domingo, 30 de junio de 2013

LA CARTA....

La Carta.

Estaba tomando un café de media mañana mientras corregía innumerables pruebas de cierre de trimestre cuando escuchó la voz del cartero.
Distraída mente pensó que hoy en día nadie escribía cartas, sobre todo cuando un mail hacía que el destinatario recibiera en segundos la noticia que por el correo tradicional llevaría cuanto menos una semana y otro tanto la respuesta.
Un susurro, la distrajo, un ruido suave de algo deslizándose sobre la madera, con las pantuflonas cómodas y calentitas caminó hacia el living por donde el sol entraba ampliamente y convertía a sus pisos en un baño de dulce de leche.
Un sobre.
¿Una carta?
Apoyó la taza regalo de sus hijos donde bajo una hermosa Sarah Kay rezaba la frase “Te Amo Mami”, sobre la mesita ratona y tomó el sobre…. Era para ella.
La letra familiar y querida de su amiga le dibujó una sonrisa gigante en el rostro.
¿Otra de sus locuras? ¿Qué significaba una carta de quien se comunicaba por chat varias veces por semana? .Tampoco vivían tan lejos aunque ambas y por diferentes motivos estaban siempre a las corridas prometiéndose unos mates compartidos.
Con cuidado de no romper el papel y agendando la idea mentalmente de llamarla para reír juntas de esta nueva manera de comunicarse, sacó la única hoja cuidadosamente doblada.
“Querida Amiga: Seguramente estarás extrañada de recibir esta carta.
                             Teniendo en cuenta que nos mantenemos muy en contacto por medios mucho más modernos que un papel escrito, sé que te va a asombrar, pero la verdad es que me nació hacerlo así…. Volcar sobre esta antigüedad (muy de nuestra época) sentimientos también añejos, me parece la forma más ¿adecuada?....no sé, pero acá estoy escribiéndote sin saber si te la voy a enviar.
                             Siento que te debo unas sinceras disculpas…. Viejas, de hace mucho.
                             Te parecerá loco, pero siempre me sentí en falta.
                             Nunca ocultaste lo que sentías por él (ya sabemos de sobra a quién me refiero), estabas enamorada, o al menos en ese entonces era el título que se le daba a ese estado, ahora los chicos lo definirían distinto y lo resolverían con más libertad.
                             Te brillaban los ojos, te ponías colorada, mirabas esa minúscula foto, que conseguimos juntas, por lo menos mil veces al día.
                             Soñabas con él dormida y también despierta.
                             ¿Lamentablemente? Jamás te correspondió más que como amigo.  
                             Salvando tu orgullo ante lo que sentías un dolor y un desaire, intentaste poner una máscara que no engañaba a nadie…. Al menos no a mí.
                            Cuando él me invitó a salir por primera vez solos y no junto a todo el grupo, tu imagen no se apartaba de mi mente, pero nos divertíamos tanto los dos, éramos tan parecidos en los gustos, charlábamos tanto, que la tentación pudo más.
                            Me negué a ver la tristeza detrás de tu sonrisa.
                            Si bien habían pasado unos años de tu pública ostentación sobre lo que sentías o creías sentir por él…. era como que en algún lugar de mi mente él “era tuyo”.
                     Pero no pude con lo que él me hacía sentir….sos testigo de que cuando realmente va por algo, lo hace en serio, a full y si bien fuiste generosa y ante mi mudo interrogatorio cuando te lo conté y quedé en silencio mirando tus ojos buenos, siempre me persiguió  ese nudo de estar basando mi felicidad en tu tristeza.
                     Puedo ver la sorpresa en tu hermoso rostro de amiga mientras lees esto, seguramente te preguntarás si estoy más loca de lo habitual o menopáusica, ninguna de las dos cosas…es una deuda, con vos, conmigo….te parecerá raro, pero fuera de las primeras salidas, nunca volví a hablar de esto con él.
                       Tal vez quiera zanjar el tema tal como lo hubiéramos hecho veinte años atrás, con nuestras famosas “cartitas”, incluso con nuestros códigos secretos ¿te acordàs?
                      Bueno, te parecerá tonto, pero me siento mejor, sabes que quiero mucho a tu familia, porque es tuya, tus hijos son un poco míos también y te sé una esposa feliz.
                      Finalmente todo resultó bien, no podría compartir mi vida con otra persona que no fuera él, mi amigo primero, mi novio después y mi marido desde hace más de quince años
                     Besos…. YO. “

