viernes, 3 de septiembre de 2010

ERA UN JUEGO, NADA MÀS.

Era un juego, nada más


Todo lo perdió por una banalidad, su ego inquieto, difícil de calmar.
Como una diversión comenzó la historia, sin saber que terminaría con su vida familiar.
Sedienta de frases floridas, miradas que desnudan no sólo el alma, aunque desde siempre las recibiera del jefe de su hogar, dio lugar a que otros labios y ojos ajenos las pudieran expresar.
Estaba todo controlado era un juego nada más.
Su familia la adoraba y su marido más no la podía amar.
Pero algo la inquietaba, pura rebeldía nada más.
Los años no debían dejar su huella, en quien fuera la reina de la belleza hace muchos años atrás.
Un incentivo adicional...alguien que deseara poderla besar, sabiendo que sus deseos inconclusos iban a quedar.
Dulces y mensajes prohibidos, flores robadas de algún cercano lugar, miradas llenas de alabanzas y algún saludo que se extiende más de lo habitual.
Así comenzó todo y así debía terminar.
Pero la curiosidad mató al gato y con ella pudo más.
Compañeros de trabajo, algunas horas juntos debían pasar, hay que tratar algunos asuntos, es mejor reunirse con mayor tranquilidad.
Un café, cambios de opinión con respecto a lo laboral y la mirada de él que le expresaba un amor incondicional, incluso un brillo de lágrimas en sus ojos se podían adivinar, ¡era tan fuerte lo que sentía por ella ¡que no sabía por cuanto tiempo más podría callar.
Era inevitable sentirse halagada, con eso no hacía ningún mal, a su casa siempre llegaba a tiempo para cocinar.
Meses enteros con la misma melodía resonando sin cesar, hasta que sin saber cómo el primer paso le permitió dar...ella tenía todo controlado, su hogar era feliz de verdad.
No contó con la electricidad, que en su cuerpo se llegó a desatar, tan sólo al contacto de aquellos labios que no la dejaban respirar.
Su mente seguía alerta peros sus bellas manos iban por más, clavando sus largas uñas en ese cuerpo ajeno que por tanto tiempo la persiguió sin descorazonar.
Hasta que todo se hizo pura tensión, los latidos en las sienes amenazaban con hacerla desmayar, anuló a la familia de su mente y su necesidad optó por calmar.
El sonreía satisfecho, su sueño se había hecho realidad, mientras ella sólo murmuraba “esto no debe volver a pasar”.
Como un imán se atrajeron sin frenarlos la culpabilidad, ella era otra vez una veinteañera  capaz de enloquecerlo con sólo caminar.
Nunca entendió que el que más te ama puede ser el que te controle más.
Y el nuevo brillo en su mirada a los de su casa no dejó de hacerse notar.
Incidente desafortunado el que todo al descubierto dejó sin lugar para dudar.
Lo que su esposo amante sospechaba, descubrió que era realidad.
Reaccionó brutalmente, ciego y dolido ante lo que ya no era una sospecha más.
Sus hijos jamás comprendieron que sucedió en tan feliz hogar.
Su amante muerto a golpes, la vergüenza todo lo invadió sin poderla refrenar.
Su trabajo, vida y familia perdió por una banalidad.
De brillar en lo alto, con lujo y comodidad, pasó a vivir casi de la caridad, su marido en la cárcel, ya no velaba por su tranquilidad.
Fueron tiempos difíciles, nada se ajustaba a lo que antes fuera su  realidad.
Ya no se estrenaba lindos vestidos ni tenía invitados para cenar.
Sus hijos siguieron como pudieron, parientes y amigos los trataron de cobijar.
Aunque tristemente sabían que el futuro brillante que tanto habían planeado, ya no se haría realidad.
El tiempo fue pasando y todo se desdibujó en la memoria de los demás.
Ella consiguió otro trabajo y con su vida intentó continuar.
Su marido jamás le permitió una visita, al mugroso lugar donde debía su arrebato saldar, con el tiempo ella dejó de intentarlo, sus hijos traían malas noticias de aquel lugar.
Pasaron los años y siguió cuidando su aspecto personal, con las cicatrices más apagadas su esencia prevaleció una vez más.
Varios acompañantes ocasionales de más de una velada la hicieron disfrutar, aunque de algo estaba segura...su corazón no volvería a entregar.
De vez en cuando la veo pasar, bien arreglada y sin kilitos de más, pero ella no mantiene la mirada y apenas un murmullo desliza al saludar.

