a casa, a la tarde y encontrarlos…¿se podía comprar?
No.
Era un éxito.
De alguna manera estar rodeado de vidas que recomenzaron una y mil veces, donde los altibajos estaban a la orden del día, los cambios, las idas y vueltas, los finales no tan felices y comienzos lindando en parches y no en revanchas, le hacía creer por momentos que su vida podía ser aburrida ante ojos ajenos.
Más allá de cualquier contratiempo o dolor como cualquiera que esté vivo, la había pegado, era una buena vida.
Estacionó como de costumbre.
La vieja fachada lo recibía una vez más.
Un nuevo día comenzaba.
Otra vez estaba en casa.

Patricia Figura, febrero de 2013

sábado, 16 de febrero de 2013

UN RECUERDO IMBORRABLE.


Un recuerdo imborrable.
Hace miles de años atrás.
Cuando iba a sala de cinco, con muchos de los compañeros que después compartimos primaria y secundaria…la seño nos dijo que iríamos  a recorrer el barrio de la escuela y estábamos todos invitados a la casa de una compañerita que vivía cerca.
Era una linda sorpresa.
Había mucha excitación y alegría, conocer la intimidad de un compañero, saber cómo era su mundo, sus juguetes, su habitación, estar con su familia, merendar…nos portamos muy bien para que nada se cancele y la seño “Pocha” partió con dos largas filas mixtas tomadas de la mano.
La fachada me enamoró de entrada.
Era un medio hexágono, (no lo sabía en ese momento por supuesto) que ocupaba toda la ochava de la esquina, hacia una de las calles daban las puertas del garaje, una ventanita de persianas pintadas de verde oscuro y que terminaba, al igual que las demás con una medialuna de vidrios fijos.
A la puerta principal que daba a la bocacalle, se accedía por un minúsculo patio triangular, enrejado, ocupado casi por completo por una hamaca de dos asientos enfrentados, la puerta de madera tenía paneles repartidos y me pareció hermosa en su contraste con el verde de algunas plantas.
Hacia la otra calle, el frente continuaba con un tapial bajo con rejas que dejaban ver otro pequeño patio luz, con enredaderas y ventanitas coloniales.
Entramos y el vestíbulo nos recibió semi vacío, con varias puertas misteriosas que daban a él, una vitrina de madera y cristal llamó mi atención infantil porque adentro refulgía de cristales y porcelanas, pero lo que más me gustó era una muñequita vestida de española.
La nena de la casa estaba feliz y compartía todo, la mamá era un sol de persona, atenta, menuda, sonriente, nos convidó con jugo y masitas, los tablones de las habitaciones crujían a nuestro paso.
Me parecía un laberinto, pero a la vez tenía encanto, decidí en ese momento que la familia de mi compañerita debía ser muy feliz.
Volvimos, hicimos un trabajo acerca de lo que hoy sè, fue una “experiencia directa”.
Grande fue mi sorpresa, pocos días después, cuando de la mano de mi mamá, estábamos por entrar a visitar a sus tías,  y al mirar hacia la esquina veo la casa que tanto me había gustado.
Mi mamá me dejó que fuera a visitarla, me acompañó, y nos recibió la sonriente  señora de la casa, nos comentó que justo estaban por salir, pero no quería que me quedara con las ganas, así que decidió demorarse un poquito y que disfrutemos un rato juntas.
Bailamos en su habitación, con un combinado que tenía una mesita para trasladarlo de un lado al otro, me mostró el vestido que se iba a poner para el desfile que organizaba el colegio y que nosotras participaríamos.