Por supuesto que el café estaba helado….se recostó en el sillón y releyó la carta una vez más….de alguna manera ella también tenía un punto suspensivo sobre el tema.
Ella era su amiga del alma y no había podido compartir lo que esa unión le provocó en el primer momento, sabía que él nunca se hubiera fijado en ella, la quería mucho, pero como amiga, nada más, no tenía sentido encapricharse cuando evidentemente, lo otro era real.
Al no poder agotar el tema con ella tal como hacía con todas sus emociones, el único desahogo que se permitió fue llorar durante muchas noches, por orgullo, por ¿amor?, por celos, por bronca.
Pero emergió fuerte, nueva, sin resentimientos y con el tiempo pudo compartir todo con ellos.
Aceptaba íntimamente las disculpas, en algún recóndito lugar creía merecerlas.
Por fin se rió con ganas, como siempre le pasaba con todo lo que compartía con ella, volvió a la cocina, tomó el teléfono y apretó directamente el número que la comunicaba con su alocada compinche, cuando escuchó la voz tan querida, no pudo evitar la tentación de hacerle una pequeña broma… ¿una venganza tarida?...disfrazó el tono y le dijo “acabo de leer tu carta…. tenemos que hablar”



Patricia Figura, junio de 2013

miércoles, 19 de junio de 2013

OTRO VIAJE MÀS...

Otro viaje màs….

Lo vio preparar las valijas una vez más.
Estaba alegre, feliz, elegía cuidadosamente la ropa veraniega, cara, con estilo, donde predominaba el blanco que resaltaba su bronceado permanente y los colores intensos propios de las prendas de su hobby.
Una maleta chica sólo para el calzado, perfumes y efectos personales.
Su humor cambiaba invariablemente con los preliminares a estas “escapadas” con los chicos del grupo,  en la mejor etapa de la juventud, solventes, seguros.
En apariencia ella acompañaba, demasiado bien sabía que las facturas eran imposibles de pasar, terminaban en discusiones que no llevaban a ningún lugar salvo fisurar el equilibrio cuidadosamente logrado tras veinte años de convivencia.
Crecieron juntos, fue un continuo tómalo o déjalo, tuvo que aprender a dominar los celos ante un marido con naturaleza de líder que lograba una permanente atracción sobre el sexo opuesto.
Sonrisa pronta.
Ojos que podían ser tan dulces como helados ante el fastidio.,
Certeramente infiel.
Ella se volvió hábil en encapsular sentimientos molestos.
Excelente recompensa.
Los mejores magos de la eterna juventud a su disposición.
Caprichos que jamás hubiera soñado cuando todo comenzó y no eran más que estudiantes con muchos sueños.
Aprendió por el camino más difícil a ser involuntariamente la acompañante del centro de atención de fiestas y reuniones….entablaba cualquier conversación que la mantuviera ajena y al margen de las destinatarias de la simpatía de él…”una noche no dura más que eso”, sabía que aunque  alguna de las invitadas se sintiera especial en acaparar su interés, todo terminaba cuando él subía al coche con ella para volver al hogar.
Le preguntó por un traje en especial si había ido a buscarlo a la tintorería.