                              Patricia, marzo de 2006.
















las novelas de Maeve Binchy.

A Maeve Binchy, tambièn la conocì por casualidad, tal como me pasò con Rosamunde Pilcher.
Revolviendo las mesas de oportunidades en la peatonal de mi ciudad.
Como los "ùltimos tìtulos en venta" siempre son muy caros, voy en busca de nuevos autores y si bien en la temàtica soy un tanto repetitiva, ya que tienen que ser romànticos pero no rosas, con final adecuado màs que el comercial, variedad en los personajes y que los mismos se respeten a sì mismos.
Es decir, que no "salgan con un domingo siete"... que se respete la personalidad que se les impuso, disfruto cuando algùn autor nuevo para mì me sorprende gratamente.
Las novelas de Maeve, siempre transcurren "alrededor de algo", un lago,  una calle larga y muy habitada, la costa de una ciudad balnearia, una escuela local, etc.
Toda la temàtica se va desarrollando sobre los habitantes de dichos lugares y sus vidas a travès del tiempo y las distintas vicisitudes que les toca atravesar.
La verdad la recomiendo para un momento de reposo, antes de dormir, vacaciones o simplemente ante la necesidad de encontrarse en diferentes personajes que a la vez sienten como  nosotros mismos.
Patricia Figura.

jueves, 2 de septiembre de 2010

La Profesora de Piano.

La Profesora de Piano

Es un peso tremendo para una nena ser responsable de la alegría, salud, motivación y calma de un mayor.
Sobre todo si “ese mayor” es fuente de amor incondicional, protección, apoyo y dedicación absoluta…¿cómo retribuirle?.
Con un pequeño sacrificio, que con el tiempo se puede transformar en una asfixiante soga atada al cuello.
Desde que tengo uso de razón, mis abuelos, la música y yo formamos un equipo feliz.
Escuchábamos los “discos” de moda en el “combinado” del comedor, bailábamos, con mi amiga le enseñábamos “clásico” a mi abuelo, o tocábamos en el piano, la abuela de oído y yo repetía lo que me enseñaba o escuchaba lo que tocaba mi papá cuando iba a visitarme.
Hasta que tuve edad suficiente para leer, escribir y entender matemáticas, así fue que comencé mis lecciones de piano, sistemáticas, metódicas, eternas durante diez años.
Mi primera profesora se fue del barrio, mi abuela enseguida encontró otra, “Porota” le decían y ese apodo vulgar no la representaba en absoluto.
Histriónica, brillante, apasionada, madre, esposa, concertista frustrada y su empeño en suplir la falta de genética para mi naturaleza musical con información y horas interminables de ejercicios sobre el marfil.
Hasta que mis músculos se tensionaban a tal punto que me era imposible soportar el dolor de espaldas…y cada vez faltaba más.
Una mañana me decidí y hablé con mi Abuela Kiki, fuente de alegría incomparable en mi niñez, ella cumplió todos mis sueños…después entendí que yo se los pagué.
Hubo un revuelo tan grande de sólo hablar de dejar en cuarto año de piano que ni siquiera sé cómo a la media hora ella estaba desmayada, o casi, y vecinos que después de tantos años de vivir en el barrio yo ni sabía que existían, iban y venían con alcohol, abanicos y llamadas telefónicas.
Seguí estudiando y padeciendo los exámenes en el conservatorio “Mendelsshon”, donde cuatro o cinco cabezas de peluquería asentían a medida que yo rogaba por llegar al final y cruzarme al Sagrado Corazón de Jesús, para agradecer un año más…¿más cerca del final?.
Hubo mucho de bueno también, el piano me acercó a personas que de otra forma no hubiese conocido, momentos de diversión en el secundario, alumnos adolescentes en mi propia adolescencia donde era “la profe” y me encantaba.
Momentos con amigas que retomaron conmigo sus antiguos estudios en el teclado, diversión y recibir la admiración…de los que pocos entendían de virtuosismo en el tema.
El último examen llegó, con un nudo en el estómago y libros tan pesados que parecían armas de defensa más que partituras, llegué por última vez al conservatorio.
Una marcha a cuatro manos, sonatinas, ejercicios de digitación, rondoes….ya era Profesora de Piano, saldé mi deuda.
También fui feliz …y lloré.
 Aunque aún hoy, que paradójicamente inicié una nueva vida sin un piano cerca y lo extraño, sigo soñando que  me falta ese último examen , que camino hacia lo de mi profesora, en la misma manzana donde vivo actualmente, y que toco el timbre con la esperanza infantil de que no me pueda atender.