En todo momento tenía en mi cabeza la placidez de la mamá, por lo general las madres, y me incluyo ahora, cuando estamos por salir, con chicos a cuesta, repasamos mil veces lo que tenemos que llevar, sobre todo si son trámites, nos fijamos si antes fueron al baño, si quedó todo ordenado, si se nos hizo tarde y por lo general siempre un imprevisto hay como para salir con el tiempo justo.
 Y ahí estaba la mamá de Roxana, jamás pongo nombres en mis cuentos o historias, pero ella quedó grabada a fuego en mi memoria y esto no puede ser para nadie más, tranquila y sonriente dándonos unos minutos para que yo no me volviera sin tener un ratito en la casa de mi amiguita que fue todo un descubrimiento ya que a lo de las tías iba mucho y jamás la había visto.
No se cuanto tiempo pasó después de esa visita, cuando recibí la noticia de que la mamá había muerto.
Aún hoy se me forma un nudo en la garganta.
¿Quién estaría abrazando a Roxana y a su hermanita?
¿Cómo una mamá podía morir teniendo hijas chiquitas que la necesitaban para vivir?.
En mi propia historia, mi mamá era el centro del universo, sobre todo, porque en los pocos divorcios que había en esa época, el papá no tenía un lugar donde compartir con los hijos… era un “enigma” donde vivía y donde encontrarlo… simplemente esperar a que pasara a buscar a sus hijos para un paseo.
Mi familia intentaba distraerme, recuerdo estar acostada en la cama de mi abuela, sin poder contener las lágrimas, no podía soportar el dolor de saber que había una vida sin mamá y que Roxana nunca más iba a poder contarle nada, ¿Quién se iba a ocupar de sus vestiditos? ¿De los zapatos que le quedaran chicos? ¿De encargarle los regalos de navidad?
El papá, me decían todos, quédate tranquila.
Ella no siguió en nuestro colegio.
La casa parecía cerrada.
Triste, ajada.
Muchos años después, siendo adolescente y ávida lectora, recuerdo que ese verano, leí sesenta y tres novelas de esas que jamás tienen menos de trescientas páginas… y no exagero… fui a vivir a pocos metros de esa casa, en la misma manzana, hacia el lado del patiecito luz del costado.
Habían transformado el garaje en un negocio de algo, no recuerdo qué, creo que era un kiosko, miré si estaba mi compañera, pero no la vi, sí me hice ¿amiga? de la nueva esposa del padre, creo que venían de Entre Ríos, donde el viudo se había vuelto a casar.
La segunda esposa era una persona enérgica, gritona, poco maternal, excepto con sus hijitos pequeños, parecía muy absorbente con su esposo y en general no tenía buen trato.
Conmigo si, porque cuando descubrí que en las estanterías, debajo de la mercadería, estaba todo cubierto de libros, entablé conversación volando y ella que era muy lectora también me ofreció intercambiar.
Un día reconocí a Roxana, creo que algo le hablé o le hice un comentario de nuestra infancia compartida en el jardín…ella no era muy comunicativa, tampoco era sonriente y dulce como la recordaba.
No supe acercarme.
No pude decirle que sufrí casi en carne propia su sufrimiento…que durante años ella y su mamá vivieron en mi mente y en mi corazón.
Al poco tiempo me fui de ahí, pero sin embargo, por un motivo u otro, esa casa que me encantaba , queda en mi itinerario varias veces al año.
Desde mi coche echo un vistazo y sigo.
No sé quienes viven ahora, le hicieron un par de agregados que no le quedan bien, está venida abajo.
En mi memoria la conservo con la imagen de mis cinco años.
Y lo más importante, la mamá de Roxana hace mucho tiempo que no brinda su calor a ese hogar.