Fingiéndose ocupada en sus cuidadas uñas, le indicó que estaba en el guardarropas de invierno…¿para qué lo quería en un viaje al Caribe?.
No era afecta a leer.
Le gustaba bailar y pertenecía a un par de grupos.
También hacía muchísima gimnasia.
Tuvo que aceptar esa rutina a la fuerza, no quería parecer la madre de su marido que desafiaba las leyes del tiempo descaradamente.
Habían salido a almorzar con los chicos en un lugar que les gustaba a todos, charla informal sobre los estudios, proyectos, un par de permisos negociados, vuelta a casa para terminar de preparar todo y por supuesto hacer el amor antes de tomar el avión que lo llevara al aeropuerto internacional donde se encontraría con sus amigos.
No eran muchos días.
Los suficientes para provocarle el conocido nudo en el estómago.
Hacía años que no se sentía insegura con respecto a su futuro con él.
Sabía que ni soñando dejaría su familia ni todo lo que habían creado junto a lo largo de dos décadas.
Daban buena imagen, eran los invitados esperados en las reuniones informales, ella a reflejo del brillo que emanaba su compañero.
Tuvo que aprender a ser sociable, a incluirse, ya casi no peleaban por su ostracismo y el rictus celoso, con el tiempo algunas cosas quedaban bajo control.
Pero adentro de su alma era otra cosa.
No había una vida paralela en su atractivo marido.
Pero nada quitaba que a miles de kilómetros de distancia, con un cielo plagado de estrellas y el sonido del mar, los besos y las caricias calientes fueran para una ignota afortunada, que tal vez por unas horas  se diera el gusto de tenerle lástima.
Sacudió los pensamientos de su cabeza, no tenía sentido separarse peleados, a la vuelta todo seguiría su curso y habría otro exclusivo perfume francés en su placard.
Murmurò algo sobre una llamada que tenía que hacer a una amiga para encontrarse a cenar en el shoping al que era habitué luego de acercarlo al aeropuerto.
Los chicos tenían permiso para invitar a un par de amigos a ver películas en el gigantesco plasma.
No quería aceptar esas caricias que eran como tachar los pendientes de la lista que cuidadosamente iba mermando a medida que las valijas se iban completando.
“Dejar satisfecha a mi mujer antes de irme”….¿una descarga sexual la iba a calmar? ¿Iba a dejar de lado los molestos pensamientos que la acicateaban hasta que enumeraba las ventajas de su vida en común?.
Lo tenía.
Al menos de la manera en que alguien se podía poseer.
No tenía sentido dar más vueltas, amanecía con ella la mayoría de sus días.
Vacacionaban juntos.
Era “la señora”.
¿Podía pedir más?.
Bajó rápido por la escalera de madera crujiente, no quería escuchar su propia respuesta.
Una semana después haría el mismo recorrido para ir a recibirlo en su llegada feliz y triunfal, divertido, más bronceado aún y haciendo buena letra en todos los caprichos que ella tuviera a bien pedirle.
Es más, ya tenía una idea, esta vez le iba a salir un poco más caro que lo habitual… pero en definitiva, era solo dinero, y eso, era lo que él mejor sabía hacer.