Patricia Figura, octubre de 2008

LA AMIGA

LA AMIGA

El  espejo oval las reflejaba.
Un merengue de encaje  chantilly, alborozado y feliz…por un lado.
Un strapless  con todos los colores del arco iris sobre piel de seda…por el otro.
_Estás radiante! ¿No es eso lo que se dice de las novias?_
_Sólo los que usan frases hechas, de las mejores amigas se espera algo más personal_ rieron como siempre, formaban un hermoso cuadro las dos, jóvenes, bronceadas, clásicas, ¿seguras?.
Los ojos de la amiga recorrieron a la novia, mientras ésta abstraída en sus propios pensamientos, acomodaba el ramillete de flores que anudaba a su cintura.
Recordó cuando se conocieron en cuarto grado, la seño presentó a “la nueva”,
que apenas esbozó una sonrisa con ortodoncia, ella inmediatamente se le acercó,
le ofreció una de sus “manón” en el recreo y la invitó a caminar por el patio, a recorrer el “cole”.
Nunca se separaron, hubo infinidad de discusiones, días sin dirigirse la palabra sufriendo cada una en su casa, celos cada vez que alguien amenazaba invadir la cofradía que ambas formaban.
¿Cuándo comenzaron a cambiar sus propios sentimientos?.
¿En mitad del secundario? ¿Cuándo los chicos comenzaron a invitarlas a salir?.
Tantas noches pasadas juntas, hablando en susurros para que no las obliguen a dormir.
Risas ahogadas bajo las sábanas…secretos compartidos.
Hasta que el nudo en el estómago llegó a hacerse casi insoportable.
Cada vez que ella en su inocencia la abrazaba espontáneamente, o le daba un sonoro beso en la mejilla riendo por alguna broma, sentía que le iba a costar contenerse, no confesarse.
Al verla dormida a su lado, respirando suave o acurrucándose en las noches más frías, moría por ceder a la tentación de rozarla, deslizar la yema de sus dedos por la piel delicada, tibia que descansaba a su lado.
Pero nada fue peor que cuándo lo conoció a él.
Llegó a los gritos, como loca, jurando que estaba enamorada del chico más lindo que existía sobre la tierra.
Con un nudo en la garganta y una sonrisa valiente en los labios fue siguiendo la historia de amor entre ellos… que destruía cualquier fantasía que pudiera haber alimentado.
¿Y si hablo?...se preguntó más de una vez en que el dolor se hacía insoportable.
¿Qué voy a conseguir? ¿Horrorizarla? ¿Alejarla inevitablemente? ¿Su lástima? ¿Que me esquive aún inconscientemente?... no tiene sentido… ante su insistente pregunta casamentera sólo puedo responder  “Ya me va a tocar a mí”.
Suspiró y su amiga extrañada y sonriente la miró_¿Nostálgica?_ la abrazó con ternura y disfrutó de la imagen que se reflejaba frente a ambas_¿No somos el colmo de la belleza?_ se rió feliz mientras le daba un beso a su amiga de la infancia.
_Eso es poco decir_ le entregó el ramo, acomodó el ruedo del vestido que llevaría a su amor al encuentro de su alegría y futuro.
Le tomó la manos un segundo y suavecito le dijo_ Tengo que decirte algo…_
Interrogante la miró.
_Te amo con toda mi alma_ los ojos le brillaban de alivio y emoción
_¿Acaso pensás que no lo sé?_la abrazó muy fuerte y luego despacio la alejó_ tonta…vamos mi Dama de Honor._ se enjugaron los ojos, partieron, el espejo ya no las reflejaba.

