TODO PUEDE SER…
Seguramente la mayoría de las personas que la
conocen, creen que su vida “ya está
escrita”, que va a ser siempre así, con una rutina marcada casi por inercia.
Rutina asestada continuamente por imprevistos
familiares e infantiles….pero no por eso menos monótona.
La
casa les iba quedando chica, aún cuando faltaban años para terminar de pagarla, dos dormitorios y otro que nunca se terminó,
utilizado para “cachivaches”, cocina diminuta en el espacio de lo que sería un pasillo,
comedor atestado de juguetes, útiles, libros escolares, restos de cartulinas y
goma eva (que pueden servir para algo), computadora, televisor, equipo de música,
DVD, mesa larga que ocupa el resto de la estancia con seis sillas de las cuales
sólo cuatro pueden ser usadas por personas de peso relativamente normal¿?...las otras son para
los más chicos o para los que les guste
la aventura.
Si se entiende por aventura sentarse y no saber en qué
momento quedan totalmente descoladas y
el piso de cerámicos económicos puede cumplir las veces de un poco
mullido asiento.
Salir
a trabajar antes de las siete de la mañana, repartiendo los niños en el
colegio, marido en el trabajo y por último rezar para encontrar estacionamiento
que no sea medido, es su comienzo de un día relativamente bueno, cuando se complica puede ser por motivos varios,
fiebre, dolor de muelas, garganta, estómago de alguno de los infantes que no
entienden que NO ESTÀ CALCULADO NI EN EL RELOJ NI EN EL
PRESUPUESTO FAMILIAR QUE SE ENFERMEN.
Claro que las ruedas pueden amanecer en llanta por algún
desconsiderado clavo que se haya atravesado en su trayecto el día anterior, o
que misteriosamente la batería cumpla su ciclo a esa hora inoportuna cuando están
todos con mochilas, bolsos, materiales de tecnología y bolsos de natación escolar
a hora tan temprana.
Disfrutaba mucho de su trabajo, realmente le
encantaba, lo vivía desde el corazón, era también un poco su lugar de descanso,
siempre había un recreo para conversar con sus compañeros, organizar
cumpleaños, despedidas, bienvenidas, vísperas de feriados y cuanta excusa
pudieran inventar para sacudirse un poco la desidia de encima.
Pero lo que sería una gran sorpresa para todos los
que la conocen, es que en ese trabajo había también un “incentivo laboral”.
Si, tal cual….una ¿motivación?. Lo cierto es que más
allá de que era “su” secreto, lo disfrutaba, lo guardaba celosamente, y le servía para regodearse con la imaginación
durante las tediosas horas en que el cielorraso parecía a punto de caérsele encima
en las noches de insomnio.
No sabía si el destinatario de sus más atrevidas fantasías
sospechaba de la incipiente pero vertiginosa amistad que estaba naciendo entre
ellos.
La
sonrisa de él cada vez que conversaban le iluminaba el resto del día, se había hecho como un mini ritual de saludo e
intercambio de bromas, siempre estaba la expectativa de que algo pudiera
ocurrir y él faltase, o que ella no lo cruzara….y el nudo en el estómago cuando
en un instante aparecía en su campo
visual….hacía que todo valiera la pena.
Mientras hacía las compras, bañaba al menor, ayudaba
en los exámenes a los mayores, se aburría a solas con su marido, aguantaba las
quejas de su suegra, ayudaba a su madre….volaba, se iba, imaginaba los diálogos
que tendría con su compañero, las conversaciones que sacaría como al descuido,
evaluaba las posibles salidas ingeniosas de él… porque era muuuuuuuuuuy
ingenioso según ella.
Con eso se conformaba.
No
se planteaba dejar a su familia.
Ni separarse de su marido que era tan bueno como
anodino.
Ni que hablar si tuvieran que dividir las economías….
de los dos no harían uno, tenían las dos tarjetas de crédito a punto de
estallar, la del súper con margen cero,
los sueldos eran buenos, pero ellos eran mejores para antojarse con cuanto
bicho electrónico existiera así que no había manera de tener un saldo positivo
en cuanto a los números.
Tampoco se imaginaba siéndole infiel.
Estaba cómoda con lo que tenía….hasta cosa de un mes
atrás.
Todo puede ser…y los giros de 180º existen no solo en las geometrías.
Él la agregó a whatsapp, y ella agrandaba y achicaba
su foto de perfil doscientas veces al día, ahí se enteró de que su malsana relación matrimonial había llegado a su fin,
por fin había cortado amarras y comenzaba a estar en paz, a disfrutar de un
poco de sosiego, charlas, amigos, una comida entre semana sin importarle si tenía
que sentarse a cenar a media noche, ella
leía con avidez sus comentarios, no sabía que él estaba mal en su matrimonio,
las pocas veces que lo había visto con ella, no demostraban nada, ni amor, ni
desamor, ni alegría, ni euforia….NADA.
Tácitamente, cuando se encontraban en el ambiente de
trabajo, no mencionaban sus charlas on line, ignoraba si él lo hablaba con sus
amigos, ella era celosa de esa relación,
ni siquiera lo comentaba con sus dos mejores amigas.
Hasta que un día….como suele pasar en las novelas
que son menos creativas que la propia
realidad, se encontraron en la salida y los dientes blancos y parejos de él le
hicieron brillar los oscuros e inteligentes ojos de ella.
Pareció lo más natural del mundo saludarse con un
abrazo espontaneo y un cálido beso en la mejilla.
Compartir un helado de chocolate y vainilla en la
fresca confitería de la esquina, reírse mucho…muchísimo, mandar un mensaje que
se quedaba hasta más tarde a sus hijos, agregarse en el face “después de todo
somos compañeros de trabajo y podríamos armar un grupo cerrado”, mirar la hora y que las últimas tres hayan
pasado como diez minutos. .. Todo era más
que natural, nada planificado, fue surgiendo y ella amó esas horas, se sentía OTRA
VEZ ELLA MISMA.
Ya no era la malabarista que cuando terminaba
agotada la esperaba otra jornada igual…era
una mujer que se sentía fantástica conversando con un hombre que le resultaba interesantísimo.
Le costó poner fin al encuentro, sabía que algo tan
espontaneo, fresco, divertido y con sabor a “primera vez” no iba a volver a
darse de casualidad.
La esperaba toda una madrugada de dulce desvelo.
Seguramente al otro día comenzaría a “arengar la
tropa” casi al alba, en su ansiedad por no llegar tarde.
Estaba
exultantemente feliz.
Cargó combustible, compró helado para su familia, llevó
muchísimas papas fritas para los chicos, una cerveza helada para acompañar la
picada, pondría la mesa chica en el patio, escucharía los grillos en sus duetos
con las chicharras que anunciarían más calor para el otro día.
No
importaba…se sentía muy contenta.
¿Como continuaría todo?….no tenía ni la menor idea.
Todo puede ser…todo puede pasar.
Patricia Figura, enero de 2016
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