Patricia Figura, junio de 2013

jueves, 13 de junio de 2013

feliz dìa del escritor.

A todos aquellos que llegan al alma de una o varias personas a través de la palabra escrita, ya sea en forma de poesía, prosa, relato....a todo aquel que vence la realidad desde la fantasía, que puede sublimar un dolor en belleza... a todos absolutamente los que lleven "vena" de escritor màs allà de un reconocimiento pùblico o no, les hago llegar mis felicitaciones en este su dìa.... y mì dìa tambièn.

viernes, 31 de mayo de 2013

LA FOTO

La Foto.

La miraba una y otra vez.
Le sonreía desde la pantalla.
Los ojos tan particulares, jamás había visto otros iguales.
O así se lo parecía a ella.
Pero ahora habían cambiado su expresión.
No es que no fueran diáfanos.
No es que no fueran risueños.
Pero algo había.
Un límite.
Algo que impedía al otro preguntar demasiado, acercarse, confundir las fronteras.
La pelota estaba de su lado.
Sabía que con solo dar una mínima señal podía iniciar una  ¿relación?...no, no exactamente eso…o sí, depende como se mire.
Al lado abrazándolo de manera ligera, sin necesidad de demostrar posesión, estaba su esposa…no mostraba resignación su sonrisa, al contrario, alegría, diversión, él sí parecía posesivo en el gesto.
¿O era idea suya?.
¿Por qué subía esa foto justo cuando habían tenido esa conversación?
¿Por qué cuando apartándose un rato del grupo le dejó bien en claro que le encantaría tener algo más con ella, algo privado, solo de ellos….un refugio, un secreto….un bunker de a dos?
“Para que no haya reclamos” le dijo su molesta voz interior.
“Para que sepas desde el principio como son las cosas”
“Para que cuando tomes la decisión de compartir lo que tengan para darse sepas que es solo eso”.
Sexo.
Sexo y catarsis.
Sexo y charla.
Tal vez alguna comida compartida.
Algo no encajaba.
Se los veía espléndidos.
No tenía dudas de que quería estar con él.
No solo le gustaba muchísimo sino que se divertía con sus comentarios y ocurrencias…. Pero ella estaba sola, no tenía familia propia, sus hijos eran grandes, tenían sus vidas muy al margen de la de ella…su ex marido era un ente.
No es lo mismo estar sola que sentirse sola teniendo a alguien.
¿Qué iba a pasar cuando lo necesitara y él estuviera de vacaciones con su mujer?
¿Iba a aceptar fines de semana soleados, espléndidos para recorrer rutas perdidas juntos y hacer el amor donde el rumbo los lleve….y saber que eso era imposible?
¿Por qué tuvo que subir esa foto donde se los veía tan bien juntos???
“Para que aceptes el combo y no haya facturas”.
Frustrada comenzó a escribirle un comentario “hermosa pareja, se los ve bárbaros”….
Lo borró con bronca.
“Qué bien se los ve…están iguales “.
Lo borró… ¿iguales a qué?.
Estaba inquieta.
No se quería quedar con las ganas nuevamente.
Tuvo su oportunidad años atrás.
Pero en ese entonces ella no se planteaba estar a la sombra de nadie, ni por celos, ni por dignidad.
Ahora pareciera que ambas cosas estaban dominadas.
O casi.
No estaban etiquetados…. La subió él ex profeso.
Tenía ganas de tirar el visor por la ventana.
La voz la mataba….su voz, su manera de mirarla, el deseo por ella que no se molestaba en disimular.
¿Su mujer sabía que nunca había sido la única?.
Era la única.
La que contaba, la que en definitiva lo tenía desde hacía más de quince años durmiendo a su lado, viajando, compartiendo, disfrutando sus hijos, su familia.
Tal vez él se había arrepentido de su ¿invitación?.
La foto  a lo mejor era la sutileza para que él no fuera de ella.
Fue hasta la heladera, miró como si por arte de magia al abrirla pudiera aparecer algo distinto a lo que había hacía media hora.
Lavó una manzana verde y la mordisqueó.
Él la seguía mirando sonriente, pícaro…abrazando a su mujer.
“Esto es lo que hay”.
¿Por qué ella que no tenía compromisos ni ataduras iba a conformarse con eso?
Ella necesitaba un par, un compañero, alguien que vaya al cine, salga a cenar con otras parejas, a bailar, a caminar, dormir juntos, encontrarse a la madrugada a hacer el amor.
“Él ya tenía todo eso”.
¿Entonces? ¿Para qué la quería a ella?.
Porque le gustaba mucho, eso era indudable, porque si se empeñaba podía tenerla, para matizar, para no aburrirse, para seguir sosteniendo un matrimonio largo, para……
¿Qué obtenía ella?
Ratos de placer…. A merced de cuando el otro lo decidiera.
No iba con su carácter…. Pero tampoco estaba dispuesta a un no….sus ganas de estar con él ya se habían vuelto casi inmanejables.
Apagó con bronca la compu.
¿Estaría pensando en ella? ¿ Tendría otras amantes? .
Fue a darse un largo baño… a relajarse…por el momento dejaba la puerta abierta…sabía que de haber un herido iba a ser ella.
Aunque supiera de antemano cómo eran las cosas.
Tómalo o déjalo.


Patricia Figura, mayo de 2013

lunes, 20 de mayo de 2013

LA SEGUNDA ESPOSA....


La Segunda Esposa.