                                   Patricia, julio de 2008

COMO AYER... PERO MEJOR.


Como ayer….pero mejor.


_Estás igual!!!!_ extendió sus manos tomando las menudas y enjoyadas de ella entre las suyas.
_Puede ser…mas o menos_ contestó riendo de placer_ vos tampoco cambiaste mucho.
_ Te aseguro que sí, pero no por fuera_ se soltaron y ella volvió a tomar la manito de su hijo que pacientemente esperaba el momento de llegar a la heladería después de una larga jornada de compras y mandados.
_ ¿Qué hacés?. ¿Qué es de tu vida?_ le preguntó él mientras le daba un pellizco cariñoso a la nariz del pequeñito.
_ Trabajo, me recibí hace unos cuantos años, soy mamá de tiempo casi completo, estudio cuando el sueño no me desmaya, en fin… poca cosa más; ¿y vos?_ mentalmente agradecía haberse puesto su mejor par de pantalones y la remera multicolor que realzaba su dorado veraniego.
_ Me dedico a la profesión, “full time”, me separé no hace mucho y también encuentro tiempo para recuperar viejos afectos.
La mirada fue más que significativa…
En el transcurso de los casi veinte años que pasaron desde que ambos pusieron punto final al fogoso y temperamental noviazgo que mantenían, sólo se habían visto en contadas ocasiones y muy al pasar.
En su momento ella lloró de rabia y frustración ante la inmadurez de él para sostener una relación dejando de lado su egoísmo así como sus caprichos de hijo único.
Él siempre sostuvo que ella fue la posibilidad para cambiar y ser más generoso…pero que su forma de ser pudo más.
Ciudad relativamente chica, cada tanto algún comentario a uno o a otro les llegaba acerca del “ex” en cuestión, mientras tanto él con su vida zigzagueante continuó y con lo único a lo que fue fiel: su profesión.
Ella eligió como compañero a una persona casi diametralmente opuesta a su ex pareja, excepto que también es un enamorado de su trabajo y le dedica su tiempo sin quejas y con sorprendente paciencia.
Él no tuvo hijos, que se supiera.
Ella dos que son un amor.
Por un momento los ojos límpidos de ambos se encontraron, cada uno podía leer la mente del otro sin ninguna duda de lo que pensaba.
¿Cómo hubiese sido si…?
¿Cómo sería si…?
¿Hay revancha en el amor? ¿Es justo tenerla? ¿A quién le debía fidelidad, a su esposo o a ella misma? ¿Podía ignorar las palabras no expresadas verbalmente que él le enviaba desde sus ojos pícaros y algo aniñados?¿Era para desoír el fuerte golpeteo de su corazón?.
Demasiadas preguntas sin respuestas…
O demasiadas respuestas incómodas.
Cambiaron un par de frases cordiales, saludos a las respectivas familias y alguna que otra banalidad antes de despedirse.
Pero él no podía con su genio.
_ Me encantaría charlar con más tiempo, mi mamá sigue haciendo esa torta de limón y merengue que tanto te gustaba, si querés pasar una tarde nos tomamos un café_ agregó como al descuido_ yo volví a vivir en la antigua casa familiar, pero ella ahora está en el departamentito del centro ¿te acordás?
Demasiado bien lo recordaba.
Nada se perdía en su prolífica memoria.
Sonrió con sus dientes perlados y sus labios delineados con toda prolijidad.
_Puede ser_ contestó sin comprometerse pero sin cerrar la puerta a la posibilidad_ de cualquier forma llamo antes… no vaya a ser que la torta merengada no esté.
Se abrazaron ligeramente aunque él demoró algo su mejilla sobre la de ella, cada uno siguió su camino hacia lados opuestos.
Aunque supongo que más de uno que los cruzó habrá pensado…”otro loco que se ríe solo” el sabor dulce del momento y la charla velada que sostuvieron sin casi hablar los habrá acompañado un tiempo en la mente, cuando la realidad cotidiana y los sinsabores propios del día a día, amenazaban con desdibujar esa sonrisa robada al trajín de la vida normal.