Patricia Figura, febrero de 2013

viernes, 15 de febrero de 2013

DESDE EL PUPITRE...


Desde el Pupitre.
Llegó con su sonrisa pronta, toda la timidez del mundo, un guardapolvo prendido adelante y poco más que una carpeta simple, biromes y toda la expectativa de un mundo nuevo, ajeno a su pueblo, perdido y querido en el norte de la ciudad.
Era el nuevo.
Sencillo, humilde, tranquilo.
Presto para aprender, dar una mano, ofrecer su desconcierto ante tanto movimiento de gente, alumnos, profesores, preceptores en un colegio que le parecía un laberinto interminable.
Su tonada le daba una grata particularidad, en seguida hizo amigos… aún hoy forman parte de su entorno, de su vida, su familia y su trabajo.
Al principio apenas si separaba su pupitre del asiento, no quería molestar, sus ojos no se cansaban de mirar a uno y a otro, por momentos sentía que le hablaban en inglés…y era así, en la escuela nueva, de su nuevo lugar durante dos o tres horas semanales se hablaba ese idioma.
Cuando el año terminó, era uno más, totalmente incluido, desinhibido, travieso y con esa sonrisa tan linda y particular, que sin embargo no le daba la confianza que necesitaba…para acercarse a ella, de otra manera, no como su profe para las materias que necesitaba ayuda, no como compañera de vóley en los pic nics de primavera…para poder expresar con un beso todo lo que sus pensamientos le dictaban desde el pupitre.
Se sentaban relativamente cerca…no lo suficiente.
Eran amigos.
Era la “linda” entre las más lindas….
Le  demostraba el mismo trato que a todas sus compañeras, le hacía bromas, le contaba alguna anécdota de su lejano lugar, le encantaba cuando ella se reía, una carcajada fuerte que nada tenía que ver con su apariencia formal.
Belleza clásica, sin embargo voz grave y actitudes recias, nada de princesa, aunque en su hogar conservador había sido educada como tal.
Él dibujaba distraídamente con la punta del lápiz en su pupitre, mientras fingía escuchar a toda la retahíla de profesores que iban pasando horas tras horas.
Su impaciencia por llegar al colegio no era por lo académico.
Eso estaba más que claro.
¿Pero cómo traspasar esa fría distancia para tornarla más personal?.
Ella era mención de honor…siempre rondando la bandera.
¿Quién era él para tener una oportunidad?.
En los años finales de la secundaria, su corazón tenía bien claro que lo suyo era amor…solo uno de sus compañeros y amigo personal supo la verdad.
Pero…tampoco era de la idea de mezclar enamoramientos con las “chicas del curso”…”es para lío si después todo sale mal”…”me parece que un chico del club  le pidió arreglo”.
Sobre llovido mojado.
Su pupitre era testigo de ese ¿maquinal? dibujito que hacía invariablemente mientras las materias y los años se iban sucediendo.
El último día de clases, se acercó, cuando el aula quedó vacía, a ese viejo banco que lo recibiera cuando su ya querida escuela lo cobijó.
Pasó un dedo despacio por esa minúscula marca, camuflada entre sumas, restas, machetes, fórmulas de física y teoremas… era una inicial “su” inicial, la del nombre que le había provocado el primer nudo en el estómago, la que representaba esos ojos que podían ser helados, pero también muy cálidos y risueños, la que se dibujaba en el cielorraso en esas noches en vela.
Su secreto.
Celosamente guardado y solo con su hermano del alma había compartido.
Muchísimos años después, en una reunión de ex compañeros, entre anécdotas y confesiones propias de un momento íntimo entre pocos, por un segundo el hombre seguro, atractivo, bien plantado y con una notoriedad bien ganada con los años, volvió a ser por un minuto el adolescente tímido de pocas palabras.
Y casi en un susurro dijo.” Yo en la secundaria estaba enamorado de…” todos dieron vuelta la cabeza para mirarlo, había tanta ternura en su querido rostro que los abrazos y apretones amistosos le llovieron como si hubiera anunciado su boda.
Una pena que la musa inspiradora de ese sentimiento tan limpio que es un amor de secundaria, jamás haya sabido que había alguien que la quería mucho, que le gustaba y que tenía un corazón gigante para compartir.
Pero bueno, las historias de amor son así… y aunque pasen los años, los finales, por suerte… nunca se saben.

Patricia Figura, febrero de 2013

jueves, 14 de febrero de 2013

AMORES PAGOS...