No se sentía muy bien.
Le dolía mucho la nuca, el cuerpo en general, detrás de los ojos….
Hacer la cena le llevó un esfuerzo titánico.
No le gustaba dejar los platos para el otro día, así que apenas terminaron de comer y los chicos subieron a sus habitaciones para hablar por teléfono, jugar a la play o repasar para el día siguiente antes de dormir, quedó sola en la cocina… ¿su cocina?... ordenó y dejó la mesada impecable, guardó lo que había quedado de la tarta de zapallitos, un par de choclos en mantecados y dos milanesas.
Su marido estaba fuera de la ciudad esa noche por cuestiones laborales.
Volvería al atardecer del otro día.
Miró a través de la ventana que estaba sobre la  bacha, se veía la vereda de enfrente de esa calle tranquila…iba a extrañar todo eso…una parte suya nunca volvería a ser la misma.
Se preparó un té de manzanilla para llevar a su habitación, revisó puertas y ventanas, dejó la luz de la escalera encendida por si alguno de los chicos bajaba durante la madrugada… había finalmente aprendido las costumbres.
Un año después, una parte de ella se había transformado en otra persona… el fantasma siempre presente de una mamá perfecta, una primer esposa ideal, una vecina querida por todos….era demasiado el lugar que intentó ocupar… le quedaba grande.
Jamás había renunciado en su vida a nada.
Las clases de danza para las que no tenía una elasticidad natural, le habían costado el triple que a la mayoría de sus compañeras…. Siguió firme y terminó airosa, el profesorado que estudió mientras trabajaba, le costó noches sin dormir para llevar la carrera al día, pero se recibió y consiguió un trabajo mejor.
Logró comprar su propio departamento y su coche, nada de lujo, pero suyo.
Nada la desanimaba, buen humor natural, compañera, divertida, franca…amiga de sus amigos, siempre presente en la vida de su familia.
Pero se había metido en camisa de once varas.
Por amor.
Absolutamente por amor.
Dos años atrás, cuando cambió su viejo primer coche por uno más nuevo, conoció al dueño de la agencia mientras tramitaba los miles de papeles que le pedían, indignada ante tanta burocracia le preguntó si no necesitaban el buco dental también… para su sorpresa, él esbozó una sonrisa de caramelo…y una tristeza increíble en sus ojos dulces.
Formulario va y formulario viene, él descubrió que era en los únicos momentos en que sonreía, en que su pena se encapsulaba… ella no hablaba de otra cosa que no fuera de él con sus amigas.
La invitó a cenar, charlaron de todo y de todos, resultaron tener varios conocidos en común.
Le preguntó ya más relajados y disfrutando un buen vino de sobremesa con postre incluido, porqué parecía siempre tan triste.
“Es mi estado habitual” “Si no fuera por los chicos… creo que no hubiera vuelto a salir de casa en mucho tiempo”.
Había enviudado hacía no mucho tiempo.
Buena esposa, familia feliz, crecieron juntos, participaban de todo lo de sus hijos… estaba perdido, a la deriva y los chicos en el mismo barco que él.
No encontraba explicación… daba vueltas como zombi… se olvidaba del millón  de cosas que su esposa hacía con naturalidad…que aparecían como magia… las reuniones escolares, de futboll, de patín, las piyamadas, las firmas de último momento autorizando excursiones, los regalos para los cumpleaños eran una tortura aparte, elegidos a los apurones y la mayoría de las veces inadecuados.
“Se vino el mundo abajo” “¿Por qué una mujer muy joven, buena persona, excelente madre muere un día sin previo aviso dejando una familia sin timón?”.
Un accidente.
Los chicos ayudaban mucho.
Pero estaban desolados.
Las abuelas no demasiado cerca ni lo suficientemente activas como para suplir nada.
Ella escuchó.
Lo invitó a tomar un café en su departamento.
No pudo evitar tomarlo entre sus brazos como había fantaseado desde que lo conoció.
Le dolía el cuerpo de esperar ese momento…sentía una necesidad física de sentirlo plenamente, de tocarlo y disfrutarlo… le costaba creer que por fin ese momento podía llegar.
“No se si puedo” dijo él…últimamente los únicos momentos buenos eran los que pasaba con ella… no la apartaba de sus pensamientos.
Pasaron horas descubriéndose, gozándose…. Era mil veces mejor a lo que había imaginado… él se prendió a su belleza, alegría y juventud como si fuera a una balsa.
En los meses siguientes hicieron malabares entre los trabajos, las obligaciones de él dentro y fuera de la ciudad y los chicos, para verse.