                          Patricia, diciembre de 2007.






miércoles, 1 de septiembre de 2010

Creer Querìa.

Creer quería

Tenía un tic nervioso, abría y cerraba su puño derecho cuando algo la inquietaba, la enardecía, la emocionaba.
Sus medio hermanos eran mucho mayores que ella, uno exitoso, distante, nada mujeriego, sólo su familia contaba, nada de terceros.
La otra apenas podía con su vida, llena de hijos, hermosos, como lo fuera ella misma antes de ajarse prematuramente, un marido tan feo como ganador con las polleras ¿por qué sería?.
Ninguno la registraba, la necesitaba o quería.
Sólo los tíos paternos de ella se conmiserarían…algo tenía, no era totalmente normal…pero quién más quién menos alguna particularidad tenía.
Primaria y secundaria casi sin altibajos, la hija de la vejez, su padre decía, la madre casi no hablaba, extranjera, casera del hombre fuera antes, amante a oscuras cuando los hijos del viudo dormían.
Así como le calentaba las sábanas, casi sin hablar ni pedir nada, la mujer se fue metiendo en su vida, él viajaba por trabajo, ella fregaba y obedecía.
Cuando los hijos del viudo fueron adolescentes, dejaron la guarida, el varón para ir a estudiar afuera, el padre así lo disponía, la chica, una belleza dulce y sombría, esperaba el primero de sus hijos, del hombre que sería su obsesión y también su pesadilla.
Ella se anunció sin estridencias, el viudo y la extranjera formaron una familia, la  parentela tenía opiniones divididas.
¡¿Cómo vamos a compartir la mesa con quién ayer la servía?!.
_El que quiera venir que venga y el que no… que no se aflija_ decía el viudo mientras observaba pensativo a su extraña hija.
Su hermana y su cuñado ofrecieron sus simpatías, era una sobrina más y ahí terminaba toda diatriba.
Ella adquirió algunas rarezas, aparte de su mano inquieta, el labio inferior en ocasiones se mordía, era soñadora por naturaleza, un gran amor se juraba que viviría.
El padre viejo y cansado, dudaba que así sería, los hombres buscan lo estándar lo fuera de lo común, asusta, acobarda…aunque fuera una idea mezquina.
Lindo y sedoso cabello, físico armonioso, sonrisa pronta y mirada esquiva, a muy temprana edad  comenzó a necesitar la compañía masculina.
No se hacían rogar, bocado sabroso si los había…toda su histeria contenida, volcada en el lecho en fuego se convertía.
Lástima que no durara, ellos se marchaban, la herían, no le decían que la amaban, no le ofrecían la luz del día.
Los tíos se inquietaban, la controlaban, miles de preguntas le hacían.
El padre viejo y cansado, con una lectura voraz se abstraía, le ofrecía un techo y comida, más que eso no podía.
La madre ya no existía, víctima de la ignorancia, dio cuenta de la enfermedad, cuando ya nada hacer se podía.
Ella buscaba el amor, con el cuerpo, el alma y la vida.
Un casado, mucho mayor, con mentiras el mundo le prometía, a su cuerpo joven y hermoso una y otra vez volvía.
Ella creía en él, estaba ansiosa, su mano abría y cerraba sistemáticamente, mientras contaba todo lo que él le decía.
Las carcajadas bajas y nerviosas escapaban de su garganta, contenerlas no podía, los ojos de largas pestañas brillaban con la expectativa.
En vano trataron algunos de aconsejarla, “nadie entendía lo que él por ella sentía”, pero no importaba, porque en sus brazos se sentía viva.