Amores Pagos…

Caminaba apurada, con pasos cortos, sus piernas regordetas no le permitían  hacerlos largos y elegantes.
Tenía muy buen porte, le gustaba la ropa, buscarla, reformarla, darle un toque personal con algún detalle único, de ella, irrepetible.
Su cabello mucho más corto que en su lejana juventud, brillaba bajo el sol.
Perfume exquisito, de esas líneas de cosmético por catálogo, que vendía desde hacía años.
Siempre fue inquieta y pasional.
Oveja negra de una familia tranquila, prejuiciosa y conservadora.
Siempre estuvo presente para todo el mundo… a su manera, claro.
Matrimonio temprano, casi adolescente, engaños, promiscuidad, hijos adorados, divorcios, malos ratos, amantes.
Caros, de esos que se autotitulaban “maridos”… por ende estaban en “su” casa, comían de “su” comida y vivían de “su” sueldo mientras esperaban que se les diera alguno de los prometedores negocios en los que se embarcaban, se vendiera la casa que había sido del matrimonio anterior, vendieran el auto, se pusieran al día con las cuotas alimentarias, consiguieran un trabajo fijo… y así, año tras año, uno tras otro sostenidos por su ingreso que no era malo pero que estaba desbordado.
Divertida, coqueta, nerviosa… últimamente muy nerviosa, angustiada por momentos.
Quería viajar.
Quería salir a bailar, con gente de su edad y que tuviera su misma onda.
Casi no las había, o no estaban en su entorno.
Los problemas familiares la agotaban.
Se hacía carne de todos, si bien eran todos mayores, para ella no…las mochilas seguían colgando de su espalda.
Se registró en dos o tres foros de solas y solos.
Más de lo mismo.
Viudos acostumbrados a ser atendidos, cuyas hijas y nueras no estaban dispuestas a seguir las costumbres serviles de las esposas de antaño.
Divorciados sin una moneda, buscando acollararse sin pagar alquiler, ir en auto sin gastos de combustible y que contaban con poco más que lo puesto.
Solterones que no iban a dejar a la “vieja” a esta altura cuando la pobre no embocaba uno de toda la batería de remedios que tenía por día.
 Y los casados de siempre.
Fue a aprender a bailar tango… pero no era naturalmente una “percanta” y no le cuadró.
Conversando con una de esas amigas que se encuentran casi por casualidad una vez al año y que prometen verse o llamarse más seguido, le contó su pesar, su frustración, no servía para estar sola, aún en los cincuenta largos ¿seguía en los cincuenta?.... su sexualidad era demandante, sus necesidades estaban a la orden del día…y la imposibilidad de resolverlo la tenía malhumorada, triste, enojada.
_Por qué no hacès como yo?_ le dijo enigmáticamente la otra en la cola del banco donde cobraba su pensión por viudez.
_ Y qué hacès? No me vengas con juguetes o esas estupideces que te dice la Rampolla porque ya nomás te mando a vender almanaques_
_¿Qué juguetes? De carne y hueso!!!!! Yo soy a la antigua, no me vengas con el plástico_ se rieron las dos por lo bajo dando una ojeada alrededor por si estaban quedando medio sordas y hablaban fuerte.
_Esto queda entre nosotras…me entendiste? Mira que si se entera mi nuera es capaz de no dejarme ver a los chicos._ el tono conspirador mientras iba avanzando de lugar y se alejaba de los que en el zigzag azul quedaban al lado, aburridos intentando pescar alguna conversación interesante.
_Pero vos sos loca! A quién le voy a decir! Pero contame porque nos va a tocar y yo tengo que ir a buscar a mis nietos a la colonia.
_Tengo un gigoló_ los ojos se agrandaron y redujeron en dos segundos mientras lo decía, su ceja se levantó al mejor estilo  “novia de Roger Rabbit” ( o como se escriba).
_ Un QUEEEEEEEEEEEEE? _ ante el codazo de la otra cerró la boca.
_ Un amante… es uno fijo, lo llamo cada quince o veinte días, depende como ande con los gastos…. Viste que no es barato, pero por lo menos sé lo que me va a salir, viene, hace TOOOOOODO LO QUE TIENE QUE HACER Y MUY BIEN…. Nada de estar levantándole el “espíritu” yo primero….es un profesional_
_Y de dónde lo sacaste?_ la cosa empezaba a interesarle.
_ De una despedida de soltera de la hija de una vecina mía, de toda la vida, “repartió” tarjetas, es limpio, educado, brasilero, conoce muy bien su trabajo, es atento…que querès que te diga, después de mi marido, tuve dos “parejas” por decirlo de alguna manera, con los dos quedé con el recibo de sueldo al rojo vivo, laburaba todo el día como una negra, dentro y fuera de la casa, nunca quedaba un mango para salir… y en la cama, bueno, eran hombres grandes, preferían mirar la tele…_
Mientras asentía, conociendo ese tipo de historias a la perfección, la idea le quedó picando en su antigua y traviesa mente.
Les tocó el turno a ellas en sendas ventanillas.
“Por lo menos sabès cuánto te va a salir” , esa frase resonaba en su mente mientras manejaba hacia el club por donde debía buscar sus nietos para darles el almuerzo hasta que su hijo saliera de trabajar y los busque.
“Hace todo lo que tiene que hacer”… y después se va, listo, cero deudas, cero compromiso, cero recibo de sueldo presentado para sacar sus créditos, cero ronquidos a su lado, cero sentirse sola estando acompañada.
“Por qué no?” “A quién le hago mal?”, “Estoy cansada de los clavos o los casados, en definitiva ninguno sirve para salir, pasear, ir de viaje, unos por secos y otros por comprometidos”.
Igual, estaba acostumbrada a una pareja, por despareja que lo fuera.
A llegar a la casa y saber que no estaba sola.
A que mientras la cosa fuera bien, ella decía “mi marido”, era de otra época, la escolta era una necesidad, aunque le terminaran provocando cansancio y molestia… era el círculo del que no podía salir.
De todas formas agenda en su celular el teléfono que le pasó la amiga, “_decile que yo te di su número… después charlamos, me lo vas a agradecer toda tu vida”.
Bajó  rápido, era una andanada de autos y transportes escolares estacionados de cualquier manera.
Caminó con pasos cortos como le permitían sus piernas regordetas, los vio que le hacían señas tres caras sonrientes con sus mochilas veraniegas a cuesta.
Les hizo señas y fueron corriendo a su encuentro.
Todos se peleaban por contarle las novedades del dìa, por preguntarle què había de comer, por mostrarle el trabajo que habían hecho con el profe de recreación.
Subieron al auto, encendió el motor, el aire… se dirigió a su casa, todavía riéndose internamente de la conversación con su amiga.
Solo que ya no le parecía tan loca la idea.
Quién sabe…quién sabe.

Patricia Figura, febrero de 2013