lunes, 6 de febrero de 2012

LAS COPAS DE LA BISABUELA....

LAS COPAS DE LA BISABUELA.

De delicado y largo pie blanco, con esmerilado cristal verde, semejante a una flor de campanilla.
Las vi toda mi vida.
Estaban en el modular de mi abuela, no en el bargueño, con sus cristales transparentes, sino detrás de fuertes puertas opacas, como para protegerlas.
Sin dudas tienen más de cien años.
Hoy están en mí mueble, junto a otras, que ellas conocen de toda la vida, las de cristal, y las “especiales”… las que mis abuelos brindaron en sus bodas de plata siendo yo apenas un bebé.
Hay objetos que están para siempre ligados a nuestra infancia, no por ello, nos pertenecen, nos dibujan una sonrisa en el recuerdo, o acompañan los consabidos “¿te acordàs? nostálgicos entre parientes y amigos.
Jamás quise traerme nada de lo de mis abuelos, si ellos ya no estaban… los adornos no tenían el mismo brillo, así que durante años no tuve prácticamente ningún recuerdo de mi infancia en su hogar.
Elección  mía y de nadie más.
Mi abuela millones de veces intentó darme pequeñas cosas muy significativas en vida, y a mí me parecía un horror…. Todo tenía su lugar… las cosas estaban donde debían estar… unido a mi total desapego por los adornos y enceres domésticos… nunca acepté nada, es más en cada mudanza mía regalaba muchísimas de mis cosas, el acumular por si alguna vez lo que uso se rompe me pareció siempre un despropósito.
Lo mismo pasó cuando fallecieron mis abuelos maternos, lo único que me interesaban eran los libros, eso sí, mi debilidad, y había millones….que se fueron flotando cuando el río visitó mi casa….ni uno de ellos me quedó, al igual que el piano, siempre digo que quedó igualito que el de la película “Titanic”.
Pero se ve que me estoy poniendo grande.
Doy otra dimensión a las cosas, y no en su valor material.
Cuando estas navidades pasé a dar un beso a mi papá y emocionado se acercó con las copas del aniversario de los abuelos ( con ocho meses ahí probé mi primer champagne), también me emocioné…y nos abrazamos, y fue lindo.
“El 31 buscà las de la bisabuela, las verdes, ya es hora de que te las lleves de una vez”.
Era cierto que cada vez que me las ofrecía, sabiendo que mi abuela me las había regalado, yo ponía excusas para llevarlas, sabía que de donde estaban y donde habían estado los últimos cuarenta años, no se iban a mover…. Pero finalmente las acepté, porque  entendí que mientras él me las ofreciera con alegría y yo pudiera tomarla de sus manos sanas y enteras…me iba a sentir mejor, en paz, no era una vulgar repartija de objetos imposibles de valuar.
Hay muchas cosas que adornaron mi infancia, tanto con unos abuelos como con los otros….pero nada comparado con esa tranquilidad que encontraba en ellos, como un día gris se transformaba en toda una aventura con el simple hecho de jugar a las cartas o esperar que la manteca se derrita en las tostadas.
Hoy tengo mis propios “adornitos” preferidos, son pocos, no soy cachivachera, pero amo las mamuschkas, me las regalaron y regalé también, los pisapapeles, esos que agitàs y los papelitos vuelan como copos de nieves, en poco tiempo, he logrado “reunir” algunos y esta semana, voy a tener uno más, prometido por una amiga.
Y los portarretratos, que espero aumentar cuando logre aumentar el espacio para los libros, que otra vez son muchos gracias a Dios, porque en mi familia todos disfrutamos de leer.
Y mis hijas, mis sobrinos, o los hijos de mis amigas… también se sienten tentados de tocarlos, jugar con esos adornos… pero no, no se tocan, están para deleite diario, al igual que cuando abro mil veces al día el mueble de la cocina y veo las copas verdes de Maria Teresa….mi bisabuela.


Patricia Figura, febrero de 2012

6 comentarios:

  1. Hermosa nostalgia de un pasado feliz. Esos objetos inanimados se convierten en símbolos.

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    1. ya lo creo! sìmbolos y refugios de momentos felices.

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  2. De mis abuelos es poco lo que queda, nada demasiado significativo, un Cristo y uno retratos, prefiero también recordar los momentos que aún se asoman de vez en cuando a mi mente, incluyendo el vals que bailó mi abuelo conmigo la noche de mi casamiento o el mismo recitado que les contó a mis hijos cuando fuimos para su cumple de "100" añitos! el mismo que me recitaba a mí de pequeña...

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    1. Hay momentos en que los recuerdos consuelan, en otros provocan una puntada de dolor.... es la impotencia por lo que ya no va a ser.

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  3. Todos tus cuentos atrapan , pero este atrapa por su gran dulzura , recuerdos bellos que esta vez vienen a través de unas copas de cristal...recuerdos que nos retrotraen a un pasado lleno de felicidad...
    ...son muchas las veces que leo cartas de mi madre ,que tengo cuidadosamente guardadas , escritas hace años , y al releerlas no puedo evitar una sonrisa y cierta tristeza , acaricio las letras , intentando llegar a mi madre de alguna manera ...
    Tocaste con este cuento una parte mia muy importante , me conmovió profundamente .gracias !
    Lamento la pérdida de tu querido piano y libros , debe haber sido terrible no poder hacer nada ...hay tesoros que son irreemplazables ...como una copa de cristal :)
    Beso !

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  4. gracias Ani por tus siempre generosas reflexiones. besotes.

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