Creer quería, que una vez separado con ella viviría, tendrían hijos, formarían una familia.
Creer quería, que no tenía nada de malo, que era como las demás chicas, torta de bodas y una fiesta bonita.
Creer quería, que era su amada y siempre lo sería.
Nunca más lo volvió a ver, pasaron una semana, dos, tres, un mes,…lo buscaba en la calle, en los barrios, creyó verlo más de una vez, se encontraba con risas, con frases como: “está loca” “¿quién podrá ser?”, estaba alterada, nerviosa, a su cuerpo frustrado ella misma daba placer, pero al alma herida no podía contener.
Finalmente alguien la abrazó, cuando se sentía desfallecer, no había probado bocado, ni se había bañado en un día, o una semana, ¿o en todo un mes?...ni ella misma lo sabía.
Brazos fuertes de trabajador, mirada serena, plácida, tranquila, dejó que llorara sobre su pecho, las piernas vencidas, así la encontró al doblar la esquina.
Le impresionó su belleza y su dolor.
Su juventud y su desazón.
Su llanto incontenible y la fuerza de sus manos aferrándolo.
Estaba sentada en el primer escalón de su casa, llegaba de trabajar cuando tal imagen encontró, no tenía idea del padecimiento que la aquejaba, pero casi al instante se enamoró.
Cuando lo juzgó conveniente, a levantarse la ayudó, ella ni siquiera lo miraba, sólo veía su propio dolor.
De alguna manera se encontró en la cocina, sentada con un té caliente entre sus manos que no temblaban, le escocían los ojos, los labios estaban llenos de marcas.
El muchacho llenó la bañera de agua casi hirviendo, hizo espuma con el jabón y una toalla suave y blanca apoyó en un banquito cerca del humeante fuentón.
Rascándose la cabeza pensativamente la miró, sus sollozos por momentos la sacudían y en otros todo era un silencio casi feroz.
Dudando cuál sería su reacción la llevó al baño, tranquilizándola con movimientos muy suaves la bañera blanca e invitante le indicó.
Ella esbozó apenas una sonrisa y a desvestirse comenzó.
La dejó sola, sumergida, suspirando vaya a saber porqué traición, ella era una extraña, harapienta…”sólo una circunstancia” le repetía su corazón.
Podía ser muchas cosas que se le ocurrieran, pero estaba seguro de que nada malo, surgiría de un ser con esos ojos sedientos de comprensión.
Ya llegaría el momento de hablar…o para su desdicha tal vez no.
Tal vez desapareciera de su vida tan rápidamente como entró.
Mientras pensaba recostado en la silla que antes ocupara ella, con sus dedos se enroscaba un mechón de su cabello, algo salpicado de las partículas que volaban mientras las partes de un todo soldaba.
Quería conocerla, consolarla, saber por qué de esa manera lloraba, era muy difícil que una criatura tan sensible y hermosa de él se enamorara.
¿Qué podía ofrecerle a semejante muchacha?.¿ Una casa sencilla con flores en el patio?.
¿Ventanas amplias con cortinas blancas? ¿O sus viejos muebles de madera tallada?, nada de lujo sólo pacíficas comodidades.
Seguramente ella querría mucho más, merecería más, alguien estudiado, con brillante futuro, exitoso para poder aspirar a semejante escolta.
Pero por el momento estaba allí, en su casa, en la intimidad de su baño.
Temió que se haya dormido en el agua, pidió permiso y un débil “adelante” lo invitó.
_¿Te sentís mejor?_ le preguntó muy despacio, no quería provocarle temor.