Se la presentó a sus hijos.
El olfato infantil a full.
Una fría cortesía que la lastimó más hondo que cualquier otra cosa en toda su vida.
“Dales tiempo… extrañan horrores a su mamá…aún sienten su perfume en un par de prendas que atesoran, siguen fielmente lo que ella les enseño, jamás se acuestan sin bañarse aunque la hayan hecho renegar mil veces por el mismo motivo, salen con camperas aunque antes desataran guerras por no querer abrigarse, lloran en silencio…en cada rincón de la casa está ella, los cuadros, los adornos, los escritoritos de sus habitaciones, la ropa…. todo lo eligió ella.”
Antes del año le pidió que se casaran… ella absolutamente enamorada y optimista aceptó… eran niños, necesitaban amor, y ciertamente jamás dudó del amor de él y su incansable manera de demostrárselo con miles de atenciones y sobre todo en la cama.
Con entusiasmo, empeño y la mejor disposición se mudó a la casa de la primera esposa.
Pese a que jamás había tenido hijos propios, enseguida intentó estar en todos lados a la vez como si fuese realmente la mamá de los chicos…ellos meneaban la cabeza ante sus torpezas, inexperiencias y pequeños logros.
“Mamá mezclaba bien la leche con chocolate en una taza y después le agregaba el resto así no se hacían  grumos”.
“Mamá no me dejaba ir a la escuela con estos globos en la cabeza”.
“Mamá no me dejaba leer hasta tarde, después cuesta levantarse”.
“Mamá sacaba la carne del freezer antes de salir a trabajar, así no teníamos que comer siempre arroz con salchichas”.
“Mamá no se olvidaba de los turnos”.
Mamá era cada día más perfecta y ella aún descuidando su propio empleo, su tiempo de charlas con amigas que era sagrado, sus sábados de remolonear hasta tarde, no lograba llegarle a los talones.
Así durante un año.
No quería mezclar a su marido en el tema con los chicos.
Pero ella ya no aguantaba más.
Necesitaba un tiempo sola,  alejada, donde no se sintiera que hacía todo mal en esta familia heredada a un fantasma perfecto.
Subió a su cuarto con la taza de té.
Pasó por el cuarto de los chicos.
Dormían. Los amaba. Los entendía. Pero no daba más.
La lealtad que creían deberle a su madre les impedía demostrar el más mínimo afecto hacia ella.
Luego de recibir la llamada de su esposo, amoroso, compañero, único….se durmió pensando en cómo decirle su decisión y mostrarse firme para no desistir… se estaba enfermando…por momentos no sabía bien quién era en realidad.
Tuvo pesadillas, sueño afiebrado… la cama era un revoltijo y sintió que alguien le taladraba la cabeza.
Se incorporó con dolor…. Eran golpecitos suaves en su puerta.
“Qué te pasa?...no te levantaste y es muy tarde” ¿podía ser cierto que había preocupación en la voz infantil?.
“Tenès la cara hinchada…¿estuviste llorando? ¿lo extrañas a papá?.
“Me siento mal… debo estar con gripe o algo así.”
“ Te vas a morir?”…¿una nota de miedo?
“Por supuesto que no me voy a morir.”
“Nosotros sabemos hacer un té… si querès te lo subimos en una bandeja”…¿era real o estaba soñando?. “Y también sabemos donde están los remedios… si querès te traemos la caja y buscàs algo para el dolor”.
Timidamente se fueron acercando a la gran cama… eran tan chiquitos…parecían tan indefensos en esos piyamas demasiado grandes que ella les había comprado.
Los vio desdibujados por las lágrimas…¿estaría soñando?.
El primer gesto de afecto, de preocupación en tanto tiempo.
“Papá dijo que siempre vamos a amar a nuestra mamá… y que ella está orgullosa de nosotros… y que está contenta porque vos nos cuidas a todos cuando ella ya no pudo estar más”.
“¿Cuándo les dijo eso?” “Siempre… lo dice siempre…”.
Extendió sus brazos, la cabeza le dolía horrores y los ojos inundados de lágrimas que no había vertido en tanto tiempo, parecían se dos tajos en su rostro.
Ellos se acercaron muy lento y se dejaron abrazar… era algo.
Era mucho.
“Voy a prepararme el té…no quiero que se quemen… después me voy a dar una ducha, y si quieren podemos ver unas pelis todos en la cama, comer arriba y esperarlo a papá”
Asintieron, pero no se separaron de su cuerpo tibio… les acarició el cabello sedoso como había querido hacer tantas veces… los besó despacio.
“Lo único que hay que darle al tiempo… es tiempo…una escaramuza no es la guerra… pero una batalla ganada, es un buen comienzo”… se sintió optimista…todo terminaría saliendo bien.


