jueves, 15 de diciembre de 2011

LOS INVITADOS.

LOS INVITADOS.

No acudieron en tropel.
Tampoco se fueron cruzando al llegar.
Casi todos habían aceptado la invitación, es cierto que fueron avisados con tiempo.
La casa quedaba en las afueras de la pequeña ciudad balnearia.
El viento tenía gusto salobre…aún a metros del mar, se tenía la sensación de estar pisando arena, de sentirla entre los dientes, en el cabello.
Era inmensa… algo incómoda, muy antigua…. Lejos sus antiguos esplendores.
La galería la rodeaba en su totalidad, desde el porche embaldosado de blanco y negro dispuesto en damero, hasta la parte de atrás, que era la salida de la espaciosa cocina, con sus muebles pintados de verde pálido,  con el típico orificio de hendijas en el centro y los recortes en sus bordes asemejando el contorno de un césped florido.
No tenía los artefactos modernos sino setentosos modelos que habían sido toda una novedad en su época, un armario completo estaba destinado a los implementos que conformaban la “Kenwood”, multiprocesadora, que picaba pulpa, rayaba el queso, el pan, hacìa helados, amasaba, mezclaba lo necesario para hornear las tortas de todas las festividades, etc.
El comedor con sus candelabros de alpaca, centro de mesa haciendo juego, el cristalero con sus miniaturas, recuerdos de tantas bodas y fiestas de bautismos y quince años.
Las sillas conservaban el tapizado original, un gobelino antiguo y deslucido, algo raído en algunos lugares, los sillones de pana eran amplios, cómodos, faltos de relleno los más usados, la mesita rodante, con el juego de cristal para whisky y los coñacs debajo.
Todo estaba limpio, las arañas con sus candelabros de bronce alumbraban poco…los lugares estaban dispuestos, con la vajilla que antes se usaban en las navidades y pascuas.
En el piso alto, cada uno ocupaba su antigua habitación, claro que ahora debían compartirla con sus propias familias, se agregaron algunos catres para los más chicos, algunos colchones fueron bajados del desván  y puestos por varios días al sol…otros más precavidos, aceptaron la invitación pero acudirían a la hora del copetín… hacía demasiado tiempo que la casa no bullía de actividad como para arriesgarse a más incomodidades de las necesarias.
La abuela era la única habitante permanente del que fuera el hogar de todos, una señora la acompañaba permanentemente, y una pareja joven se encargaba tres veces por semana de la limpieza y mantener el jardín que si bien no era grande ni ostentoso, tampoco se podía dejar que invadiera la vivienda con yuyos altos y malezas.
“La abuela los invita a compartir una cena todos juntos, sin que un solo nieto o bisnieto falte,  habrá música, recuerdos, anécdotas,  juegos y la maravillosa sensación de tenerlos a todos bajo mi techo una vez más….no me interesa tener un funeral al que nadie dejaría de acudir, los eximo de eso, a cambio pido disfrutarlos como si todos volviéramos a ser jóvenes o tan solo intentar serlo”
La curiosa invitación fue enviada por correo a todos y cada uno de sus cuatro hijos, tenía en total dos nueras, un yerno, cinco nietos y dos bisnietos.
El único que no aceptó fue su hijo mayor, el más conflictuado, chinchudo, fastidiado, pero curiosamente fue el primero en llegar, ella sin hacer comentarios, lo abrazó y besó en la frente como cuando era un nene, le ofreció unos mates en la cocina y le hizo un sándwich con el pollo del almuerzo, charlaron un rato, después como hacía siempre que iba, buscó su equipo y bajó a la playa, a luchar contra las olas hasta quedar agotado.
Más tarde llegaron el del medio con toda su familia y la más chica un par de horas después, cada uno comentó alguna cosa de los preparativos, de las fotos que se olvidaron, el tránsito que al ser feriado estaba insoportable y después se fueron retirando a sus habitaciones para acomodarse y armar las camitas a los más chicos.
Casi al final del día, llegó el segundo con su flamante esposa, la tercera en su haber, dos veces viudo aunque parezca increíble y todavía no llegaba a los cincuenta.
Iba a ser un buen grupo, un álbum familiar gigante, móvil, con páginas en blanco todavía para seguir agregando recuerdos para atesorar.
La abuela estaba impaciente y feliz como una adolescente, le parecía todo muy encantador, sabía que podían tomarlo como un capricho de vieja, y de hecho, se podía decir que lo era, pero desde un tiempo a esta parte había comenzado a fantasear con tenerlos a todos reunidos bajo su techo aunque más no fuera unas horas, que los chicos jueguen con sus primos, sacar las cartas y hacer una partida de canasta de esas que todos habían disfrutado y peleaban por ganar dejando a los otros con abanicos enteros en sus manos, la perinola (sin jugar grandes sumas, claro) las partidas de ajedrez con que la menor adoraba desafiar al mayor….el viejo combinado ya no andaba, pero uno de los nietos se había comprometido a solucionar el asunto, le iba a “¿bajar?” todos los temas que ella le pidiera.