_Sí, gracias, ni siquiera me acuerdo de cómo llegué hasta acá_ se enjabonaba despacio, distraídamente con la mirada perdida dentro de sus propios pensamientos.
_ No importa eso ahora, cuando lo necesites vas a recordar, me conformo con una sonrisa chiquita y que tu angustia me permitas calmar_ se sentó en el banquito donde estaba la toalla, con una mano se la extendió_ seguramente el agua se estará enfriando, salí que te espero con algo para que puedas ponerte y un caldo calentito y con mucho sabor._ hubiera muerto por abrazarla y jurarle que jamás una lágrima volvería a derramar.
Ella lo miró agradecida pero no lograba reunir el valor para abandonar el acuoso refugio, era la primera sensación de bienestar en mucho tiempo.
_ Vamos, vamos que te vas a congelar, necesitas moverte, yo te tengo la toalla, con los ojos cerrados y sin trampas_ con sus brazos gruesos y musculosos, propios de su oficio, extendió la suave tela y cuando sintió que la rozaba,  ciñó y frotó su cuerpo tembloroso.
_ Muy bien_ le decía en susurros_ ahora vas a mi habitación, una remera, jeans de cuando tenía catorce años, y un suéter de algodón, vamos antes de que pierdas el calor-.
Se dejó llevar, ninguna resistencia ofreció, miró con indiferencia las prendas que él le ofrecía, extrañada por tanta dulzura y protección.
Mientras se vestía lo escuchaba trabajar en la cocina, silbaba, parecía contento, aunque seguramente pensaba que ella era demente, querría que alguien se hiciera cargo, que alejara esta funesta  invasión.
Nunca se habían tomado molestias por ella, ni siquiera quién pensaba que la quería.
Este joven fuerte y atento sabría ser leal a su amada, si es que la tenía.
No debía soñar despierta, por ser así es que estaba tan herida, alguien tan amable, valeroso y dulce como él, jamás en una chica rara como ella se fijaría.
Pero sería lindo que la volviera a cobijar entre sus brazos, que no la viera como los demás la veían…ella siempre supo que a escondidas todos algo decían.
Creer quería en una posibilidad, de vivir una vida normal y tranquila.
Creer quería que eso para ella no era una utopía.
Creer quería, que por una vez, un príncipe de ella se enamoraría, sin frenos, ni a escondidas.
Pero el héroe que la había salvado ese día, le parecía demasiado, mirada limpia, confiado, cariñoso, y con una casita tan linda, con olor a hogar, a mesa servida, capaz de ofrecer un baño caliente, ropa limpia, y un plato de comida a ella, que no era más que una extraña, que era diferente, abandonada por casi todos, una desconocida.
Todo depende del cristal con que se mire, lo que para algunos es pobre y deslucido, para otro puede ser la octava maravilla.
A veces sentimos que no somos importantes, estéticamente lindos, socialmente aceptables, o simplemente creemos que estemos o no el mundo no va a hacer diferencia…generalmente eso pasa cuando nos medimos con varas ajenas, cuando la imagen de nosotros mismos está formada por retinas que no son las nuestras.
Tal vez es necesario, en esos casos tocar el fondo para poder impulsarnos muy fuerte hacia arriba, a la superficie, con determinación propia, y ¿por qué no? aceptando la mano firme de gente sincera, que creen todavía que la bondad y el amor son las mejores herramientas en esta vida.
                                                  Patricia, agosto de 2007