Patricia Figura, mayo de 2013

Hace muchos años atrás, leí un libro que quedó atesorado en mi mente, se llamaba “La segunda mujer”… hoy tuve este tema dándome vueltas y este es el resultado.

viernes, 17 de mayo de 2013

SUBE Y BAJA....


SUBE Y BAJA…
Daba vueltas por la casa mientras distraídamente ordenaba una que otra cosa fuera de lugar.
Algo que no lograba hacer con sus pensamientos, hilarlos, seguir un ritual, acomodarlos.
Todo lo que hacían los demás le parecía más fructífero, válido, justificado.
Todo lo remunerado económicamente entraba en la escala de valores general.
Dar amor, tiempo y paciencia carecía del derecho a jubilación.
Para la mirada externa era entretenerse, matar el tiempo, pavear.
Para ella era su vida, su mundo imperfecto pero amado.
Y si hoy es el último día?
Cómo quiero pasar el último día de mi vida?
Salió al jardincito a juntar las hojas esparcidas por las brisas otoñales.
Vio que la pareja de enfrente salía a trabajar, la carnicería todavía no había abierto, el mercadito recibía las medialunas calentitas.
Sus hijos en el colegio.
Su esposo trabajando.
Ella rehén de sus propios planteos.
¿Todo el mundo pensará tanto?
¿O se limitan a barajar el día?
¿Hacen un análisis de lo que necesitan?
¿O siguen el curso que vienen determinando desde años?
Embolsó las hojas junto con algunas flores secas.
La chica que la ayudaba con la limpieza hizo caer algo en la habitación del fondo.
“Espero que esta vez no sea caro lo que rompió”.
Entró y se preparó un café, se sacó el pijama y se puso ropa deportiva, cómoda.
Se miró al espejo.
Tenía sus días, hoy no se veía bien.
Le parecía que tenía los ojos hinchados, la raíz del cabello se le iba para cualquier lado…¿qué veía su marido?
¿Qué era lo que lo excitaba tanto en ella?
¿Qué veía cuando le brillaban los ojos y la abrazaba?
Ya no era como antes…no se sentía como antes.
Nunca le pesó la edad, tampoco nunca la aparentó, de constitución menuda, rasgos clásicos, mirada dulce, tonificada….¿sería el cambio de década tan próximo?
Joven pero también fuera del juego para muchas otras cosas.
Miró el café y decidió que no tenía ganas de tomarlo.
Escuchó la aspiradora en la planta alta, parecía forzada, como trabajando en vacio.
“Voy a salir a caminar”.
Se sentía deambulante en su propia casa, inquieta, molesta.
Sabía que después llegaría la hora de la comida, las corridas, los horarios de los más chicos, los mandados, las clases de yoga y pintura….volvería a su centro, a su eje.
Estaría otra vez arriba.
Pisando fuerte, charlando divertida con sus compañeras de clase, proponiendo salidas de chicas, cambiando datos de negocios, nutricionistas, películas, maestras particulares, etc.
Había que subir.
En este momento estaba abajo, tal vez el cielo gris, cargado, el viento húmedo, caliente.
Se sacó las pantuflas, las guardó en el mueblecito de los zapatos, buscó sus zapatillas preferidas.
Le avisó a la mucama que volvía enseguida.
Comenzó a buen ritmo, el carnicero levantaba la ventana y la saludó con un guiño, siempre tenía un piropo para ella, la vecina nueva  estacionó de cualquier manera y voló literalmente hacia su casa, las viejitas del barrio con sus changos un poco más modernos, seguramente regalo de los hijos, se saludaban y cambiaban un par de palabras, cuando pasó por la mercería se acordó que no tenía medias oscuras para la cena del fin de semana que organizó el jefe de su esposo.
Estaba en marcha.
Subiendo.
Con suerte al final del día, se reencontraría con toda su familia con las pilas puestas y la sonrisa que acostumbraban a ver en su rostro.

Patricia Figura, mayo de 2013