También estaba la tradicional “escondida” donde todos participaban, esta vez, ella no podría ser partícipe, pero lo disfrutaría con su querida bisnieta en la falda y el chiquitín en el coche, mientras hasta los más reacios se prenderían en el juego como al desgano para terminar bajando a los saltos y patinadas la lustrosa, crujiente y vieja escalera de caoba.
Durante toda la semana, ella y su querida dama de compañía (le encantaba su título), batieron esponjosas tartas, prepararon jarras de crema, adobaron la carne, pelaron kilos de papas, limpiaron verduras como para un regimiento, y abastecieron la vieja Siam, de bebidas para todos los gustos y edades.
Se divirtieron como locas, desempolvaron los juegos de copa, de café, airearon los dormitorios, y la brisa marina los recibió a todos dando por sentado que llegaban al hogar.
Si bien se escucharon ya que por más que los viejos muros eran gruesos, tanta gente es imposible que pase desapercibida, no hicieron nada por verse antes de la reunión formal, estaban citados a las siete de la tarde para charlar un rato antes de la cena, ella, muy festiva y emperifollada como hacía tiempo que no lo estaba, fue la última en bajar.
De buen humor y ya roto el hielo con las bebidas y los saludos, todos la recibieron con un aplauso de reconocimiento por el trabajo para recibirlos, la conversación giró en torno a las anécdotas de la última vez que estuvieron juntos, había pasado mucho tiempo, siempre faltaba alguien, alguno tenía un compromiso impostergable, otro vivía demasiado lejos,  incordios, desganos… pero ahora todos estaban dados a los festejos, la comida estuvo exquisita y abundante, cada uno tuvo su postre preferido de la infancia, el nieto cumplió y de una “computadorita” la sumergió en los valses vieneses, tangos con corte y quebrada y también alguna que otra tarantela… claro, que después les tocó el turno a los más jóvenes y las décadas musicales se fueron sucediendo unas a otras como por arte de magia.
En la canasta los dejó a todos de a pie, una lata gigante con monedas participó de la perinola para deleite de los más chicos y los nietos sacaron fotos “testimoniales” de sus padres jugando a las escondidas, por alguna razón quedaban tan fuera de lugar, estaban tan ridículos corriendo desesperados y pisándose unos con otros que las risas retumbaban por toda la casa que crujía de alegría junto con ellos.
_Les agradezco mucho a todos que hayan hecho sus sacrificios por llegar y compartir esta noche inolvidable conmigo, mientras todavía puedo divertirme, disfrutarlo y darme cuenta de que estoy con ustedes_ todos asintieron, era entrada la madrugada y ella a regañadientes se retiraba a descansar_ Nunca creí demasiado en los velorios, con gente que en veinte años no se ha visto pero corre por llegar a ver al muerto que pobrecito no puede participar en nada_  rieron con ella y le aseguraron que todavía faltaba mucho para eso._ Igual, no importa demasiado, sabiendo que todos están en camino, y con sus vidas en marcha, que cuando se ven se disfrutan como cuando vivían bajo el mismo techo, para mí es suficiente…. Y después de todo, el viejito también me está esperando, pero como dicen uds… todavía falta…ahora los dejo, hagan todo el ruido que quieran, los viejos dormimos poco, capaz que cuando baje a desayunar me encuentro con algún rezagado para acompañarme con unos mates en la galería.
Estaba feliz…. Plena, satisfecha…. Se sentía otra vez joven y vital, con la casa rebosante de gente, música, gritos, charlas ruidosas, por la ventana vio que los nietos bajaban a la playa, con mantas y bebidas tal como lo hicieran sus padres de adolescentes…tal vez, se les hiciera costumbre y estas reuniones se dieran más seguido, que la casa de la abuela fuera un lugar para ir a pasar unos días con amigos… tal vez…todo volviera a comenzar una vez más, a ella nunca le gustó sentir el eco de sus pasos en un caserón vacio.
Dio el puntapié inicial, todos recogieron el guante…el factor sorpresa nunca se pierde...todo puede llegar a suceder.
Era un pensamiento feliz y se durmió con él.

Patricia Figura, diciembre de 2011.

4 comentarios:

  1. Precioso texto, Patricia. No por leerte tan seguido dejás de sorprenderme con la meticulosidad de los detalles. Besos

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    1. gracias Olguita.... me encanta encontrar tus comentarios.

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    1. gracias moninautaaaaaaaaa..... me encantarìa saber quièn sos.

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