AMOR DE PRIMARIA

Amor de Primaria


¿Quién no recuerda al primer amor?
Y más todavía si fue compartido, disfrutado, soñado y padecido…¿por qué no? a la temprana edad de los diez años.
Fue hace muchos años atrás tantos que cuesta decirlo, hoy somos todos mayores con familias, hijos, trabajos y responsabilidades.
Y nos volvimos a ver.
Un poco de casualidad…y otro poco intencional.
No es mi historia personal, en este cuento un poco real no soy la protagonista, pero estuve allí, con ellos, cerca, testigo de…¿una fantasía para matizar la realidad?.
Nuestro colegio una vez al año hace una reunión para todas las promociones, desde las de nuestras abuelas hasta las más recientes, es decir las que cumplimos veinticinco años de egresados de la primaria.
Una de mis compañeras  me avisó y armamos un grupo con las de siempre, las que aparte  de ser ex alumnas somos amigas.
Por supuesto estaba el factor sorpresa…
Quienes se sumarían a la fiesta de nuestro aniversario escolar, sin nos reconoceríamos, que anécdotas se contarían, qué profesores encontraríamos, etc.
La noche era cálida y hermosa, clara. Como si fuese otrora, de los cuatro puntos cardinales se veían llegar apurados visitantes al que fuera nuestro segundo hogar, nuestra vieja y querida escuela nos recibía una vez más con sus grandes portones abiertos y  compañeros apoyados en los  macetones del frente.
Eran de otra división, del otro séptimo, en seguida armamos un grupo que congeniaba, fuimos a nuestra mesa y bajo la mirada atenta de las damas organizadoras nos sentamos, charlamos, molestamos, contamos chistes y también nos colamos al trasnoche.
Pero dentro de este marco tan general una vieja historia latía entre nosotros.
No habían vuelto a verse desde el sexto grado en que la poco considerada madre de él, sin previo aviso lo cambió de colegio terminándose así la relación en una época en que el Messenger, los celulares y el facebook no existían para acortar distancias.
Como eran de la otra división yo no conocía la historia original, pero al ver que ella se sonrojaba cada vez que él la miraba, o que cuando ella estaba en otra conversación él enviaba miradas furtivas…le pregunté a una de sus compañeras.
“Fueron novios en sexto grado” y era como volver a esas mañanas de tantos años atrás, con las trenzas doradas de ella y la simpatía morena de él, los papelitos con notitas que circulaban en los bancos, los mensajes enviados por los compañeros, la vergüenza de sentarse al lado o de llamarse por el nombre en una época en que todos nos decíamos por el apellido.
Los corazones dibujados con el nombre de ambos y  el LOVE  en el medio.
Dar un beso a las fotografías grupales donde estaba el amor secreto…no tan secreto y pensar  si con el tiempo se iban a casar.
Porque cuando éramos chiquitos todos soñábamos con casarnos cuando estábamos enamorados.
Ni qué hablar de verdad, consecuencia u opinión.
Por supuesto alguien del grupo recordó tan sonado romance y ellos pasaron a un tono bordó del cuello hacia arriba, risas incómodas y a minimizar la cuestión.
Pero desde afuera creo que ninguno de los dos olvidó esa época donde soñaban el uno con el otro, en que los fines de semanas eran eternos , los feriados molestaban y si otra le convidaba una mañón era suficiente para sentirse ofendida, ultrajada y engañada.
Seguramente ambos han tenido otros amores, encantos o desencantos también, pero no creo que ninguno haya sido tan dulce como el recuerdo de ese “ te querés arreglar conmigo” de más de un cuarto de siglo atrás.
La noche del encuentro terminó con alegría, risas y la promesa de reclutar uno cuantos más para el año siguiente.
Nos intercambiamos direcciones de mail, fotos, celulares y un beso que entre ellos tal vez se demoró un instante más.
Desde entonces cada año en octubre, nos reunimos y festejamos la llegada de un compañero que se suma a nuestro nuevo álbum de recuerdos.
Hoy  tienen sus propias familias, que los quieren, esperan, cansan, eligen una y otra vez, pero también saben que hay una fantasía, un amor que al no vivirse nunca en la realidad de los “grandes” sigue siendo ideal, perfecto, soñado… intrigante.
Qué hubiese pasado si el primer día de clases ella no hubiese encontrado ese banco vacío?
Y si él al crecer la hubiera buscado para darse una oportunidad?
Quî lo sâ.
Ignoro  si las paredes de nuestro querido colegio guardan algún secreto especial, un beso robado en un recreo, o el papelito de un alfajor compartido, un paseo por la galería tomados de la mano…
Los muros no hablan.
 Y ellos…
Jamás nos lo dirán.

Patricia Figura, octubre de 2009